Si, ya sé que parece una canción de locomía, pero de alguna manera hay que llamar al viaje de Vox siguiendo las huellas erráticas y erróneas de Podemos.
Ambos nacen de la debilidad del partido tradicional de su orilla, crecen por la oposición del tradicional de enfrente, se purgan como los diez negritos hasta dejar solos a Garriga o Pablo Fernández, echan a los convergentes templados como Espinosa o Errejón, toman dinero de iraníes de dentro o fuera, lo meten en los monederos o los kikos, y negocian en su “prime” estresando a sus socios de gobierno con bufetes libres de sapos para después parasitarles hasta su “enchaletización”. Abascal es el otro sociólogo con chalé en Madrid.
Santiago e Iglesias se consideraban guardianes de las esencias hasta que toca gobernar. Entonces, los antisistema actualizan su sistema con consejerías huecas en administraciones en las que no creen, y obligan a decir “prioridad social” o “prioridad nacional” a un socio mayoritario que tiene los dedos cruzados tras su ancha espalda, y entonces, el mismo que no podía dormir con ministros de Podemos, pasa a compartir cama, y la misma que no iba a ninguna parte con los que deshumanizaban la inmigración, comparte despacho.
Estos dos sociólogos saben que lo peor para sus intereses electorales es el asiento del copiloto de gobierno con volante de peluche y amenazan con bajarse nada más subirse. Pillar cargo sin hacerse cargo, ser gobierno y oposición a la vez te da la misma libertad que una gallina en libertad. Marea, hunde y te van cambiando de sitio.
Vox aprende de Podemos y también está adaptando su wokismo en una versión retro de derechas. Confunde estar en minoría con creerse una minoría oprimida frente a la izquierda mayoritaria opresora y antepone su idea de justicia a la realidad con el coñazo del sexo y la raza. Vox dice que quien está en peligro es el hombre blanco español heterosexual. Mierda, ahora que habíamos convenido que solo existe una raza, la humana, dos sexos y tantas sexualidades como mayores de edad, vienen unos señores a recuperar el paraíso perdido antes del feminismo, del ecologismo, del humanismo…macho y borracho quiero llegar al rancho.
A esa histeria sobre la historia, esa visión sagrada de su forma de pensar se les une ahora la posibilidad de cancelar. En Murcia, han pedido anular a Soziedad Alcoholika por afinidad proetarra y a La Polla Records porque su cantante Evaristo, al que Iglesias propuso como ministro de cultura, insultó a un policía en el festival “primavera trompetera”. El niño repelente del asiento de atrás que pide al padre que cambie la música porque han dicho lo de la fruta. O en una pataleta desde el maletero.
Han pedido también que cancelen los estadios que pitan el himno español, que los vascos y catalanes no jueguen la Copa, que el orgullo gay se celebre fuera de las ciudades, separar las denuncias de extranjeras y españolas, abrir un canal de violencia familiar para hombres, meter en la cárcel a los que hacen bromas con los toreros… y todo porque creen que su universo wokevox es más sagrado que la Ley o la libertad.
Ha tenido que venir Vox para darnos cuenta de que lo woke ha sido siempre de derechas. Por identitario, nacionalista y colectivizador del individuo, y hasta de las clases sociales. El nacionalismo es el protowokismo. Esta semana, “Junts per mal” ha boicoteado a Eduardo Mendoza por catalanofobia al decir que Sant Jordi maltrataba a los animales, sobre todo a los dragones. Mariscal, qué maltrató a un perro para conseguir a Cobi, salió a defenderle y también le han ladrado.
Esa falta de humor o de tolerancia nos traerá a la derecha amargada, ofendida, ridícula, pero en lugar de comenzar los discursos con todas, todos y todes lo hará con españoles, hijos de españoles, arraigados… Ese wokismo es la decadencia de los nuevos partidos que beneficia, no tengan duda, al PSOE, porque Sánchez ya pasó ese sarampión que tiene a Feijóo en pleno sarpullido. El PSOE ya domó a la fiera propia y tiene a la ajena trabajando a su cuenta ajena. Ya aprendió a prometer sin comprometer. Feijóo se enfrenta por fin a su paradoja, hacer lo que criticó, hacer política con los de la antipolítica, con el agravante de que el wokismo de derechas es más peligroso que el de izquierdas, porque uno crea derechos (por ridículos que parezcan) y el otro los suprime. Uno mete a minorías en la realidad social (por minoritarias que sean) mientras que Vox saca a mucha gente en realidad. De lo trans a lo trash. Esto le pasará a Feijóo algún día, no a Moreno Bonilla que ha aprendido a no alimentar a la bestia. Ha aprendido, como Sánchez que, si uno no hace su oficio, el tiempo hace su oficio.













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