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Diario de la cuarentena: Noli me tangere

Porno Segoviano. Con el confinamiento he descubierto el canal Ñ, que el martes emitía en prime-time El fascista, la beata y su hija desvirgada. Cine “S” del 78, básicamente rodado en dormitorios para lucimiento carnal de starlettes tal que Linda Lay o Patricia Rivero, que tanta alegría nos depararon en la adolescencia desde las portadas de Lib o Interviu. Entre coyunda y coyunda, sale Segovia, pues el fascista no es otro que José Luis López Vázquez, casposo segoviano de pro que tras medrar con la dictadura ve como “los rojos” se empecinan en desmontar sus chanchullos. Arruinado, urde el plan de casar a su (supuestamente) casta hija con el heredero de una oligárquica familia segoviana de estas que recuerdan a las viñetas de Madrigal. Con motivo de la reposición de la película en un ciclo de cine hispano en 1994, de la misma dijo El País: “Enredo cómico-erótico-político, de insultante planteamiento, grosero como pocos y cutre como tantos otros. De bochorno”. Y sí, es una bizarrada completa que no la salvan ni los planos de la calle Real, Amparo Soler y la tal Linda Lay (beata e hija desvirgada, respectivamente) saliendo de misa en San Miguel, más algún cochinillo (Sus scrofa, además de guarros y guarras de dos piernas). La verdad es que es de esas películas que de pura mala se vuelve hasta buena y yo la estaba viendo con interés hasta que mis hijos se plantaron. ¿Tenemos que ver esas cochinadas cutres de babyboomer a la hora de cenar?, me recriminaban, siendo en balde que les explicara que su padre estaba realizando un abnegado trabajo intelectual de aproximación antropológica al bizarrismo postfranquista. Al final ganó la presión filial y tocó sintonizar a Pablo Motos, el gran renovador del talk-show y hoy Rey indiscutible del cuñadismo. Vuelvo a la película. No debió funcionar tan mal y cuatro años después el director Joaquín Coll reincide con una secuela, creo que igualmente filmada parcialmente en Segovia, El fascista, doña Pura y el follón de la escultura, cuyo argumento parece anticipar el trajín que se montaría en La Granja décadas después con motivo de la estatua de Carlos III. Les mantendré informados. Si alguien sabe más de porno segoviano, por favor, que no se corte (comentarios a su disposición, se respeta la confidencialidad).

Noli me tangere. Vayamos a temas más elevados. Noli me tangere, “nadie me toque”, es un tropos evangélico de ardua explicación. Refiere a lo que le espeta Cristo resucitado a María Magdalena: “no me toques, porque aún no he subido a mi padre”. El tropos ha inspirado obras cumbres del manierismo y en la Guerra Civil tuvo una curiosa aplicación: crespones que a modo de “detente bala” llevaban al pecho los soldados nacionales. La mayoría iban bajo la advocación del Sagrado Corazón pero alguno vi del “Noli me tangere”. Voy a ver si encargo uno a modo de “detente virus” que añadir a mi ya considerable equipo NBQ de mascarilla, guantes, gel, certificado de la empresa y atomizador de lejía. Digo yo que mal no hará. Pues al final es como la mascarilla, un talismán, una suerte de tapabocas para evitar esputos, que lo mismo valdría la tradicional braga de los febreros de fútbol. ¡Y a 14€ que se llegan a vender! Y esperen que está al caer la colección Versace, mascarillas otoño 2020, pues si algo está claro en esta vida es que tal vez muramos todos pero el último será un pijo. Mejor guarden como tesoro familiar las humildes de nuestro heroico Batallón de Costura, llamadas a figurar en los museos como souvenirs de la pandemia y a heredarse de padres a hijos. “A mi hijo primogénito, le lego mi humilde mascarilla de abril de 2020, que me salvó el pellejo en tan infaustas jornadas”.

Diaz Ayuso en la “fiesta del IFEMA”.

Adiós Madrid que te quedas sin gente. Con esto de la pandemia el Noli me tangere se ha cargado de un nuevo sentido. ¿Volveremos a tocarnos? Se me hace extraño reencontrar a un buen amigo en los paseos de desconfinamiento y no estrecharle la mano, abrazarle. Mantener dos metros de separación y con el rabillo del ojo atento no venga un guripa y nos la líe por “irresponsables”. En su análisis de la causalidad dijo Aristóteles que la amistad no es la finalidad de la vida, pero se pregunta el estagirita, ¿vale la pena vivir sin amigos? ¿Guapo, eh? La filosofía mola, pero hoy por hoy, cambiaría mis 958 amigos virtuales por compartir una caña con un colega de carne y piel. Pero no. No estamos para cambiar de fase. No como en Madrid, que tiene cojones la cosa. He dedicado yo que sé que montón de artículos tranquilizando al personal para que no tire piedras a los madrileños y ahora me dejan con el culo al aire. ¿Virus? ¿Qué virus?, parece sostener Díaz Ayuso mientras reclama desconfinar Madrid, que vamos, está la capital como nunca de bien, todo limpio y aseado. La buena mujer se ha ganado sitio preferente en el Parnaso de los Bobos organizando un guateque de cierre del hospital del Ifema e invitando al mismo al consistorio, la asamblea en pleno y venga de consejeros, más personal, periodistas y el sursum corda. Lo peor es que no pocos procuradores corrieron raudos a salir en la foto aunque hubiera que posar haciendo el panoli en mascarilla y bata, totalmente irreconocibles. Son así, lo llevan en el ADN, ¡si hay prensa allá que van ni que sea para un concurso de imbéciles!  Menuda peña, y hasta cobran… Visto el nivel del baranda, ¿qué hacer con el típico despistado de Móstoles que, con mujer, suegra y tres hijos y en plena fase 0, aparca el 4×4 sobre el huerto y, bajando la ventanilla, inquiere todo candor: “buen hombre, no sabrá de un restaurante que den judiones aquí en la Sierra de Madrid? !Y que esté bien de precio!”. Vale, es uno de cada 10.000, ¡pero es que son 7 millones! Claro que puede que el de Móstoles sea de la Asamblea de Madrid, y así queda todo explicado: es el mismo capullo siempre, que va dando vueltas.

Terrazas free tax… ¡Ahora! Que aquí también padecemos lo nuestro. Llama al cielo que Clara Luquero aún no haya anunciado algo tan obviamente necesario como la bonificación del 100% de las tasas de terrazas para la hostelería local. ¿De qué va? En honor a la verdad sí que oí a García Zamora hablar de una “importante bonificación”. Pero debe ser del 100% y seguida de una generosa ampliación de la extensión de las terrazas. ¿Hay que explicar la razón? La hostelería se muere. Y son tirando bajo 3.000 puestos de trabajo en la capital. Una manera fácil y asumible es liberar costes, y las tasas lo son. Y son además el elemento número uno para garantizar el distanciamiento social en los bares, y por tanto, su viabilidad en los próximos meses. Luquero tiene el punto de mira desviado. Lo digo porque esta medida tan necesaria y útil en estos momentos, contrasta con la decisión de triplicar (de 6.000 a 20.000€) las partidas para compra de libros en las librerías locales. Conste que la medida me parece muy bien, pero son 6 librerías… Bares hay a cientos y son un pilar de la economía local. ¿Aún no se ha enterado la alcaldesa? Pero la mujer, ya digo, tiene la mira desviada por lo cultural, perdiendo de vista lo gordo, lo esencial, lo que da de comer al común de los trabajadores segovianos. No entiendo, por ejemplo, su querencia a juguetear con unas supuestas “fiestas mayores alternativas” sino es para tranquilizar al sector cultural local. Al que por cierto Sánchez ha prometido una suerte de PER. Muy significativo, un Paro Especial Agrario (privilegio del que actualmente solo gozan los trabajadores de señaladas provincias socialistas). Hay que tener a los amiguetes contentos que si no se te silban en los Goya.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. “Adiós Madrid que te quedas sin gente” y se marchaba un gitano… Decía mi madre 🙂 y mi padre… Que era “gato” 🙂

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