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Campaña día 8: Esto está que arde

Iban García en Verescence, con el alcalde de La Granja.

En Segovia, dirías que nunca antes se asistió a una campaña electoral tan abierta. Rota en abril la hegemonía del PP todo puede pasar, que el PP se reponga y recupere sus dos escaños, que lo haga el PSOE, o incluso que el tercer diputado se lo disputen naranjas y verdes. Que vuelva a darse el empate a senadores o que el PSOE o el PP hagan el pleno.

Por lo mismo me esperaba una campaña muy dura y agresiva. Con muchos combates a varias bandas. A la hora de la verdad, los únicos que han cumplido han sido los del PSOE. Desembarco constante de ministros “en funciones”, visita del gran líder Sánchez. Las bases movilizadas como nunca por aquello de volver a repetir el histórico “somos la fuerza más votada”, y Aceves ubicuo, apoyado sin fisuras por el grueso del partido y los alcaldes-estrella, Luquero al frente, que tanto juego le dan. Francamente, la suya ha sido una campaña impecable.

Plana del todo ha sido la de los populares. Desconcertante. Jesús Postigo ha estado medio escondido en una foto que se ha repetido constantemente. Siempre la misma, a un lado, Puertas, Escudero y Paloma Sanz; al otro, Postigo, Sanz Vitorio y Pérez, en el centro el invitado del día. El mensaje: voto útil y paren de contar y que ellos sí saben salir de la crisis. Dos cosas han pesado. Por un lado, la falta de medios. Ya explicábamos que, alejados los tiempos de la Gürtel,  las campañas se financian en base a los resultados obtenidos. Tantos votos tanto dinero. El pinchazo de Casado en abril dejó al PP al borde del ERE.

Pero hay más: indeterminación del target. Hasta demasiado tarde, el PP se enfrentaba al problema de no saber si su enemigo era Ciudadanos o Vox. En la duda, tirar a lo que sabemos, caña al PSOE, y jugar la baza de, a base de indefinición, pillar un poquito de ambos. Entre tanto, a peinar los pueblos que es donde el partido tiene su mayor activo para recordar a los suyos el mensaje a refrescar. Somos el voto útil. ¡Y que salga el sol por Antequera!

Acto del PP en Santa María la Real de Nieva.

Si la plana ha sido la del PP, la de Ciudadanos ha sido directamente underground. Invisible. Al bueno de Eduardo Calvo le ha pasado que no conoce ni el terreno ni el sector. Es totalmente nuevo en el mundillo. Los naranjas, por tanto, fiaban en lo de siempre, el gran Albert, el Moisés que tira del carro. A la hora de la verdad, Albert Rivera ha quedado para los restos machacado por unas encuestas adversas sin que supiera rehacerse. Tocaba mover a la segunda línea. Los Igea, las Arrimadas, el de la Coca-Cola… Pero claro, con la cabeza provincial, el dúo Otero-Martín, muy cuestionados por la propia base, Segovia era territorio tóxico a más no poder. Los Calvos, Patricia y Eduardo, se han quedado solos en el empeño. Y encima tampoco se ha visto por ninguna parte el dinero que, a buen seguro, ingresaron en abril. Campaña pobre y desdibujada. Les urge maridar con Centrados.

Yendo a Unidas Podemos, la suya es realmente la campaña del mérito. Sin medios, sin opciones a escaño, saben perfectamente sin embargo que solo un buen resultado del partido en plazas como Segovia, no bajar del 10%, puede mantener viva a la formación como proyecto nacional de izquierdas. Y para allá que se han ido el bravo Ordóñez, la valiente Peñalosa y el siempre diligente Galindo, en plan testigos de Jehová hinchándose a tocar timbres y desafiar la hora de la siesta con un sonriente  “¿conoce usted el comunismo?”. Entrañable. Así las cosas, la invisibilidad de Podemos me parece alta traición. Eché de menos a Guillermo San Juan (ni un acto conjunto),  a Natalia del Barrio y la “otra” Peñalosa, la morada. Como si estuvieran lamentando, en el fondo, que Más País no se presentara por Segovia. Claro que puede ser que los de IU, que se han puesto al frente del reto, no dejaran cacho a los rivales. En cualquier caso lo de Unidas Podemos parece un sarcasmo, ni unidos ni podemos.

Rodrigo Jiménez en un acto de Vox.

Y Jiménez Revuelta, el partido verde, pues como siempre. Agradecidos que la izquierda y los medios de comunicación le hagan gratis las campañas. La comunicación en tiempos virales busca el frikismo, los extremos, de manera que cualquier melonada de las muchas que preconiza Vox se convierte rápidamente en tendencia en Twitter. Y eso es un porrón de clics para los medios, genera Voxdependencia en programas que se lo deberían hacer mirar antes de normalizar determinados discursos. No vale todo en esta vida.

Por el otro, y ya desde finales de los 90, el verdadero argumento electoral del PSOE ha sido el dobermann, el perrucho colmilludo y el grito de “¡¡qué viene la derecha!! Tener, pues, a Santiago Abascal es un tesoro electoral para el PSOE. Hay que reconocer que, como perro, Abascal parece tener los colmillos más punzantes que Pablo Casado, o incluso que Albert Rivera, que en la desesperación de las últimos semanas ha intentado pasar por el Abascal pequeño. A fin de cuentas, Vox representa un nacional-populismo que a diferencia del Europeo -efervescente en las periferias urbanas antaño caladeros  socialdemócratas- está instalado en el voto conservador y antisocialista. Hace pupa al PP, nunca al PSOE. En Ferraz saben que Vox es un aliado fiel. No falla. En Segovia si sacan dos diputados será gracias a ellos.

Eso y el desencanto del voto centrista. Pues si miro la campaña, dos temas han dominado la agenda nacional, Cataluña y el bloqueo o la imposibilidad de tejer mayoría sólidas solo con la izquierda o solo con la derecha. Lo cual es visto como desesperante especialmente por el electorado conservador, el que sabe que, después de todo, lo único que importa es la estabilidad, el resto son milongas.

El caso es que con populistas o sin ellos, Sánchez o Casado, una cosa es segura, ambas cosas, bloqueo y Cataluña, seguirán igual cuando no peor. Posiblemente peor. Una ultraderecha en auge no facilita lo que todos sabemos que necesita España, a saber despolarizar y movimientos transversales entre bloques  (por otro lado, movimientos tan castigados por el populacho). Del mismo modo, una ultraderecha en auge no hace sino reactivar “el frente catalán”. Encresparlo más. No hay que olvidar que, del mismo modo que Tudjman precisó un Milosevic para desencadenar las guerras de los Balcanes, el nacionalismo catalán precisa un nacionalismo español fuerte que le lleve al cuanto peor mejor, a la máxima desestabilización posible de España. Y así hasta que reviente el burro.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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