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Memoria histórica y las lecciones de los muertos

Excavaciones ARMH en El Espinar.

No ha sido España un país especialmente agradecido para con sus soldados muertos. Los impresionantes memoriales, el culto a los caídos es cosa de franceses e ingleses tras la IGM y fue una moda un tanto impuesta por la importancia política que adquirieron las asociaciones de ex-combatientes. Anteriormente, el clasista ejército de antaño, reservaba los honores a los “heroicos oficiales”, hijos de la oligarquía los más. La carne de cañón, chavales mandados a la guerra para defender las ambiciones del hijo de puta de turno, terminaba como fertilizante histórico, anónimos huesos sepultados en fosas.

El enterrador de El Espinar explica que bajo los apiñados senderos del cementerio hay más de 900 soldados enterrados. Aquí y allá se encuentran lápidas,encargadas por las familias de los oficiales, y que tras el nombre del finado añade “y doce soldados”. La zona fue el punto y final para cientos de jóvenes movilizados. 900 jóvenes en tres años, se dice pronto.

En el Guadarrama se practicaba una guerra posicional. Las dos principales ofensivas republicanas se basaron en intentos de desborde cuasi-frontal por sorpresa. Una carnicería para ambos bandos. Cuando los nacionales desalojados de alguna posición lograban recuperarla tocaba la hora de recuperar también los cuerpos de los compañeros. Cadáveres reventados, con heridas brutales y medio podridos (o del todo). Enviar a sus familias esos restos en esas condiciones era impensable. “Los cargababan en carros y los llevaban al cementerio”, me cuenta un voluntario de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Sin caja ni sudario, según los descargaban los lanzaban al hoyo. Algún funcionario municipal consignaba los nombres de los “descargados” según el manifiesto que traía el carretero. Y así deben figurar en los registros.

Junto a una fosa de soldados del bando ganador se extiende la destinada a 17 republicanos muertos durante los anárquicos comienzos de la contienda, en el contexto de la lucha por el Alto del León. Son los milicianos exhumados por ARMH. Terminada su humanitaria labor, acometida sin un  euro de subvención y por voluntarios, ARMH ha dejado el lugar tal como lo encontró, con una modesta placa que pone “Vuestro sacrificio es el ejemplo a seguir”.

Los huesos desenterrados están ahora en un laboratorio. Los cuerpos no reclamados, que probablemente sean todos menos el de Eugenio Insúa, cuya familia es la impulsora de la exhumación, volverán al Espinar y ARMH pide al ayuntamiento que esta vez el municipio les dé sepultura en condiciones, de manera individualizada y en un panteón específico. Me parece lo suyo.

También me parece lo suyo recordar a todos y cada uno de los soldados caídos, con independencia del bando. Me da igual si fascistas o antifascistas. Tal vez con algún plafón que explique los momentos más duros, con los nombres de los allí enterrados de los que se tenga constancia. Toda memoria que se centra en unos aspectos y olvida olímpicamente otros es memoria selectiva. Es un auto-engaño destinado a justificar nuestro presente.

¿Un ejemplo a seguir? Cada cual es libre de creer en el relato que quiera. El mío se basa en mis abuelos. Uno que terminó en una fosa pero nos lo dejó bien claro en la carta que de él guardo y escrita en los días previos de pasar por el paredón: “perdonad a los que me mandan matar”. El otro, tras salir indemne del Ebro, los campos de concentración y los penales, me dijo que la guerra es la peor de las desgracias y que hay que evitar a toda costa. Que llegado el caso no me presente voluntario a nada y por allá donde campe mi unidad me busque una novia carnicera. Él abuelo muerto me lega una señora lección de la muerte; el abuelo vivo otra, pero de la vida.  Las dos lecciones mejores que nadie me dará.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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