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Patrimonio tala una secuoya de 35 metros en los jardines de La Granja

Las secuoyas son una seña de identidad de los jardines del Real Sitio de San Ildefonso. Hasta esta semana había doce, las dos de la plaza España -las conocidas como el Rey y la Reina, las más altas y viejas, de 180 años-, las enclavadas en el Potosí y la Casa de las Flores, y otras dos formando pareja en el Parterre de Andromeda en la zona de las fuentes. Esta semana, tras varios días de tala, Patrimonio Nacional apeaba una de estas dos secuoyas, que formaba parte de un espectacular conjunto pareadas con dos cedros del Líbano.  Un gigante de 35 metros de altura, más de 30 toneladas de madera, y 160 años de antigüedad y gravemente enfermo.

La pobre secuoya llevaba décadas mal. El hongo de la Armillaria había podrido completamente las raíces, al tiempo que la flojedad del terreno la inclinaba hacia un costado preocupantemente. “Se intentó todo, desde lo último de lo último en tratamientos silvícolas hasta un escáner de precisión traído de Alemania. Hace ya unos años que, en vistas de la inclinación que tomaba el árbol, hubo que anclarla y sujetarla. Había perdido buena parte de su frondosidad y amenazaba con vencerse“, explican los jardineros.  Un riesgo inasumible tanto en prevención de daños personales como en daños al conjunto del parterre, actualmente en fase de restauración. Finalmente, el pasado lunes se procedía a la complicada tala del gigante.

160 años de historia

Para eso se recurrió “a lo mejor de lo mejor”, explican en Patrimonio Nacional. Arboristas especializados. No ha sido un trabajo fácil, como se ve en la imagen de la derecha, hubo que combinar una grúa que sustentara el tronco y una plataforma desde la que ir serrando el enorme perímetro del tronco. Que tendrá fácilmente dos metros de diámetro. “Seis personas no rodeaban el árbol”, dicen los jardineros.  Además había que hacerlo sin dañar el parterre ni el camino, muy flojo, y empezando por una poda del ramaje, así hasta dejar el tronco mondo y lirondo. Entonces se calculó la capacidad de aguante de la grúa para empezar a aserrar el tronco por secciones de entre dos y cuatro toneladas, unas diez en total. Tras tres días de trabajo, de la secuoya de Andrómeda ya solo quedó un gigantesco tocón, kilos de serrín y pequeñas ramas testigo de los 160 años existencia del majestuoso árbol.

160 años que en términos de Sequoiadendron giganteum  son apenas haber sacado los dientes. Oriundas de California,  las hay de tres tipos, la giganteum puede llegar a medir casi 100 metros y las hay con tres milenios de antigüedad. Las del parterre de Andrómeda son de las más antiguas del Real Sitio. En 1883 Castellarnau ya refiere la majestuosidad del conjunto en el parterre, lo que invita a pensar que proceden de las primeras hornadas de secuoyas traídas a España a mediados del siglo XIX.  Si bien el cronista utiliza un curioso nombre para referirse a ellas, Wellingtonias.

Detalle de la tala. Arriba, como queda el gigantesco tocón.

Por aquel entonces se pusieron de moda en Europa los gigantes californianos. Se cuenta que por 1853 un escocés trajo las primeras semillas procediéndose a una plantación en la granadina Sierra Nevada, un poco como homenaje a la “otra” Sierra Nevada de la que son hijas las secuoyas. En su momento se dijo que fueron un regalo del duque de Wellington, de ahí lo de Wellingtonias, aunque los granadinos las siguen llamando “mariantonias” por asimilación fonética y por la guasa. Requieren veranos secos e inviernos con nieve, pero también lluvia. De manera que La Granja era una candidata clara a experimentar la novedad. Y aunque estos árboles no pegan con el estilo versallesco de las fuentes ahí empezó su historia, con gran éxito. Hoy en La Granja hay secuoyas no solo en los Reales Jardines, también en el Paseo Pocillo, en el club de tiro, en Villa Bragas, y en algunos otros parajes del municipio. Son una seña de identidad granjeña.

Secuoya partida por un rayo en la Casa de las Flores.

Malos tiempos para las secuoyas

De ahí los desvelos en la conservación de la secuoya enferma de Andrómeda, que finalmente no han dado resultado. No están siendo buenos tiempos para los majestuosos árboles del palacio. A finales de 2019, víctima de un temporal, caía un enorme cedro del Libano -otro que tal- en la Casa de las Flores. El cedro se ubicaba en las proximidades de otra secuoya que, unos años antes, un rayo tronchó partiéndola por la mitad.

Como insisten en Patrimonio, para salvar la del parterre no se escatimaron medios, pero al final un pequeño moho pudo con ella. Lo cierto es que tras 30 años de agonía lucía escuchimizada, especialmente en comparación con su hermana, sana y vigorosa. Tras la tala se vio que más del 50% del árbol estaba muerto. El peligro de desplome era inminente. Contra lo que pueda parecer no son árboles de madera densa, al revés, es madera muy porosa, aunque los jardineros explican que “muy pesada”.

Oficialmente no está claro si se sustituirá la pieza caída. Desde luego, hay interés en mantener las secuoyas como icono del parque, si bien, según explican los jardineros, hace quince años se retiraron un grupo de secuoyas jóvenes que se habían plantado en la zona del bosque. Dicen que de esa hornada aún queda alguna por los jardines de La Granja.

Una imagen del parterre tomada en junio donde se aprecia el mal estado de la secuoya abatida. Foto Juan Pedro Velasco.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Y las que están en el Club de Tenis o el Tiro

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