free web stats

Final de campaña y a la sombra de una guerra infumable

La campaña discurría según lo previsto. El PP, buscando el desmarque de Vox, acusando a los “amigos de Trump” de devenir un perro del hortelano que, en la práctica, no deja gobernar a nadie y bloquea las instituciones. Curiosamente, el PSOE, llevaba una campaña novedosa, el mantra de “que viene el fascismo”, que tan pocos réditos ha dado en Extremadura y Aragón, se matizó, y acertadamente Carlos Martínez puso el énfasis en su fortaleza: “soy la única alternativa a 40 años de PP”. IU y Podemos, a lo suyo, intentando sacar asomar cabeza en las Cortes en territorio hostil. Y luego está Vox, o sea Abascal, prodigándose por toda la región, para recoger el voto del descontento, que es su mercado, atizando la “sánchezfobia”, la “ecofobia” y la “feminofobia”.

Y así estaba la cosa, camino a lo de siempre (Vox crece, el PP no, y el PSOE baja, que no otro será el titular del domingo) cuando estalló otro impresionante episodio de la estupidez humana llevada al límite. La guerra. Como si en Gaza o Ucrania no hubiera ya suficiente ración de jóvenes sin piernas, niños asesinados, ciudades destripadas, se añade ahora la convulsión en la gasolinera del mundo que a los ciudadanos nos costará otro mordisco en nuestra anémica cartera, mordiscos que llenan las de otros, pues no hay lugar a dudas sobre la naturaleza absurda absolutamente especulativa, electoralista y mesiánica de los bombardeos sobre Irán y Líbano.

¿Qué impacto tendrá en las urnas? Pienso que no mucho, aunque evidentemente fomentará el voto al PSOE, el partido que frente a la ambigüedad del PP (aún con mala conciencia -y se entiende- por la estafa del trío de las Azores) más rotundamente ha manifestado lo obvio: No a la guerra, y menos cuando nos viene impuesta por intereses tan mezquinos. Realmente no hay por dónde cogerlo. Matar por dinero y para revertir tendencias electorales, siguiendo la batuta de Israel empeñado en asegurar su supervivencia sobre la ruinas de los vecinos (Líbano, Gaza, Siria, Irak…) Algo que no entraba en los cálculos de Abascal, cautivo ahora de sus besos a este trastornado llamado Donald Trump.

De modo que el escenario, el relato, ha cambiado. Está claro que la guerra será tremendamente costosa para Europa, que deberá ahora marcar distancias con los Estados Unidos. En un giro de guión que evidencia, más que nunca, la necesidad y ventajas de aferrarse al orden internacional y derechos humanos frente a la ley de la selva que preconizan Trump y Putin. Los amigos de Abascal.

Así las cosas, el populismo nacionalista europeo parece obligado a reinventarse, como está haciendo Giorgia Meloni en Italia, si quiere seguir creciendo. Viraje al centro, pero claro, en ese viaje de regreso al PP, ¿qué pinta Vox? Son partidos, que como les pasara a Ciudadanos o Podemos, sufren al institucionalizarse. Pierden su carácter diferenciador y entran de lleno en la política real, la de mantener las poltronas y los sueldos. Quítate tú para meterme yo. Se acabaron las fotos con Trump.

Así pues, estas elecciones probablemente marquen el techo real de Vox en la medida de que las políticas trumpistas que defienden tan caras y violentas nos resultan. De manera que el bloqueo institucional con la vista puesta en la repetición electoral para seguir creciendo y devenir una alternativa de poder real al PP, de repente, se convierte en un riesgo para el proyecto y un imponente balón de oxígeno para una izquierda en la UCI.


 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *