El planeamiento urbanístico en el municipio de Segovia ha sido un fracaso tras otro desde que yo conozco. Los planes de ordenación elaborados a partir del año 79, con la llegada de la democracia, no han acertado nunca en sus previsiones de aumento de la población ni, consecuentemente, de creación de suelo urbanizable. La población de la capital se ha mantenido prácticamente estable, en contra de los pronósticos de invasión de madrileños que vendrían a vivir a Segovia, triplicando su censo, una vez que funcionasen trenes rápidos entre ambas ciudades. Sí que ha sido útil, en cambio, para un transvase diario de trabajadores que han mantenido su residencia habitual. También se ha producido un importante éxodo de segovianos al alfoz, por la inactividad urbanística de la capital a pesar de tener una gran superficie de suelo urbanizable disponible (Prado Bonal, Sectores A y B…).
No entiendo muy bien las constantes quejas del sector de la construcción, reclamando al Ayuntamiento suelo donde edificar, pero sin que se aprecie ninguna iniciativa por su parte. Únicamente se han visto movimientos especulativos, todos ellos frustrados, de empresas foráneas alrededor de las presuntas ubicaciones (Tizneros, Juarrillos…) de la estación del tren veloz.
A día de hoy, en lo que respecta al núcleo urbano de la ciudad, existen planes de ordenación y ordenanzas municipales diversas, que deberían permitir su consolidación urbanística, no solo desde el punto de vista edificatorio, y revitalizar sus áreas más deprimidas, dotándolas de los servicios fundamentales. Sin embargo, no parece que existan perspectivas halagüeñas en esta sentido.
Las primeras iniciativas del equipo Mazarías han ido, más bien, dirigidas a enmendar al anterior equipo, que a tomar decisiones meditadas. La imposición del Paseo del Salón para la celebración de eventos y ferias ha cosechado el rechazo unánime de los afectados, protagonistas y público en general y debería hacerles repensar, con un poco de humildad, este planteamiento.
La reconversión del proyecto de la calle de Blanca de Silos, que pretendía simplemente pacificar su tráfico rodado, en una calle peatonal, con el pomposo nombre de bulevar, también ha evidenciado la carencia del necesario estudio de la repercusión en el tráfico y aparcamiento de esa zona, movidos exclusivamente por el ansia de enmendar la plana a sus antecesores.
Tampoco parece que la necesaria renovación del mercado de los Huertos, dotación fundamental para los residentes del casco histórico, se haya proyectado con el suficiente estudio de las necesidades reales de comerciantes (que han demostrado su capacidad para garantizar el servicio durante las obras) y clientes habituales que tienen más que contrastado su buen funcionamiento, sin necesidad de servicios de hostelería en su interior que ya existen en su proximidad, mientras que puede faltar espacio para almacenamiento.
Y la guinda del pastel es el anuncio del traslado de los negociados municipales al, hasta ahora tan denostado edificio del CAT o CIDE o como ustedes gusten, en la carretera de Madrid. El recinto amurallado está repleto de edificios vacíos que están pidiendo a voces su reconversión al servicio de la población. Las ruinas del hotel Victoria se comunican por su parte trasera con el Ayuntamiento, lo que permitiría su ampliación para oficinas municipales. El antiguo Policlínico podría cubrir carencias de asistencia sanitaria que han sido reiteradamente denunciadas. El edificio de los Juzgados, al igual que el antiguo INSS, se preveía destinar a vivienda social, paria paliar el salvaje encarecimiento de los alquileres. Todos son propiedad de diversas administraciones del Estado, del que formamos parte y no puede servir de pretexto para tirar balones fuera y dejar que Segovia se siga vaciando. Y finalmente los restos del palacio de Enrique IV expropiado hace años, por capricho de la, a la sazón, Consejera de la Junta, Silvia Clemente, cuyo destino seguimos desconociendo.
Pero además, hay otros grandes edificios, como el abandonado colegio de las Jesuitinas o gran parte de Seminario a los que habría que dar una utilidad social, como está previsto hacer con el colegio de las Concepcionistas cuando se solucionen sus problemas edificatorios en el Sotillo.
En solucionar estos problemas fundamentales para la supervivencia de la ciudad que, no lo olvidemos, depende en gran parte de su recinto histórico, es en lo que debe aplicar sus energías y capacidad de gestión el Ayuntamiento y no en tirarse los trasto a la cabeza entre los diversos grupos políticos que lo componen, ni en proyectos inútiles y populistas, que ya han costado muchos millones de euros a la ciudad, como el del aparcamiento del Salón que, para colmo dañaría de forma irreversible nuestro patrimonio natural y paisajístico.














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