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Los últimos Jerónimos muestran los secretos de El Parral

Son los últimos seis jerónimos que quedan en el mundo. Los monjes de de Santa María del Parral, en Segovia. La orden de San Jerónimo surgió en Castilla en el siglo XIV con la idea de imitar a su inspirador, Padre de la Iglesia y traductor de la Vulgata, la Biblia trilingüe que durante mil años rigió el cristianismo. Con fama de austeros y eficiente, los jerónimos fueron una orden de “élite”, con comunidades seleccionadas y de pocos efectivos que se ganó rápidamente el favor de la alta nobleza y, especialmente, de la corona. Tenían una particularidad, solo estaban en España y Portugal, lo que matizaba la influencia de otros países y les alineaba con el regalismo hispánico. Durante siglos, de la orden salieron hornada tras hornada de estadistas, confesores reales, consejeros… Llegaron a tener más de 60 conventos, ¡y qué conventos! Guadalupe, El Escorial, Yuste, Belem (Lisboa) San Jerónimo el Real, El buen Retiro…

Actualmente solo queda la pequeña comunidad de El Parral, con su prior fray Andrés García Torralvo al frente. En el siglo XIV el jerónimo luso, Beato Lorenzo, dejó escrito que “la  orden tiene determinado desde sus principios ser pequeña, humilde, escondida y recogida”. Tal vez por ello, El Parral no es fácil de visitar. De miércoles a domingo con visitas a las 11 y a las 17. Normalmente la visita se restringe a la iglesia, espléndida, y alguno de los claustros.

Por esta razón, la celebración del XVI centenario de la muerte de San Jerónimo y la exposición de una muestra iconográfica dedicada al santo, presenta una magnífica ocasión para acercarse a la vida de estos últimos jerónimos y conocer también la “trastienda” del convento. La formidable sacristía, la antesacristía con un fresco de Francisco Rizi, el claustro principal renovado en 1925, el de la portería, con sus impresionantes vistas a Segovia. Todos estos espacios se han utilizado para enseñar diferentes imágenes de San Jerónimo, “el santo más pintado de la historia”, explica el prior.

Claustro de la portería.

La exposición se inaugura el 28 de septiembre (18 horas) con una conferencia, vísperas solemnes y recorrido por la exposición. Los mismo el domingo 29 de septiembre (17:30). A partir de ahí, y hasta el 2 de noviembre, visitas todos los sábados a las 17:30. El ciclo terminará el 7 de noviembre con vísperas dedicadas al beato Manuel de la Sagrada Familia.

Buen momento también para conocer la historia de una de las joyas de Segovia, el Parral. Fundado bajo mano por Enrique IV en 1447, siendo aún príncipe. De esa época, regalo a los monjes de Juan II, es la que fuera joya pictórica del convento, el retablo la Fuente de la Gracia, de Van Eyck, obra cumbre del gótico, que pasaría al Prado tras la desamortización.

Fray Andrés en el espacio dedicado al Beato Manuel de la Sagrada Familia.

A pesar de las colosales dimensiones del convento, El Parral llegó a albergar a no más de 45 frailes y legos en su mejor momento. En 1654 un incendio destruyó los edificios monacales, pero lo peor estaba por llegar. Como a tantas órdenes religiosas, el Estado les expropió definitivamente los bienes en 1836, los monjes se fueron. Pero como eran una orden exclusivamente hispánica, ¿para ir dónde? No tenían futuro.

A finales del XIX no quedaban jerónimos en el mundo  y el monumento segoviano se vio sumido en el abandono, hasta el punto que el consistorio estuvo a un tris de demoler El Parral. Se salvó in extremis. En 1916 se declaró monumento nacional iniciándose tímidamente la rehabilitación del edificio.

Calustro Principal

Que no llegaría hasta 1925. Cinco años antes, con motivo del XV centenario de la muerte de San Jerónimo, el banquero madrileño Manuel Sanz, se hace el firme propósito de restaurar la orden Jerónima. Consigue de Pio XI el respaldo para el proyecto y se planta en Segovia, donde el obispo le cederá el ruinoso convento. Con el nombre de fray Manuel de la Sagrada Familia, Sanz toma los hábitos y con cinco compañeros inicia la recuperación de la orden, así como los trabajos de restauración del Parral. De ese tiempo es el nuevo claustro principal, sobre el original mudéjar y uno de los tres con que cuenta el convento.

Pero eran tiempos difíciles. El laicismo de la II República no se lo puso fácil a la pequeña comunidad, que a mayores, hubo de enfrentarse al asesinato de fray Manuel en Paracuellos del Jarama en 1936, razón por la que fue beatificado. Bajo el franquismo, en cambio, soplan aires favorables. Desde la casa madre de El Parral los jerónimos logran reabrir las comunidades de Yuste, Murcia y Javea.

La sacristía.

Pero seguían siendo una comunidad pequeña y modesta. La crisis del cristianismo en el último tercio del XX mudó la expansión en declive. Cuando le preguntan a fay Andrés qué pasará con El Parral cuando ellos ya no estén, se encoge de hombros. “No me lo planteo”, responde. Entre tanto, los trabajos de rehabilitación no paran. La última hornada, 1,3 millones de euros aportados por el gobierno central para la recuperación de las cubiertas.

El protagonista de la exposición es San Jerónimo. Como se ha dicho, padre la iglesia, y uno de los santos más venerados.  Nacido en Dalmacia, en el siglo IV, en una familia gentil, descolló como retórico y gran conocedor del latín y el griego antes de su conversión. De Roma pasó a Siria y Tierra Santa, donde estudió hebreo y empezó sus trabajos de traducción de la Biblia, vertiéndola a un latín vulgar para su mejor conocimiento, con las versiones griegas y hebreas. En este tiempo es el episodio del león, inspiración de tantos pintores. Un león que es curado por el santo y, tras ser adoptado por la comunidad, desaparece un buen día al tiempo que la mula del convento. Blanco y en botella… Pero resulta que el león salió precisamente para rescatar a la mula, robada por los ladrones.

Jerónimo, junto a San Agustín, marcó la teología de la época y especialmente la exégesis. La Biblia es un texto oceánico, él dio forma a las primeras interpretaciones que pusieron en pie la ortodoxia católica cerrando buena parte de las diatribas entre facciones que marcaron aquellas incipientes etapas del cristianismo. Fue secretario del papa Damaso I, de allí que se le considere el “primer cardenal” o “espejo de cardenales”, si bien la figura no sería instituida en el catolicismo hasta el siglo XI.

Arriba, escultura de San Jerómino en la sacristía. Belén que recuerda el paso del santo por Tierra Santa en la antesacristía. Bajo estas líneas, diversas vistas desde El Parral.

Las rencillas y el politiqueo le llevaron a renunciar a la carrera eclesial en Roma y partir a Tierra Santa, junto a su infatigable compañera Santa Paula. Allí conoció a los eremitas de Egipto, e influido por ellos, pasó sus últimos 35 años en la soledad de una gruta. Es, por así decir, el paradigma de clérigo que renuncia a las pompas del conocimiento y el poder para devenir ermitaño. Semidesnudo, con el león y los libros, en la austeridad de su cueva, San Jerónimo ha sido un leit motiv inspirador de la iconografía cristiana. Greco, Caravaggio, Alonso Cano, El Bosco, Leonardo da Vinci…

 

Author: Cultura

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