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Si es breve, dos veces malo

En los últimos días se ha conocido el brusco descenso de tráfico a los portales digitales de noticias motivado por la consolidación de la Inteligencia Artificial en motores de búsqueda como Google. En resumen, para qué entrar en una noticia y entenderla dentro de un contexto si una máquina puede apropiarse de ese contenido y darme un resumen en cuatro líneas que tardaré en leer unos quince segundos.

El periodismo ya ofreció su sacrificio hace años cuando comenzó a darle prioridad a las noticias más breves en las webs y dejó los reportajes para las ediciones de papel porque observaba en sus métricas que cuando el contenido era extenso el lector no llegaba hasta el final. Pide por esa boquita que yo te doy lo que quieras con tal de que hagas un clic que a su vez se transformará en publicidad.

En un mundo digital donde todavía nos creemos que Internet sirve para estar más informados y para tener acceso a una gran variedad de perspectivas y opiniones —bendito el autoengaño—, lo que predomina es encerrarse en una postura determinada y esperar que vengan a mí noticias y opiniones que me reafirmen. Nos hemos convertido en un conjunto de certezas, no a partir de tener un amplio abanico informativo sino todo lo contrario, muy reducido. Y ahí estamos a gusto, en no perder el tiempo en encontrar los matices a nuestras creencias, no sea que venga alguien de fuera que sabe más de un tema y nos explote la cabeza al comprobar que no estábamos en lo cierto.

En la pandemia ya hubo un simulacro cuando se vio a médicos y científicos intentar convencer a gente que no ha abierto un libro en su vida de que lo que leían en Twitter era una basura; se encontraron perdiendo el tiempo con quien no tenía ninguna intención de escuchar. Y con el volcán de La Palma, y con el accidente de tren de Adamuz, y con el apagón en España del que todavía no se conocen las causas once meses después, y con el perro sacrificado por el riesgo de que tuviera Ébola… Goza de más repercusión quien sabe manejar mejor las redes sociales y soltar un mensaje simple que viralice, que quien lleva toda la vida formándose en una disciplina y vive de ella por ser profesional.

Cada vez que se crea una polémica donde directa o indirectamente hay un trasfondo ideológico, se puede saber antes de leer nada lo que va a pensar cada contacto de una red social y por supuesto cada político, porque llevamos años empachándonos de lo que queremos escuchar. Habrá cero sorpresas por el camino y nadie se cruzará a la acera de enfrente, no sea que lo vean los de su espectro moral y lo señalen. Es por esto por lo que nacen en España competiciones tan absurdas como El Hormiguero Vs La Revuelta, Santiago Segura Vs Almodóvar o David Uclés Vs Pérez-Reverte, competiciones en las que el pueblo llano y soberano enseguida va a Instagram a anunciarle a los suyos lo que ve y lee como muestra de pureza.

Cada vez que critico los algoritmos en las redes y la Inteligencia Artificial relacionada con aspectos culturales y de pensamiento, me siento un poco como Will Smith en la película «Yo, Robot», en la que se muestra reacio a que las máquinas sustituyan a las personas. Pero seguiré en mis trece creyendo que nos va a volver más idiotas, menos creativos, menos observadores y más fáciles de manipular (más aún, sí). O tomamos las riendas y aceptamos que el conocimiento lleva tiempo, o la brevedad nos llevará a todo eso que anuncio, no como algo futuro, sino como un problema que ya está incrustándose en la sociedad.

Feliz domingo, queridos lectores/as. No le digan al ChatGPT que les haga un resumen de este artículo.


 

Author: Alberto Martín

Profesor universitario y escritor

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1 Comment

  1. A día de hoy, lo más contracorriente, revolucionario y subversivo que existe es leer un libro. Es casi la única manera de aprender, obtener y retener inteligencia y poder tener un pensamiento libre. Internet es un atajo, que nos ha atrapado a todos por su inmediatez y adicción, pero no dá el conocimiento real en muchas ocasiones. Fahrenheit 451 conseguido. Y sin usar la violencia. Inquietante. Esperemos que todavía no sea tarde para volver a aprender de los sabios y lo que han escrito en libros, en Internet o en redes. El pensamiento único que hoy existe es aterrador.

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