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Atados por los datos

Los segovianos tenemos pocas oportunidades de ser los primeros en algo, de llevar la delantera o de beneficiarnos singularmente de cualquier cosa. Solemos ir a remolque de lo que nos rodea y de los avances de otras provincias. Por poner un ejemplo: si tenemos tren de Alta Velocidad es porque estamos en mitad del camino de la vía hacia el Norte. Y hasta eso tuvimos que pelearlo duro.

Será por eso que el anuncio de la Junta levantando las restricciones que pesan sobre la hostelería, el comercio de grandes superficies y los gimnasios —por cierto, las casas de apuestas seguirán cerradas— “sólo” de Segovia y Ávila por ser las que mejor evolución estadística de la pandemia presentan en toda la comunidad lo primero que ha causado es un rotunda alegría, no sólo pensando en la reactivación de nuestra precaria economía y sus motores, sino por ese orgullo algo paletillo, a la vez que absolutamente engañoso, de haber “ganado la carrera”.

No hemos ganado nada, que lo único que hacemos es pasar de estar superalarmados a muy alarmados (seguimos en alerta 4) y de esto de la covid aún nos quedan centenares de kilómetros que recorrer. Y encima, resulta que desde el viernes la provincia estará más encerrada y aislada que antes por el cierre perimetral que nos imponen, al parecer para protegernos de los que vinieran de fuera aunque lo que parece es que se está premiando nuestra buena evolución de la misma manera que hasta ahora se “castigaba” a los que no paran de contagiarse: encerrándonos. Hasta ahora teníamos posibilidad de movernos por las nueve provincias de Castilla y León y que vinieran aquí de todas ellas. Desde mañana sólo podremos intercambiar movimientos con Ávila. Tenemos bares, pero sin barras ni filas de gente de pie y sobre todo, sin turistas ni posibilidad de que lleguen y eso tampoco gusta a los hosteleros, claro.

Por cierto, mi solidaridad con el sector aunque creo que tiene pendiente un intenso trabajo de mejora de imagen por delante cuando todo vuelva a la normalidad. Es una sugerencia.

No seré más derrotista, que lo cierto es que esta vez, en general, nos hemos comportado parece que hemos doblado el brazo a la ola (espero no comerme esta frase. Ayúdeme, por favor), en el hospital no hemos reventado la capacidad y los ancianos de las residencias —con permiso de las de Cuéllar y El Espinar, que no están bien ni mucho menos en estos días— sobreviven a la puñetera pandemia.

Lo que me fastidia de verdad es lo de las medallas que rápidamente se colocan unos y otros políticos en cuanto tienen la mínima ocasión. Sin que sirva de precedente, voy a mostrarme de acuerdo con el vicepresidente y portavoz, Francisco Igea —caramba, con lo que me cuesta empatizar con este señor— en la falta de escrúpulos que muestra el Gobierno de España para apuntarse las noticias “buenas” y dejar el papel de gendarme a las comunidades autónomas.

Tampoco me parece un gesto bonito el de la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, grabando vídeos a las tantas de la noche del martes con el único fin de arrogarse, justo antes de que se oficialice, la relajación de las medidas pretendiendo que “lo ha exigido” en la reunión de alcaldes con el presidente de la Junta, Alfonso Fernández, cuando en realidad la medida ya estaba decidida. Eso se llama oportunismo aquí, y en la China roja, más cuando las últimas semanas, las de apretar los dientes, la misma regidora se ha dedicado a subrayar que todas las medidas “duras” venían impuestas desde Valladolid y el Gobierno de la ciudad sólo podía obedecer y resignarse… En ese arranque de recoger todo lo que haya en la huerta, Luquero ya se calentó en su vídeo, felicitó efusivamente a los segovianos con el mensaje subliminal de que la ola de contagios ha concluido y hasta dibujó el regreso “no a la nueva normalidad, sino a la antigua normalidad”. Y tan pimpirrinqui. Como si no nos quedara nada en la pelea con el bicho este ¿Sabe?

Por no gustarme, no me gusta tampoco que el presidente de la Diputación, Miguel Ángel de Vicente, también emitiera su nota de prensa, esta para agradecer al Gobierno regional, de su color político, su “sensibilidad” hacia los segovianos y los sectores afectados. Va más contenido pero el espíritu es el mismo: hay una noticia sobre ligeras mejoras y tiene que parecer que uno, y los suyos, son los únicos artífices.

Los ciudadanos estamos cabreados, desorientados y asustados. Todo un caramelito para los políticos, siempre preocupados y atentos… a sus propios intereses. Si me pide mi opinión, y entiendo que si ha llegado hasta aquí será porque es así, la intervención en esta brutal crisis de los políticos que me atañen, de todas las administraciones y colores está siendo francamente mejorable, por no decir mediocre, desde febrero para acá: los que tienen mano de verdad, jugando al ensayo error siempre con los dedos cruzados, a ver si hay suerte y mientras tanto tratando de evitar salpicones; y los que tienen menos capacidad de maniobra, los ayuntamientos, viviendo día a día, como Rambo, con una mueca nada natural torcida y acongojada.

¿Me hará un favor? No se confíe ni se relaje las seis próximas semanas, que vamos bien y un fun, fun, fun a destiempo puede ser nefasto.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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1 Comment

  1. Más nos vale no relajarnos. A mi me verán poco por barras y terrazas y soy de apoyar codo y mucho (mi solidaridad con el sector, pero entiendan que quiera cobrar mi pensión muchos años las canas me las he ganado). En cuanto a los políticos locales, dicho queda, oportunistas que no merecemos y que para cobrar su buen sueldo, culturear y ver deporte pueden valer una y otro. Para gobernanza y saber estar poco; de estar a la altura de las circunstancias nada de nada.

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