No había caras de sorpresa en la sala atestada de periodistas en la que Clara Luquero comunicaba este viernes, entre sollozos contenidos, su marcha de la Alcaldía que ocupa desde 2014. El hecho estaba anunciado y voceado en todos los mentideros y hasta fuera de ellos. La todavía regidora aparece desde hace mucho absolutamente desgastada políticamente. Básicamente, la ciudad no ha mejorado bajo su mandato. Ocupada en los primeros años en corregir los desastres y, sobre todo, los pufos económicos de su antecesor, sumida en el inmovilismo casi total en su último periodo y acorralada por los implacables golpes a hígado y mentón —y algunos muy por debajo de la cintura— de la oposición. Es evidente que, tirando del pragmatismo que la he oído invocar tantas veces, su mantenimiento en el puesto poco o nada podría ayudar en el intento de prolongar la hegemonía socialista en las elecciones de mayo de 2023. Luquero se va y en el PSOE se ha oído un suspiro de alivio, de esos que se sueltan cuando acaba una agonía irremediable pero demasiado prolongada en el tiempo.
Es el PSOE el que ahora, desaparecida la referencia unipersonal de Luquero, tiene por delante trabajo. Por un lado, el de hacer creíble el proyecto político encabezado por Clara Martín como alcaldesa, que no es tarea fácil. Hay que convencer a los ciudadanos y también a sus socios y apoyos de Gobierno en el último año de mandato, cuando la dinámica electoral suele derivar precisamente en el alejamiento. Por otra parte, y no menos importante, el PSOE tendrá que cuidarse mucho de que la marcha de Luquero no devenga en el descosido de las costuras, algunas muy débiles, que sujetan el actual equipo de Gobierno. Las referencias no son muy lejanas: acuérdese de cómo acabó el mandato de 2015 en el que Luquero cogió el bastón de mando, con dimisiones, gritos y portazos y concejales socialistas actuando por libre. Ya, ya se que todo el mundo se ha apresurado este viernes a decir que Martín cuenta con el apoyo de toda la agrupación local y de todos los concejales pero mire, la cosa no es unánime ni en la sede, ni en el seno del Gobierno local.
Se habrá fijado: los responsables provincial y local del PSOE, José Luis Aceves y José Bayón no han perdido demasiado tiempo en las alabanzas a la alcaldesa saliente recurriendo a los socorridos “reconocimiento”, “respeto” y “valoración del esfuerzo” y además, no han sido capaces de hacer un listado, siquiera reducido, de logros que apuntar a la gestión de la dimisionaria. Ni siquiera la propia Luquero fue capaz de patear la pelota que puso botando un periodista: “¿Cuál ha sido su mayor logro y cuál la espina que se lleva clavada?” Y sólo se le ocurrió soltar la lista de proyectos que deja inacabados: Prado del Hoyo, el Valle de Tejadilla o la prometida implantación del Centro de Innovación y Tecnificación de Alto Rendimiento de Formación Profesional. Y sobre lo peor… “Me hubiera gustado que el Centro Logístico [de Defensa] hubiera venido a Segovia”. No extraña que duela “la espinita” que se llevará también la Base Mixta. Hablaba del que ha sido el mayor fiasco de su gestión y uno de los principales detonantes definitivos de su declive político.
Lo que no se entiende muy bien es que Luquero haya optado por anunciar su dimisión tres semanas antes de que se haga efectiva y manteniendo además su agenda activada. Eso supone 21 días de palmaditas y sonrisas más o menos sinceras —depende de con quien se tope— de despedidas y de malos tragos, de discursos entrecortados por los sollozos en esta o aquella inauguración. Buena gana de castigarse. Quiero pensar que esas tres semanas actuando como “pato cojo” serán el último servicio a su partido, que en todos esos actos irán juntas la Clara saliente y la Clara entrante, que necesita mucha promoción y que la presenten a mucha gente. Se trata de convencer al personal de que será una buena regidora más allá de la consideración de que es “listísima”, en definición de Luquero, que dice también que tres años de concejala se considera amplia experiencia política y que estar empezando la cuarentena la sitúa en su mejor momento personal.
Mire, lo he visto otras veces: para bien o para mal, al político no se le conoce la valía o la incapacidad hasta que está en el cargo así que, aunque, a priori, me parece que Martín va a vestir un traje demasiado grande para su talla, la prudencia obliga a esperar a ver si lo viste con gracia. Ya, ya sé que viene de ejercer en Urbanismo y en Patrimonio; que la entrada en vigor del Peahis no ha provocado que estalle una locura de construcción y rehabilitación, que la revisión del Plan General ni ha empezado, que conseguir licencias obliga al ciudadano a armarse de paciencia infinita y gastos. También se sabe que las ordenanzas importantes, como la de protección del Acueducto, siguen empantanadas y que…
Lo cierto es que parece que nada evitará que Martín sea alcaldesa por designación directa de los suyos por mucho que fuera la número 7 de la lista electoral de 2019 y pasando por delante de nombres como los de Jesús García, Andrés Torquemada, María Ángeles Rueda o Miguel Merino de los que, a fecha de hoy, no se sabe siquiera si estarán en el núcleo duro de la nueva alcaldesa…
Por cierto, tras la marcha de Luquero, la lista socialista ya llega hasta el número 14, Javier Serrano. ¿Le parece mucho? No lo crea, que la tónica de los últimos mandatos ha llevado siempre a Ángel Berbel a ocupar escaño en los meses finales. Sepa que este pertinaz “coleccionista de medallas corporativas” está en el número 16 de la lista socialista… Pues eso. A calentar a la banda.














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