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El Río Duratón (2). El venerable San Frutos, patrón de Segovia.

El Río Duratón (2). El venerable San Frutos, patrón de Segovia.

Entrada anterior: 1 Parque Natural de las Hoces del Río Duratón.

 

 ‘…castillos naturales, de roca descompuesta…’, hoces del río Duratón, Segovia.

‘…castillos naturales, de roca descompuesta…’, hoces del río Duratón, Segovia.

Nos adentramos en los paisajes que Juan de Contreras, marqués de Lozoya, describía como […] castillos naturales, de roca descompuesta y dorada por los siglos, corroída por cavernas en que anidan los buitres; y, en el fondo, el vallejo del arroyo, flanqueado de chopos esbeltísimos que se ahílan buscando la parva luz del sol, que sólo les llega en el centro del día. Se comprende que los anacoretas que proliferaban en España en el siglo X, el del ‘Terror Milenario’, prefiriesen estos valles sombríos para mediar, en sus monasterios rupestres, sobre el misterio del Apocalipsis […].

Cenobitas como el venerable Frutos quien eligió estos parajes, junto a sus hermanos Valentín y Engracia, para retirarse de lo mundano en busca de esa perfección espiritual que todo asceta anhela.

 Grabados de los hermanos Frutos, Valentín y Engracia, por Fco. Jordán.

Grabados de los hermanos Frutos, Valentín y Engracia, por Fco. Jordán.

En busca de la ermita del santo.

La ermita se encuentra situada dentro de la demarcación del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. Comentamos en la primera entrada que los accesos al mismo están regulados por normativa específica.

La mejor opción, para no llevarnos ninguna sorpresa desagradable, es consultar sobre sendas o permisos para zonas restringidas en distintas épocas del año: Casa del Parque, sita en la antigua iglesia de Santiago, en Sepúlveda.

 Imagen captada de ‘Google Maps’: camino de Villaseca a la ermita de San Frutos del Duratón.

Imagen captada de ‘Google Maps’: camino de Villaseca a la ermita de San Frutos del Duratón.

El recorrido más sencillo para estirar las piernas camino de la ermita de San Frtuos, sin pérdida posible y el menos problemático, es el que parte desde el pueblo de Villaseca.

Itinerario que se puede realizar en vehículo hasta un aparcamiento a escasos quinientos metros del antiguo priorato benedictino. Una pértiga protege el contorno de la hoz donde están enclavadas las ruinas de los distintos edificios del complejo monástico y su iglesia.

(En Nota 1, información sobre recorridos para llegar caminando, hasta las Tierras de Sepúlveda, desde la capital de la provincia: antiguo GR88 o el neonato ‘Camino de San Frutos’).

Nota 1: Camino de Sepúldeda y de San Frutos.

Señal en el Camino de San Frutos que, desde Segovia, lleva a la ermita del santo.

Señal en el Camino de San Frutos que, desde Segovia, lleva a la ermita del santo.

Hace unos años se ideo un trazado turístico-deportivo-religioso con la idea de llegar en peregrinación a la ermita de San Frutos.

Recorrido que sirvió para consolidar firmes de caminos y pistas de uso principalmente agrícola y, de paso, para dar a conocer pequeños pueblos, aldeas y parajes que pasan desapercibidos para los propios segovianos, dándoles algo de vida (Enlace a la web Camino de San Frutos).

Interesante trazado, a veces, paralelo a la deteriorada señalización del antiguo Sendero de Gran Recorrido GR88, descatalogado por la Federación Castellano y leonesa de de Deportes de Mmontaña y Escalada.

Señal del antiguo Sendero GR88 en La Nava camino de Sepúlveda.

Sendero que cruza la provincia hermanado con la Sierra de Guadarrama, en término de El Espinar, hasta los Cerezos, en la Somosierra, haciendo un bucle en el GR10 (Enlace: GR88 a su paso por Sepúlveda).

Nos hacemos también eco de dos entradas de este Blog relacionadas con recorridos que tienen a la población de Sepúlveda como protagonista:

Por un lado, el itinerario del cortejo fúnebre del Conde de Sepúlveda, desde la estación de ferrocarril de Segovia, en 1893.

Por otro, el ‘paseo’, con ida y vuelta desde Segovia, que Constancio Bernaldo de Quirós realizó junto al poeta Enrique de Mesa, en la Navidad del año 1903.

Nuestra recomendación no puede ser otra: caminar y conocer.

El camino desde Villaseca.

Camino de la ermita de San Frutos, Villaseca, iglesia de Santo Tomás.

Camino de la ermita de San Frutos, Villaseca, iglesia de Santo Tomás.

La calzada desde Villaseca hasta la ermita es de tierra; y no es otra que el antiguo camino de Burgomillodo y San Frutos a Sepúlveda.

No tiene restricción de paso y se puede realizar en cualquier época del año.

Eso sí, al ser compatible con vehículos a motor, incluidos autobuses discrecionales, hay que tomar precauciones y es aconsejable realizar el paseo a primera hora del día o en épocas veraniegas, que no coincidan con vacaciones o puentes festivos.

El recorrido propuesto parte de Villaseca, núcleo agregado al ayuntamiento de Sepúlveda. Empezando a caminar junto a la iglesia de Santo Tomás Apóstol.

El cañón del río Duratón desde el camino de Villaseca a la ermita de San Frutos.

El paisaje que se ofrece a nuestros ojos es el de la lastra. Un paraje en el que predomina una vegetación rala, que campa entre lastrones de piedra suelta desprendida de las lanchas calizas y desintegradas en mil pedazos.

En algunos casos el pedregal se ha formado al desgajar las lajas pétreas la reja de un arado empeñado en hacer fértil el desierto del Duratón.

Pero esta misma descomposición del terreno nos dejará observar, a lo largo del camino, cómo arroyos y río han ido formando también sus paisajes, encajándose en las partes más débiles de un terreno propicio a la erosión y en principio llano.

Ermita de San Frutos en las hoces del río Duratón, Segovia.

En nuestro caminar saltamos algún vallejo como los Pozarones (o Pozarrones, en mapas actuales), pequeños cerretes y podemos observar los torreones y castillejos formados en los cortados del cañón excavado por el río Duratón.

El trazado hasta la ermita es de unos cinco kilómetros (algo más de cuatro hasta la pértiga que ya impide el acceso de vehículos). Hacia los dos y medio, por la Cueva del Moro y el Lastrón Blanco, dejamos el término de Villaseca y nos adentramos en el de Carrascal del Río, del que depende jurisdiccionalmente la ermita.

Al final, el esfuerzo de este recorrido de solana y botijo, si hemos decidido caminar, se verá recompensado con una nueva experiencia –Ver Nota 2– y la visión de la hoz que enmarca el destino que buscamos.

Nota 2: Vivencias en el Duratón.

Página del libro sobre el Duratón.

Un cuidado libro Hoces del Duratón, publicado en 1988, comienza con estas palabras:

“Hay paisajes que arrebatan el corazón de los hombres. No se sabe por qué pero anidan en su interior de un modo especial y lo pueblan de sugerencias y añoranzas”.

Una edición numerada de 777 ejemplares de buen gusto y exquisita estampación, del que son autores dos hermanos legos de San Frutos Bendito; a los textos Ignacio Sanz y a la estampación el añorado Manuel Gómez Zia, (exposición temporal en las salas del Museo Rodera Robles de Segovia,  ‘Peregrino), polifacético artista que nos dejó el 31 de mayo de 2015.

Paisaje que efectivamente sustrae espíritus y termina arraigándose en el alma de manera especial.

Quizá tuvo algo que ver mi querencia por este rincón de la provincia de Segovia la memoria del hermano de mi tatarabuelo Joaquín, Luis Garrido, que fue cura-párroco de San Frutos (1869-1876) o quizá los muchos momentos que he pasado en la zona.

Dorado amanecer en la ermita de San Frutos.

Días de frío a la solana de los cantiles o de canícula a la sombra de un chaparro de enebro que atenuaba los implacables rayos del sol o al resguardo de una tormenta primaveral en un solapo.

Días de viento al socaire de chozos y tenadas y bellas noches al raso en el canchal de la ermita, acurrucado en el saco esperando el frío del dorado amanecer rompiendo en las piedras de la ermita.

Días de silencio y soledad monjuna y meditabunda que quedan en el recuerdo.

Como queda en mí recuerdo la celebración de la romería del santo que cada año, el 25 de octubre, congrega a los lugareños y a un buen grupo de foráneos que se acercan al festejo.

Cruz de la peregrinación de 1900, tumba de los santos y romería de la ermita de San Frutos del Duratón.

Por mi memoria campan las palabras escritas en 1863 por un cronista segoviano, unos años antes de que Luis Garrido tomara posesión de su ‘feudo’:

Á las márgenes del rio Duraton… se halla un Santuario de San Frutos muy concurrido de fieles, pero á la verdad, muy pobre y desamueblado, miserable cuando años ha le vimos, aunque hoy está algo mas asistido, pero quisiéramos verle con más ornato y mas alhajado. Con el Santuario una casa que servía de vivienda para el Prior que era un monge Benedictino de Santo Domingo de Silos, y ahora es un Sacerdote secular ó regular y dos pobres casas de dos familias de labradores que cultivan aquel terreno árido, pedregoso y solitario que infunde respeto y trae á la memoria lo que se nos dice de los desiertos de Asia y de la Libia.

Paisaje del cañón del Duratón, 2012-1927.

Un feudo, el del hermano de mi tatarabuelo, cuyo paraje difería del actual al correr el río libremente sin tener sus aguas embalsadas.

[En la próxima entrada realizaremos un viaje en el tiempo, 1919, hacia el cercano convento franciscano de Ntra. Sra. de los Ángeles de la Hoz, en perpetúa disputa con los benedictinos del priorato de San Frutos]

Como hemos llegado a destino, después de caminar, nos queda conocer.

 

Breve reseña sobre San Frutos del Duratón.

Hace ya veinte años, en 1996, un 28 de septiembre, día anterior a San Miguel, patrón de Sepúlveda y de los pastores. Día en que éstos finalizaban su contrato con el amo.

Imagen captada a principios del siglo XX del padre Benito de Frutos.

Un soleado día en el que estaba especialmente motivado. Me habían pedido unas notas sobre San Frutos y el Duratón para el programa de festejos del día 25 de Octubre, en el que se celebra la festividad del ermitaño.

Caminaba entre despreocupado y pensativo, mientras el señor Fermín, antiguo alcalde de Villaseca y conocedor como nadie de los recovecos del Duratón, iba desgranando los nombres de los parajes por los que pasábamos camino de la ermita de nuestro santo anacoreta Frutos: Pozarón, la Ceja, las Rozas de Ortiz, el Lastrón, el Rincón de los Lobos, la Casilla de Arapiles, los Corrales de la Cruz de Canto, las Rodadas del Carro de San Frutos, un antiguo horno de cal o la Cueva de los Moros, que no puede faltar en pueblo de nuestra geografía que se precie… y algún otro que, aunque distraído, iba anotando en el cuaderno de campo para dar sabor a visitas futuras.

Recorte parcial de la minuta histórica del Instituto Geográfico y Catastral, 1909.

Nombres que tintineaban en el aire y, algunos, nos sonaban de los mapas al uso, aunque otros no los habíamos escuchado nunca. Con el tiempo, muchos de ellos, los hemos podido comprobar y situar por las minutas cartográficas del IGN.

Mientras tanto Nacho, que completaba el trío de caminantes, hablaba de salvias, tomillos, oréganos y trataba de reconocer la mata que Fermín denominaba macurial, yo me concentraba en el paisaje.

Un poco de perejil por aquí, un poco de té de roca por allá e hinojo o hierba santa, con su inconfundible olor anisado, buen condimento y como casi todas las hierbas buena medicinalmente, para algo, malestar digestivo, tos, conjuntivitis e incluso las flatulencias…

Pero yo seguía a lo mío, intentaba buscar la inspiración del eremita y algo llegó, o al menos quedó impreso para la posteridad.

Obstinación ascética, buril de almas y rocas. / Por los ásperos campos una sombra atraviesa”.

Con estos versos de ‘La Castilla de San Frutos’, firmados en 1919 por Marceliano Álvarez Cerón (Cádiz 1893-Madrid 1969), profesor de la Universidad Popular Segoviana, fundada el mismo año de la publicación, comenzaba la reseña:

Imágenes de la ermita de San Frutos del Duratón, Segovia.

“Nuestro santo anacoreta eligió para recogerse en milagrosa y meditabunda vida los bellos parajes bañados por el río Duratón. Al morir en el año 715, es enterrado en este lugar por sus hermanos Valentín y Engracia.
Pasan años de soledad y luchas en ‘tierras de nadie’, hasta que Alfonso VI, ganadas las mismas, dona el 17 de agosto de 1076 ‘San Frutos’ al Monasterio de Silos. En el lugar se construye una iglesia, consagrada en el año 1100, según consta en la inscripción que labrada en un sillar, se encuentra en el interior de la ermita.

Restaurada la diócesis de Segovia hacia 1119, y siendo su primer obispo don Pedro de Agen, San Frutos pasa a ser su patrono. A finales del siglo XII y principios del XIII se amplía la iglesia, con dos ábsides laterales, y se construye el monasterio anejo a ella.

Tarjeta postal de la ermita de San Frutos, serie francesa, ca. 1908.

En el siglo XV se conceden indulgencias por visitar el lugar en determinados días, principalmente por la Santísima Trinidad y San Frutos. Y en el XVII se hacen importantes arreglos y se ornamenta la iglesia. También se rehace el humilladero donde reposaron los cuerpos de los tres hermanos, así como obras en las ermitas de Valentín y Engracia.
Desaparece como priorato en 1835, al pasar a manos privadas, tras la Desamortización de Mendizábal. Posteriormente el Gobierno cede la iglesia para culto y el obispo nombra cura de almas.
En el año 1875 se convierte en parroquia y en ella vivieron los párrocos hasta el primer cuarto de este siglo”.

Finalizaba mi brevísima reseña diciendo:

“[…] en la actualidad se están realizando obras de consolidación, siendo la zona Parque Natural”.

Dedicatoria:

a Rafael Cantalejo (encargado de la lectura del romance de San Frutos 2016) y al ‘Peregrino’, Manuel Gómez Zia, que nos dejó el año pasado y estará, seguro, pateando otros caminos.

Continuará en tercera entrega: Camino del convento franciscano de Ntra. Sra. de la Hoz.

Author: Juan Pedro Velasco Sayago

Blog de montañismo y excursionismo sobre el Guadarrama, a cargo de Juan Pedro Velasco Sayago. (Coordina el Blog 'Retrosegovia', publicando temas relacionados con la tarjeta postal ilustrada de Segovia).

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2 Comments

  1. Querido amigo, muchas gracias por el texto, es muy interesante. ¿Podrías darme la referencia de la cita de Julián de Contreras? me resultaría muy útil

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    • Susana, la cita la rescaté de un artículo que escribí en la ‘Revista Cultural de Segovia’, en 2002, sobre una exposición de la JCyL ‘Espacios para imaginar’. Ahora mismo no sé de dónde tome la cita. No encuentro, en mis archivos del PC, nada más que el texto y el autor.
      Sí he encontrado uno parecido, que puede conozcas, también del Marqués de Lozoya, creí que era el mismo. Está en su libro ‘Sepúlveda’, editado en 1966 y reeditado posteriormente en 1971: “…un hondo barranco cuyas escarpadas paredes calizas ofrecen infinidad de grietas y de cavernas inaccesibles donde anidan los buitres…”. ¿Pudiera ser de alguna de sus publicaciones en la ‘Sociedad Española de Excursiones’ o del ‘Boletín de la Academia de Bellas Artes’?
      Sigo mirando y, si encuentro el dato, te remito nota al correo-electrónico.
      Saludos y gracias por tu interés.

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