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Yo vi la gala de los Goya

Ayer vi la gala de los Goya. ¡Esperen! No cierren la ventana, denme un voto de confianza, que si el director del Acueducto2 comprueba que han cerrado el artículo en esta línea y se han ido a leer a la competencia me castiga con una congelación salarial. Tuve que hacer una tarea urgente —para sorpresa de mis amigos que afirman entre semana que trabajo mucho menos que ellos— un sábado noche y decidí que el castigo sería pleno poniendo “la una”, como decían antaño mis abuelas y el resto de España.

La noticia más destacada de la gala fue la presencia de Pedro Sánchez. Es digno de celebrar que el presidente empiece a encontrar huecos en su agenda para salir de Moncloa, Ferraz o del Falcón, que vienen a ser sinónimas. Duro fue para él no asistir a los funerales de Adamuz o de Valencia por estar muy liado hablando de IA en la India o cosas así, por lo que mi reconocimiento por mostrar sus prioridades y estar ahí para que Susan Sarandon, experta en nuestra política patria y más aburrida que yo en ARCO, lo relanzara como candidato para 2027.

Nunca he entendido el afán que tiene una parte del cine español por autoboicotearse. He perdido la cuenta de hace cuántos años hablan de Franco y del tema que esté de moda en ese momento. No me imagino una gala de premios a los mejores ingenieros, al fontanero del año o al cocinero que deconstruye con más acierto un huevo frito, cuyos protagonistas, en vez de reivindicar su especialidad, terminen siendo noticia por su ideología y no por su trabajo. Me fascina ese empeño por rebajar su esfuerzo hasta casi la nada. En tu día especial, en ese momento en el que puedes decir más alto y orgulloso «aquí estoy yo, miren lo que he rodado con tantas dificultades», prefieres soltar soflamas ideológicas porque la preocupación es que el resto del rebaño no te vuelva sospechoso de tener tus propias ideas… y no coincidan.

Que cada uno gaste su minuto de gloria como quiera, faltaría más, igual que hago yo con esta columna. Pero si vienes a la alfombra roja con un vestido o un traje de 3.000 euros y no donas ni un 2% de tu sueldo a causas sociales (no tengo pruebas ni tampoco dudas), ahórrate la borrachera moral de hacerte el preocupado por la luz en la Cañada Real, por Irán o por las guerras en Sudán del Sur, porque pones el mismo esfuerzo real por acabar con esas desgracias que quienes no saben ni que existen y para colmo quedas más ridículo que un cuadro de Dalí en un McDonald’s.

La química entre Rigoberta Bandini y Luis Tosar existió solo en la cabeza de los guionistas y un año más los familiares de primer, segundo y tercer grado ocuparon el mayor tiempo de los discursos, una vez manoseadas Palestina y siguientes. Nuevamente un premiado perdió la oportunidad de agarrar el micrófono, volverse loco y ajustar cuentas con la familia en público; sé que llegará ese día. Lo más parecido que hubo fue un Albert Serra, director premiado por la película documental Tardes de Soledad (sobre la figura del torero peruano Roca Rey), que apareció con unas gafas compradas en el aparcamiento de una madrugada cualquiera de la ruta del bacalao, en los 90. Serra recordó —con un toque de chulería que se agradece entre tanta mantequilla buenista— que todo tiene matices, que hay que escuchar y que no se trata de estar posicionándose siempre a favor o en contra de un tema como ultras e ir corriendo a contarlo a las redes sociales. Hay vida más allá de eso y el director catalán lo reivindica con acierto y a su modo.

Igualmente fue digna de aplauso cada intervención que hizo Alauda Ruiz de Azúa, directora de Los domingos, empeñada en mostrar al espectador la profundidad de las creencias religiosas sin buscar el aplauso fácil ni condicionarlo. Qué mayor muestra de talento que situar la religión en el foco y dejar que cada uno decida qué está viendo. Que Ruiz de Azuá haya puesto de acuerdo a creyentes, agnósticos y ateos en 110 minutos, a buen seguro podría catalogarse como un milagro moderno en esta época tan esplendorosa que vivimos de canibalización mental.

Me encanta el cine español. Creo que hay mucho talento y decenas de películas que gustarían a aquellos que tienen prejuicios manoseados y caducados y no le dan la mínima oportunidad. Pero reconozco que a veces una parte de la industria del cine, la más notoria, no pone su empeño en que hablemos de historias, de personajes, de guiones, de giros argumentales, de bandas sonoras… Todo está ensuciado por la política y lo que la rodea. Somos incapaces de separar las cosas y pararnos a disfrutar durante dos horas de una película española al menos para desconectar del ruido que nos machaca, ese que en el fondo solo viene bien a quienes lo provocan y se lucran con él.

Feliz domingo, queridos lectores/as.


 

Author: Alberto Martín

Profesor universitario y escritor

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6 Comments

  1. Yo no vi los Goya, pero con lo que estas películas recaudan en taquilla, no se pagan ni la primera copa.
    Feliz Domingo.

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  2. No solo la política estropea y degenera el cine, también la subvención. De la que viven casi todos ellos. Todos los paniaguados por unos euros a aplaudir ayer como si estuvieran el 18 de Julio, en La Granja, los artistas del Régimen, al líder Supremo de la Revolución Sanchista.

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    • Hola, Salud. Gracias por la lectura.

      Al final el cine no deja de ser un negocio y una industria de la que dependen muchos puestos de trabajo. Soy partidario de las ayudas y préstamos, por supuesto, pero con exigencias de calidad y de distribución, y eso sospecho que hoy en día pasa poco.

      Pero a la vez me da pena que mucha gente no vaya al cine a ver un montón de películas españolas de calidad, y no lo hagan por diferencias ideológicas como las que comento en el artículo. Creo que habría que saber diferenciarlo mejor.

      Saludos.

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  3. Es un negocio del que dependen muchos puestos de trabajo, como todas las empresas, que no cuentan sino con el dinero y el trabajo que sus dueños. Sin ayudas de ningun tipo, sino todo lo contrario fritos a impuestos y burocracia.

    Pero si no fuera por la lluvia o mas bien tormenta de subvenciones para los cineastas “afines”. El Caudillo, no tendria donde poder acudir a que le rindieran pleitesia sus subditos.

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  4. Tranquilos que en breve se estrena Torrente 6 y esa sí que va a ser un éxito de taquilla. Algo bueno se hace de vez en cuando en el cine español.

    TORRENTE PRESIDENTE.

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  5. Y sin subvenciones. ¡Viva Torrente!

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