Si me lo dicen cuando andaba por las calles con pantalón corto entre las nieves de las calles que se me antoja que me llegaban por la cintura no me lo creo: en Segovia, en diciembre la vida se hace en la calle. A ver, si uno no pasea por el Azoguejo no se encontrará con esas caravanas de políticos —qué gente más simpática ¿no?— entre los que se distinguen caras que el resto del tiempo solo vemos en la tele. ¡Chico! Ministros, diputados de otros sitios, presidentes de autonomías, dirigentes de partido. ¡Y todos dicen lo mismo! La coreografía de la política. Una delicia.
Bueno, la caja tonta —antes un periódico y una radio y luego, todos— han dado muchos minutos al aspirante a repetir por Segovia como diputado del PP, Gómez de la Serna, un hombre con casa en el alfoz, pero al que muchos ciudadanos, a los que representa hace cuatro años, le han puesto cara ahora y ha sido con ese fondo oscuro de la sospecha a causa de sus negocios particulares, muy muy lejos de aquí. No tenemos suerte, que nos cae del cielo cada uno… Un día hacemos la lista, si quiere.
Había que estar en la calle también este domingo para encontrarse con la manifestación de tres centenares de ciudadanos —la cosa crece, ya no son solo los de los barrios incorporados— cabreados por la subida de precios del agua y la eliminación de las bonificaciones que había para los barrios periféricos. No es la primera vez y advierten que van a estar ahí cada semana hasta que se rectifique la decisión…
Seguro que se ha fijado en el progresivo enrarecimiento que se está dando entre el Ayuntamiento y el movimiento vecinal desde que se inició este mandato. Cómo estará la cosa que oí a Mullor, el presidente de la federación vecinal, acusar directamente a un responsable del área de trabajar para dinamitar cualquier entendimiento… Otra mancha más al tigre de la regidora Luquero, que ya va teniendo rayas.
¡Y coches! Que el otro día presentó orgullosa uno eléctrico que usarán los trabajadores municipales y que al parecer representa un nuevo paso hacia la sostenibilidad, aunque luego la alcaldesa dijo que la compra era testimonial… El Twizzy ese —¡qué no salga como el autobús eléctrico, por Dios!— cuesta unos 8.000 euros y se ha vendido 134 unidades en total en todo el país en lo que va de año.
Antes, Pingüinos era una concentración para aguerridos moteros dispuestos a vencer el rigor del invierno en pleno campo, aunque según va el clima va a acabar siendo una excursión con picnic…
La cosa es que, con lluvia o sol, la concentración motera puede trasladarse este año a Cantalejo, lo que sería una excelente noticia para toda la zona: publicidad a medio plazo y dinerito fresco en el acto. Todo un caramelo. Pero claro, sería con gran cabreo para el Ayuntamiento de Valladolid, que el mismo fin de semana de enero contaba con reunir allí a los mismos moteros… Hay mal rollo, ya se lo digo. Pues advierto a cuantos pucelanos me leyeren que voy con los briqueros.
En la calle, y hasta en los montes, me dicen que se han pasado el fin de semana vecinos de La Granja que decidieron ejercer de patrulleros ante la ola de robos —seis domicilios entre el viernes y el sábado— que se estaban produciendo en Valsaín. La cosa llegó a extremos de verse carreras aceleradas de vehículos todo terreno y personas por los caminos cercanos, teóricamente persiguiendo luces… Hombre, un poco de calma y que actúe la Guardia Civil, que es la que sabe. Ya verá como la subdelegación del Gobierno, en ocho o diez días (como mucho) nos lo explica todo en una nota de prensa.
Si los plazos se dilataran ya pediré en la redacción que le pregunten directamente al jefe de los Guardias Civiles, Fernando Gil, al que los periodistas le van a dar el premio “San Frutos” por las buenas relaciones laborales que mantienen. El malo se llama “Domine Cabra” y se lo va a llevar la presidenta de la Federación de la Mujer Rural, Juana Borrego, a ver si así moderniza sus estructuras de comunicación. Por cierto, los periodistas también han cambiado de presidente, el veterano Miguel Ángel López, junto a una ejecutiva en la que son nuevos los vocales. Pues enhorabuena y éxito.
¡Leche! Le voy a dejar que oigo fanfarrias y eso solo puede significar que viene una comitiva electoral que no me quiero encontrar, que ya me he leído los programas y de regalitos van flojos, que solo dan panfletos y globos y mire, no estoy para gaitas.
A ver si tengo suerte. La última vez que me escapé acabé metido en la parroquia de Nueva Segovia, en un concierto de música barroca en la que el instrumento más destacado era la teorba —una especie de guitarra con un supermástil que para sí lo quisiera Erick Clapton— y yo era el más joven, de largo, entre el público… Pues fue la mar de interesante.
¡Ah! Que no me olvide de contarle el éxito del rastrillo solidario de la Asociación Contra el Cáncer (dicen que vendieron todo lo que llevaron) o el concierto de Anref, por citar algunos del principio y el final de la semana. Es la época, que aquí se prepara la Navidad así.
Vale, voy a tomar aire. La semana que viene, palabrita… hablaremos del Gobierno.
















Últimos comentarios