Que el mundo es pequeño no es un descubrimiento, es una evidencia. Fíjese, que hoy me he fijado en la posibilidad de meter en el mismo saco alguno de los pesos pesados que fueron del PP segoviano y los máximos representantes de la emergente —y temible, precisamente para los partidos del bipartidismo— Podemos. Lo mejor de todo es que me ha salido fácil.
Me estoy empeñando en hacer un prólogo y no tiene sentido. Estoy en la época en la que a Atilano Soto, estaba en todas partes. Presidía todo lo “presidible” (perdone el palabro, pero es que la RAE electrónica me ofrece como aproximación “presidiable” y no soy yo quién para esto) y en la misma órbita andaba Juana Borrego, que llegó a acumular tantos cargos electos —ya ve, era lo que se llevaba entonces— que su partido tuvo que pedirle y luego forzar en 2000 que dejara la Diputación Provincial, que eso era incompatible con ser Senadora. Se resistió una buena temporada.
En la Diputación fue vicepresidenta tercera y responsable de Cultura y Bienestar Social, que ahí es donde quería yo llegar. Desde su cargo, en los primeros noventa, Borrego encargó a un joven profesor, Juan Carlos Monedero, junto a otro, Ariel Jiménez, la elaboración del algo parecido a un protoplan de igualdad (O las directrices para hacerlo, algo que ocurrió ocho años más tarde). Más de un año de trabajo, al que, para redondear las cifras, se sumó la compra de un libro firmado también por el joven sobre la libertad de la mujer y el derecho constitucional. (No he sido capaz de encontrar la obra).
Me dicen que el empleado estaba bien relacionado con el staff del PP de entonces y me hablan de valedores del peso de Loyola de Palacio, la propia Juana Borrego y el elevado presidente provincial, Atilano Soto, hoy jubilado e imputado.
“Tenía esa suficiencia que rodea a los del ámbito universitario en su ambiente y que les hacía andar un palmo por encima del suelo en su relación con los que no están en esa órbita”, cuenta de Monedero un trabajador de entonces en la Diputación que ve lógico que en esas circunstancias hubiera “chispita” entre él y Soto.
La cosa llegó incluso a cierta confianza, que el presidente (a ver quién le tosía en ese momento) hasta le puso apodo. Y en latín, señal de máximo aprecio, si es que conozco en algo a ese señor: “Hombre Monetarius ¿Cómo estás?” parece que era el saludo habitual en los pasillos del palacio, donde el joven ya exponía ideas muy, pero muy rojeras en aquella superconservadora institución y que qué se yo qué influencias intercambió con Soto.
Juan Carlos Monedero —que a lo largo del tiempo ha realizado otros variados trabajos en Segovia— es hoy, según el CIS antes de la cocina (y hasta después), un firme aspirante a la vicepresidencia del Gobierno como “número dos” de Podemos, la misma fuerza que propone acabar con “la casta”, que es un término que yo creo que utiliza precisamente para referirse a gente como la que ha aparecido en este texto, si es que he entendido algo de los planteamientos de esos señores.
Puñetas. Si no me tomara en serio mi trabajo titularía algo como “Podemos se gestó en la Diputación de Atilano Soto y de la mano de Juana Borrego”. ¡Ná! Lo rechazo, aunque le advierto que me quedo con ganas de insistir. ¿No se da por hecho eso de que Suárez se hizo en Segovia y su breve paso por el Gobierno civil se ha elevado a hecho histórico? Pues eso.












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