En el ánimo de aprovechar la creciente xenofobia de nuestra sociedad, Vox ha encajado en las agendas de allá donde su voto vale autonomías el tema de la “prioridad nacional”. Un nuevo comodín que la izquierda utiliza a modo de “ven, se lo dije, ya están aquí los fascistas”.
Tema espinoso. Pongamos por caso un señor de Perú, no nacionalizado y con 20 años de trabajo cotizado en España, que pugna por una vivienda social contra otro señor de con DNI y 15 años de cotización. Ambo vecinos del mismo municipio. ¿Para quién el piso? ¿para un -técnicamente- extranjero? El PP, por aquello de templar gaitas, apela al concepto de “arraigo”. ¿Pero qué es un “arraigado”? ¿Uno que va a misa y cumple con las hacenderas?
Supongo que desde una perspectiva de izquierdas hay que considerar esto tan básico: todos los hombres son iguales ante la ley, pero es que, de entrada, el marco jurídico no es igual para un extranjero que para un paisano, a uno se le imponen una serie de condiciones -para por ejemplo, trabajar- y al otro no. Por no hablar que los derechos no tienen carácter absoluto. Son siempre un depende de cómo. Vale, ¿que en la Acadia todos los hombres del mundo mundial deberían vivir amparados y condicionados por la misma ley? No puedo estar más de acuerdo. ¿Pero existen Acadias en el mundo? No que yo sepa. Todos los sistemas legales diferencian entre extranjero y aforado.
Siendo crío, en las piscinas del pueblo de mi abuelo me sablearon miserablemente. Lo que a un paisano le salía casi gratis a mi me costó un dineral. Fue la primera vez que padecí en carnes aquello de la prioridad vecinal. No sirvió de nada mi apelación a ser yo tan hijo de Dios como los empadronados. A pagar. Hijo de Dios serás, pero no vives en el pueblo, me dijo en el de la taquilla para descojono general. Alguien tan poco susceptible de voxismo con el concejal San Juan apela a este mismo concepto de vecindad -y con razón, creo- para pedir un trato prioritario para los guías del país, frente a los que vienen de fuera. Unos dejan aquí su dinero, son nuestros vecinos, los otros no. Pero claro, esto es una prioridad razonable, la vecindad. Aunque, no crean, difícil de aplicar en la práctica, después de todo, ¿un trabajador con papeles tiene o no tiene derecho a trabajar en todo el territorio nacional?
En cualquier caso me parece que si la vecindad es prioritaria y razonable, la nacionalidad, en según que casos, tampoco sobra. Ni que sea por aquello de que en caso de guerra al que llaman a filas es al paisano. Es cuestión de ver en qué situaciones, cómo, de qué manera…
Sin olvidar el trasfondo, que ciertamente, la “prioridad nacional” tiene un tufazo xenófobo que tira para atrás al tiempo que amenaza con romper el concepto de iguales ante la ley. Pero, a la hora de la verdad, dependerá de dónde, cómo y cuándo. Y sin engaños ni miedos estúpidos a las palabras malsonantes, no es cierto que la ley nos trate igual a unos y otros. Tan cierto como que todos tenemos que luchar para que algún día esa utopía universal de la “ley del mundo” sea una realidad. Ojalá. Y lo de la prioridad nacional, ciertamente, no parece un paso adelante.













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