Quedarse con el petróleo sin dar muchos tiros fue la opción de Trump. Ocho minutos en los que los “Delta Force” secuestraron a Maduro y mataron al grupo de sus vigilantes cubanos, funcionarios en mecedoras y “piyama”, demostrando que lo de la élite de la seguridad castrista es otro cuentito como lo de la sanidad. Patria o muerte fuera de la patria. Y la primera sensación fue de gusto por ver sacar de la cama a “Il Duce” que conduce autobuses con parada en la miseria y el exilio (80% de pobreza, ocho millones de exiliados). Qué gusto ver esposado al “licrador”, al Dictador de licra que sometía y negaba al pueblo al que conducía.
Un chándal contiene más derrota que una rendición formal o que ser dejado por wasap. Más pereza que deshacer maletas. El día que Castro cambió el uniforme militar por el nylon deportivo jubiló las revoluciones de selva y sierra en el “sofáutoritarismo” de peli, mantita y manita al que no le guste la peli. Nadie debería combinar chándal y bigote después de Freddie Mercury. Nadie le llegará jamás a la altura de sus Adidas Hércules.
Qué placer imaginar a Maduro Moros (y esposa) sintiéndose los presos políticos que negaban tener, sintiendo que le habían falsificado las pruebas como actas electorales, sintiendo que pensar distinto no debería esposarte. Pero el gusto de ver escarmentar en cabeza propia y aislada al chófer que aprendió “El Capital” de Monedero duró lo que dura el sonido que hace al caer la dictadura. Lo que dura ver escondido a un abusón abusando de un abusador. El ruido duro y el humo se van en ocho minutos y vuelve la razón y se ve y se oye que no se ha secuestrado a un dictador, sino a un traficante. No era por principios, era por intereses. Después del gusto viene el disgusto. No vuelve Corina, se queda “Dalsy” para bajar la infantil fiebre chavista. USA abusa. USA no es un país, es una S.A. El petróleo trolea la patria.
Trump, como buen psicópata, pasa de las consecuencias. Solo toma las notas que salen de sus pelotas. Él ve el derecho internacional como un chiste del que lleva quince años riéndose Maduro y a la legislación como un plomo de acumuladores de trienios que van de la negación al negocio de la negociación, “gosteando” a Leolpoldo, Guaidó y Corina. Ayer héroes, mañana gusanera. Trump nos ve a los europeos como unos “macrones perdidos” de los que burlarse por sus educadas maneras. “Bulling al gosting”.
Somos la Melilla americana. El Pepito Grillo de un grillado. La conciencia de un inconsciente. Solo nos queda calificar moralmente los actos sin perdernos en si el abusado es nuestro tirano favorito. Sin perdernos en poner la marca roja en Cuba, Colombia o Dinamarca. Porque la marca son los Derechos, que nacen de la moral y los ideales. Porque la ausencia de ideales cae en el relativismo y en el cinismo.
Para que cuando nos abusen con Groenlandia no nos quedemos helados y suene, al menos, el ruido que hace la moral al ser pisada. Europa somos la última salvaguarda de la democracia social y liberal del mundo. Con algunos deterioros cognitivos, pero menos que un señor que celebra su ochenta cumpleaños con un combate de UFC en su casa blanca. Europa sirve. Entre otras cosas para que Abascal nunca pueda ser Trump ni Iglesias pueda ser Maduro. Con eso a mí ya me sirve.













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