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Santiago Lorenzo: “Mi problema no es la España vacía, es la saturada”

“Mi problema no es la España vacía, mi problema es la España saturada, eso es un problemón de la hostia. Vengo de Madrid cinco días, y donde estaba no paraba de sonar jingle bells, jingle bells… Y así todo”…”¿Quienes son los asquerosos? ¿Habéis visto la televisión del metro de Madrid¿ Pues ese es un ejemplo absoluto de asquerosidad”, explica Santiago Lorenzo, autor de Los asquerosos.

La novela es el fenómeno editorial más raro de los últimos años. 75.000 ejemplares vendidos de un autor, harto underground, cineasta de mérito venido a menos, que hace unos años optó por irse a vivir por pongamos Matabuena, harto de las navajadas, los microproblemas y, sobre todo, esa capa de plástico hortera que parece recubrir todo lo urbano. Jingle bells, jingle bells, compra y se feliz…

Allí, en plena Castilla profunda, Lorenzo escribió Los asquerosos, la irónica odisea de un fuera de la ley que termina de Robinson en un pueblo abandonado y donde contra todo pronóstico encuentra su lugar en el mundo. Eso a pesar de los intentos de esos Viernes indeseados que en forma de familia Mochufa irrumpen un buen día en la aldea del protagonista a lomos de 4×4 y bicis de montaña dispuestos a convertir “la isla” en la sala de exhibiciones del Decathlon.

Lorenzó llenó la segoviana librería Intempestivos el 23 de diciembre, haciendo  gala de su carácter inclasificable, una especie de cruzado contra la estandarización y los tópicos. “Yo me dediqué al cine y me daban por el orto todo el día”. Devastador sentido del humor. ¿Cómo es posible que un libro como Los asquerosos triunfe? “Ni idea. La verdad es que escribo pasando de vosotros -le decía al público-, son cosas que haces tú solo y se me ocurren comparaciones muy al caso pero no es cuestión de soltarlas aquí”. Al final, el objetivo es escribir “algo que no me daría vergüenza si lo lee gente de mi familia”.  Aunque no tan solo, pues no se cansa de agradecer los desvelos de la igualmente exitosa editorial Blackie Books. “¿Sabéis?, la mejor frase de la novela es de ellos, Arrea jacta est. Mi novela era de un personaje y poco más, está el tío del protagonista, que cuenta la historia, pero que apenas tenía importancia. Ellos me dijeron que había que darle personalidad al tío y muchos me dicen que es el mejor personaje de la historia. Enfín…”

La España vacía como solución vital

Iconoclasta, estrella anti-estrella, el caso es que Lorenzo, al vivir en un pueblo de Segovia, del que nunca dice el nombre pero que serán 10 en invierno, y escribir sobre un náufrago de la España Vacía, no pocas veces es presentado como una especie de portavoz de esos pueblos abandonados y dejados de la mano de Dios… ¡Él, que se define como un turista rural de Portugalete! De hecho, Lorenzo, a partir de su éxito, podría perfectamente estar ahora mismo ganando sacos de duros entonando el blues del último rural en estas jornadas que se estilan sufragadas por las diputaciones. Pero no.

“A ver, es verdad, hay injusticias en Teruel, en Guadalajara, en Soria… Pero ¿no las hay en la gran ciudad? Para mí la España vacía es una gozada”, cuenta, y contra la queja de falta de servicios y de abandono Lorenzo esgrime la teoría de los microproblemas. “Carencias de servicios hay en todos lados. Si mañana te vas a Cuéllar te vas a encontrar microproblemas también. Cuando yo llegué a Madrid me encontré todo tipo de problemas y se supone que allí hay todo tipo de servicios”. Para Lorenzo la España vacía es la solución y la España saturada, el verdadero problema.

Lo dice un hombre que será el único varón residente en la comarca y menor de ochenta años que no va en coche. Lo vendió hace años y eso le ha convertido en un cliente premyum de Linecar. La estación de buses Segovia es su Barajas particular. Y como paleto adoptivo ha terminado por desarrollar esas pequeñas liturgias pueblerinas que hacen los de pueblo siempre que visitan la capital. Raparse en tal peluquería, o saludar al paisano que lleva tal bar, o irse a un piso a putas, o comerse un pollo a l’ast… En el caso de Santiago Lorenzo el rito pasa por comprar Grumis en la Pastelería Acueducto, frente a la estación. “Es un pastel de hojaldre con mantequilla dulce y un baño de albaricoque, cojonudos, siempre que paso compro”, prescribe.

¿Es un neo-rural? ¿Un eremita hastiado de la vacuidad del mundanal ruido? ¿Un vacilón de Portugalete perseguido por los narcos y refugiado en la Castilla profunda? Ante todo, y como lo define el entrevistador del acto, José Antonio Gómez Municio, es un escritor como la copa de un pino. No es que escriba bien, que lo hace, tiene una voz muy personal y además cargada de humor demoledor. Hay párrafos en Los asquerosos que consiguen ese prodigio que es que unas letras juntas te hagan saltar las lágrimas de tanto reír. Además hay profundidad y lucidez a manta, es como un nuevo Berlanga de las letras. A raíz del éxito de su última obra Blackie Books ha reeditado novelas hasta ahora reservadas a sibaritas literarios. La historia de un tipo que no folla en tres años (Las ganas), la de tres diletantes que heredan un teatro (Los huerfanitos) o la demencial historia de un terrorista del Grapo al que le toca la lotería (Los millones). Títulos todos ellos más que aconsejables.

Arriba, Santiago Lorenzo. Lleno en Intempestivos para escuchar al autor de Los asquerosos.

 

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Author: Cultura

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2 Comments

  1. Buen artículo, aunque personal. Pero sobre todo también por el entrevistador, el cual no sabía que estaba con vosotros. Saludos, Municio.

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  2. Bravo por la librería Intempestivos que pone muy alto el listón de la cultura literaria en Segovia. Todo lo contrario de lo que hace la nefasta gestión de la “Casa de la Lectura”, el proyecto fallido de la exconcejala Marifé Santiago y que tampoco mejora el continuismo de la nueva concejala Gina Aguiar. Nos refugiaremos en las librerías.

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