Si yo fuera maestro armero me apuntaría, ciegamente y sin dudas, a la próxima película de Alec Baldwin o alguna así pero, en cualquier caso, no me quedaría en Segovia, donde ese oficio se me antoja realmente peligroso por las múltiples pedradas de culpa que puedes recibir desde el Ayuntamiento de Segovia, donde se celebran los aciertos —si los hubiere, no sabría decirle ahora— pero los errores o cuando menos, las situaciones complicadas o de “riesgo de crítica”, se achacan siempre a terceros.
Quedábamos boquiabiertos cuando la primera reacción del Ayuntamiento ante la electrocución de un perro por contacto con una farola fue la de culpar implícitamente al propietario del animal por “atar al perro a una farola sobre un charco”, que además de una explicación surrealista es una versión que niegan tajantemente los testigos. Fíjese que no llego a creer que se quisiera mentir por compulsión sino que, simplemente, se trataba de salir del paso de la crítica que se avecinaba: “ha sido culpa de otro”. Eso si, mientras tanto las luces de las aceras de la Avenida llevan apagadas dos semanas y sigue sin aclararse por qué las farolas daban calambre o si la situación de peligro que se produjo hubiera podido provocar disgustos aún mayores.
Con honda va lanzado el chinazo del fracaso estrepitoso de los presupuestos participativos de los que, escuchando a la alcaldesa, uno podría llegar a asumir que los que han tenido la culpa del desastre son ¡los representantes vecinales! que al parecer se emperraron en el Consejo de participación en que se votara sobre arreglos puntuales de cañerías o aceras levantadas en los barrios en lugar de hacerlo sobre grandes proyectos de ciudad que “es de lo que hemos sido partidarios siempre”, dicen desde la Alcaldía, ahora seguros de que con ese tipo de propuestas las colas para votar darán la vuelta a los centros cívicos. En esta ocasión y en aras a la democracia pura, dicen, no ha primado el lema “yo gobierno, yo decido” que tan claro se pronuncia en otros momentos. Y así han ido pasando tres ediciones esperando con fe “a ver si este año se animan a votar” pero como los votanes no se han animado, se llevan la regañina.
Otro. Lo del fútbol de primera en la Albuera, en riesgo de no poder celebrarse porque no se han instalado suficientes torres de luz en el estadio municipal. Pues va la alcaldesa y se coloca seis metros de venda antes de que llegue la herida de la crítica de los aficionados y allegados: “la Junta no pone dinero en instalaciones deportivas” ha acertado a decir en rueda de prensa. Tiene algo de razón, que a veces parece que la Dirección General de Deportes no tiene a Segovia en sus listados de capitales de provincia de la comunidad. Tampoco consuela que el Gobierno de España también parezca tener el mismo lapsus o que el Ayuntamiento, que ha dispuesto este año de una cantidad inusual de dinero para inversiones por el uso permitido de los remanentes, haya destinado medio millón escaso para Deportes. La cifra evidencia el grado de importancia que se da al departamento en el Ayuntamiento y también que no ha habido hasta ahora ninguna intención real de priorizar la instalación de las luces. Pues ya verá que en los próximos días el quejío sostenido será que “la Junta no pone dinero para alquilar torres de luz de emergencia para los partidos de Copa”. En un par de días.
La última pedrada a terceros que le cuento hoy. Este 18 de noviembre viene a Segovia el presidente de la Junta dispuesto a hacer inauguración oficial de la segunda fase del campus María Zambrano —ya, a destiempo, que eso está abierto y funcionando hace tiempo—y será Alfonso Fernández Mañueco el que acapare los discursos. Ante esto, la regidora ha optado por dos acciones que serían una auténtica muestra de audacia en cualquier colegio de Primaria: por un lado ha recordado que los terrenos sobre los que se asienta la Universidad los cedió la ciudad hace años, por si a Mañueco se le olvidaba mencionarlos en sus parlamentos.
Por otro, la Alcaldía ha rematado enviando a los medios las previsiones de actividad pública en los que se cuenta que la alcaldesa irá al acto, pero en el papel ni se cita el nombre del visitante o que lo que hará, técnicamente, será recibir al Presidente de la Junta como le corresponde hacer a la máxima autoridad de la ciudad, la presidenta del Gobierno municipal.














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