Pues si. Esta semana todo me lleva a la cifra de treinta años. ¡Ay, quién los pillara! Son de esas combinaciones cósmicas que se dan, yo qué sé por qué. Pero ocurren, mire:
Andamos como locos, y no es para menos, con el treinta aniversario de la entrada de “la ciudad vieja y el Acueducto” en la selecta lista de la Unesco que nos convirtió en Patrimonio de la Humanidad “poniéndonos en casa”… y en el ojo del mundo entero. Las fotos antiguas me han hecho recordar como éramos y a aquellos que fueron protagonistas desde las instituciones y he llegado a pensar lo rápido que nos olvidamos de los políticos que fueron… No deberíamos.
Los aniversarios no paran, que resulta que también hace tres décadas que entramos en la UE y en Segovia se conmemorará especialmente la fecha —se ha seleccionado a tres ciudades españolas para ello— con un debate que se celebrará en la cárcel. La mano de Gil Robles, siempre pendiente de Segovia, aparece detrás de este acontecimiento.
Ya le digo, somos el centro del mundo, y más que podemos serlo si Pingüinos acaba celebrándose en Cantalejo, que ya hay acuerdo para ello con el ayuntamiento y falta el visto bueno de las autoridades medioambientales… En la ciudad briquera y sus alrededores se frotan las manos por los previsibles ingresos económicos y la promoción que puede suponer la concentración motera que lleva celebrándose 35 años. Como sea allí, me pongo los cueros y saco la Vespa.
¿Ve? Parece que hablamos de mucho tiempo y mire, que todo es relativo. Fíjese, los 37 años de Pablo Iglesias o los 36 de Albert Rivera se antojan pocos en nuestro universo de políticos, pero los 35 que Rajoy lleva en política se antojan muchos… ¡Qué cosas!
Vale, ya me he metido en campaña, que empezó el otro día con el insulso acto general de inicio de campaña que algo me dice que va a ser la tónica general de estas dos semanas, que tienen pinta de ir a ser bastante corrientes. Y eso que la encuesta del CIS, que vaticina decepción para PP o PSOE por la irrupción de Ciudadanos con opciones a diputado puso bastante nervioso al personal en las sedes de los partidos. Que me lo han dicho a mi “fuentes de toda confianza” ¡Caray, cómo me gustan las viejas fórmulas!
Bueno, de la campaña ya le cuentan los de la redacción así qué me voy a otras cosas. Boquiabierto me he quedado con la nota emitida por la asociación de Guías turísticos, preocupados por la proliferación de músicos ambulantes y pedigüeños en Fernández Ladreda y la calle Real, al parecer, molestos para sus clientes, como los decibelios de las actividades que se celebran en el mismo eje para los que quieren tomar cervezas a la vista de los monumentos… Qué nota más rara ¿No?
Por cierto, con manteros o sin ellos, la ciudad ha vuelto a llenarse hasta los topes en estos días festivos. Me dicen que en privado, los hosteleros gritan ¡Viva la Pepa! (Anda, que estoy yo fino hoy con los chistes). La cosa empezó con tonos domésticos en la celebración de Santa Bárbara por los artilleros y centenares de segovianos en la Plaza Mayor. Los artilleros llenaron de banderas nacionales las calles céntricas de la ciudad y uno o varios necios decidieron quemar la que habían colgado en la biblioteca. Me hieren en mi “españolidad” pero encima las llamas casi acaban afectando a una ventana del edificio. Ya le digo, necios.
Pero estaba en los puestos, que me he dado una vuelta por el rastrillo de la asociación contra el cáncer, en el Torreón de Lozoya, así, para abrir la Navidad. Un éxito solidario que me hace querer un poco más a los segovianos. Hombre, el Torreón y las acciones solidarias me llevan a la Fundación Caja Segovia, que acaba de alcanzar un acuerdo con Bankia —¡leche! me suena como aquella reunión de Reagan con Gorbachov hace 30 años— para poner en marcha un Plan de ayudas sociales de forma conjunta.
Mientras, me fijo en la próxima propuesta de la Fundación en el Centro Social Corpus, donde se va a estudiar el Tarot. ¿Será para que podamos ver con claridad el futuro? ¿Tan negro está el asunto judicial del Torreón de Lozoya? Chico, estoy lleno de preguntas. Voy a tener que consultar las cartas.
Así quizá me entere también de lo que puede pasar aquí dentro de 30 años, que he estado paseando por el fondo de los pantanos en mangas de camisa y en pleno diciembre y encima me entero que la temperatura se ha elevado en Segovia en los últimos años… Hay para preocuparse, puñetas. ¿Espabilamos?
Así, de inmediato, lo que me preocupa más es el Belén —¡tridimensional nada menos! (Este chiste no es mío, que es de la Alcaldía)— que la alcaldesa se empeña en instalarnos cada año en medio de la ciudad, dicen algunos que por tradición y yo, que sigo pensando que eso del Nacimiento se lo debe poner cada uno (que quiera) en casa, a riesgo de contradecir a Besa. Eso sí tampoco es para ponerse a robar figuras, como les ha pasado en Cuéllar, donde ha desaparecido la estatua del mago Gaspar. que formaba parte del conjunto navideño y también ¡en 3D! en aquella villa.
Menos mal que mi favorito siempre fue Baltasar, al que me pasé besando en el Azoguejo hasta que tuve 30 años. Por lo menos.














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