Artículo de opinión de Guillermo San Juan Benito, concejal de Segovia en Marcha en el Ayuntamiento de Segovia.
Viajar es una conquista para buena parte de la mayoría social. Lo que antes sólo estaba al alcance de unos pocos con mucho dinero en el bolsillo, hoy se ha hecho mucho más accesible: en mayor o menor medida, todo el mundo es vecino del lugar en el que vive y turista en otros momentos y lugares.
El debate que se ha abierto en nuestro país especialmente en este último año no pone en entredicho esta conquista, sino que, además de advertir de su impacto medioambiental, de su escaso valor añadido y de la precariedad sobre la que se sustenta, señala una derrota: las consecuencias del turismo desmedido, masificado, que se olvida de que, en las ciudades, antes de que llegaran los ríos de turistas, había vecinos y vecinas. Y en esto, nuestra ciudad es un buen ejemplo: Segovia siempre ha sido una ciudad con turismo por nuestro impresionante patrimonio, pero a día de hoy es una ciudad turistificada. Por mucho que el PP y el PSOE no lo quieran ver.
Además de esto, en Segovia se sufren las consecuencias del incremento desproporcionado del peso de la universidad privada que ha multiplicado su alumnado exponencialmente desde el año 2012. Esto ha roto los equilibrios previos que se mantenían con la UVA y ha desbordado la capacidad del mercado de vivienda de absorber semejante demanda. Las consecuencias las conocemos bien: aumentos desorbitados del precio de los alquileres que se ha contagiado también a la compraventa de vivienda, desplazamiento y expulsión de la población joven, trabajadora y más precaria hacia otras zonas, fundamentalmente hacia otros municipios del alfoz… Este proceso de expulsión de población por el precio de la vivienda, lo que se conoce con el “palabro” gentrificación, tiene cifras y lo venimos denunciando desde hace años: 7.000 segovianos y segovianas menores de 45 años se han tenido que ir de nuestros barrios porque no han podido encontrar una vivienda digna y asequible donde construir su proyecto de vida.
En Segovia azota una tormenta perfecta, una combinación perversa de turistificación y gentrificación por el impacto de la IE University con efectos devastadores sobre la vivienda. Y su dimensión ha llamado la atención de investigadores y medios de comunicación de ámbito nacional: hemos abierto informativos por el incremento de casi un 25% de los alquileres el año pasado.
Estos dos fenómenos han acrecentado a niveles nunca vistos el problema previo que nuestra ciudad ya sufría por falta de planeamiento y desarrollo urbanístico, la total inacción de la Junta de Castilla y León en materia de vivienda y la incapacidad del ayuntamiento para dar una respuesta mínimamente eficaz a todo ello. Y en este sentido la falta de iniciativa pública persiste: 30 años después de la última promoción pública de vivienda de la Junta en Segovia, el gobierno autonómico se limita a desarrollar, en suelo cedido por el ayuntamiento, 92 viviendas colaborativas financiadas con fondos europeos que no llega ni de lejos a compensar las viviendas retiradas del mercado de alquiler estable reconvertidas en pisos turísticos irregulares que operan en nuestra ciudad, el 85% de este tipo de alojamientos.
Ante esta compleja situación, cambiar de modelo productivo y apostar por medidas públicas en el ámbito de la vivienda son iniciativas imprescindibles para recuperar el control y hacer de Segovia una ciudad de futuro, una ciudad para vivir. Y además son vasos comunicantes: si Segovia quiere industria, necesitamos vivienda disponible, asequible y accesible para la población que trabaje en ella. Industrialización y vivienda van de la mano, la una necesita de la otra, y no sólo lo decimos desde Segovia en Marcha: tanto la FES como la UGT en sus estudios previos para el plan de fomento industrial apuntan también a esta cuestión. En este contexto, cuanta más vivienda acapare el uso turístico y alquiler temporal de la IE, menos vivienda disponible habrá para las familias trabajadoras que sustenten el impulso industrial que necesita nuestra ciudad.
Segovia no está condenada a ser un parque temático de turistas y de estudiantes bussines class. Hay alternativa, pero pasa por tener claro algo evidente: no vamos a encontrar soluciones profundizando en el problema. Aunque esto no guste a algunos poderes fácticos de la ciudad, Segovia no puede seguir viviendo solo del turismo y eso conlleva tomar decisiones diametralmente opuestas a las actuales, cambiar las prioridades, las del gobierno de Mazarías y también de gobiernos anteriores.
Y en esto, como en todo, ponemos sobre la mesa medidas concretas, factibles y efectivas: declarar Segovia como zona tensionada, implementar un plan municipal de vivienda, desarrollar la primera fase de Las Lastras, frenar más pisos turísticos en la ciudad con una moratoria municipal a nuevas licencias y modificar el PEAHIS para definir mejor estos usos, impulsar una tasa turística para que la ciudad amortigüe el impacto del turismo en nuestras arcas municipales y hacer de Prado del Hoyo y del puerto seco una prioridad como ciudad, forzando a la Junta de Castilla y León a que garantice su financiación como proyecto de interés regional.
Hace poco, en el primer foro por el derecho a la ciudad “Segovia no se vende”, Manuel Saravia, el que fuera concejal de urbanismo de Valladolid, nos recordaba que las transformaciones no son inmediatas y a veces no requieren de medidas especialmente sofisticadas. Sí necesitan, sin embargo, de dos cosas básicas: voluntad y constancia. En eso estamos.
Artículo de opinión de Guillermo San Juan Benito, concejal de Segovia en Marcha en el Ayuntamiento de Segovia.













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