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La matanza de los Santos Inocentes

La cercanía de la fiesta de los Santos Inocentes me trae el recuerdo de la familia de mi bisabuela doña Ramona, que les tenía por sus patronos celestiales, y solía reunirse a almorzar cada 28 de diciembre, intercambiando regalos y versos. Esta fiesta familiar, que procuro recuperar desde hace algunos años, me lleva de la mano a ofrecer al lector algunas noticias de esos famosísimos y celebradísimos Santos, porque me parecen extraordinarios, ya que son Santos de antes de Cristo y del Cristianismo… ¡unos Santos precristianos, lo que ya tiene mucho mérito!

La festividad de los Santos Inocentes conmemora uno de los episodios más trágicos narrados en el Nuevo Testamento: la matanza de niños ordenada por Herodes el Grande en Belén. Este acontecimiento, que ha trascendido su origen religioso para convertirse en una celebración popular con características únicas en diferentes culturas, me llama la atención porque representa una compleja intersección entre nuestra fe, la historia y nuestra tradición popular.

El relato fundacional de los Santos Inocentes se encuentra en el Evangelio de Mateo (2:16-18), donde se narra cómo Herodes, rey de Judea, Samaria, Idumea y Galilea, tras ser informado por los Magos de Oriente sobre el nacimiento en Belén de un nuevo ‘rey de los judíos’, ordenó el asesinato allí de todos los pequeñuelos varones, menores de dos años. Según el texto evangélico, esta orden buscaba eliminar cualquier amenaza al trono herodiano, incluyendo al recién nacido Jesús, quien logró escapar gracias a la advertencia divina que, recibida por José en sueños, le llevó a huir a Egipto con su Sagrada Familia.

La historicidad de los hechos ha sido objeto de intenso debate entre historiadores y teólogos. Si bien no existe evidencia arqueológica o documental contemporánea, fuera de los textos cristianos, que corrobore específicamente la masacre, el perfil histórico de Herodes el Grande, tal como lo describe Flavio Josefo, muestra a un gobernante paranoico y violento, capaz de actos extremos para preservar su poder. Herodes mató a varios miembros de su propia familia, incluyendo a su esposa y a tres de sus hijos, por sospechas de conspiración. Esta brutalidad documentada hace que la narración de San Mateo sea, al menos, consistente.

El número de víctimas, aunque no especificado en los Evangelios, probablemente fue muy menor de lo que la tradición posterior sugirió. Considerando que Belén era una pequeña aldea en el siglo I, los estudiosos estiman que el número de niños varones y menores de dos años no habría superado las dos o tres docenas. Sin embargo, la tradición medieval llegó a hablar de 14.000 o incluso 144.000 mártires, cifras claramente simbólicas, más bien derivadas del Libro del Apocalipsis.

La veneración de los Santos Inocentes como mártires de la Iglesia cristiana se desarrolló gradualmente durante los primeros siglos del Cristianismo. Ya en el siglo IV, San Agustín se refirió a ellos en sus sermones, destacando su condición única como mártires que dieron testimonio “no hablando, sino muriendo“. Esta paradoja teológica -niños que alcanzaron el martirio sin tener conciencia de su sacrificio-, generó reflexiones profundas sobre la gracia divina y la naturaleza del testimonio cristiano. La fecha del 28 de diciembre para conmemorarles se estableció en el calendario litúrgico occidental durante la Edad Media, formando parte del ciclo navideño. Tradicionalmente, el día de los Santos Inocentes se celebraba de manera peculiar, reflejando su naturaleza ambivalente: aunque eran mártires, la alegría de su festividad se atemperaba por el hecho de que murieron sin bautismo y sin conocimiento de Cristo. Durante siglos, el Gloria y el Te Deum se omitían en la misa de este día, y los ornamentos eran morados en lugar de rojos (el color de los mártires), expresando un lamento.

El arte cristiano ha representado abundantemente la Matanza de los Inocentes, especialmente durante el Renacimiento y el Barroco. Pintores como Giotto, Frà Angelico, Rubens y Guido Reni, crearon obras que capturan tanto el horror del acontecimiento como su significado teológico. Estas representaciones artísticas muestran escenas de violencia extrema -soldadesca arrancando niños de brazos de sus madres, espadas levantadas, cuerpos infantiles yaciendo en el suelo- junto con elementos que sugieren la dimensión espiritual del evento, como los ángeles recibiendo las almas de los niños mártires. La iconografía tradicional de los Santos Inocentes los representa como niños muy pequeños, vestidos de blanco (símbolo de inocencia y martirio), portando palmas (símbolo del martirio), y a veces coronas. En algunas tradiciones artísticas, aparecen jugando a los pies del trono de Dios o del Cordero Místico, sugiriendo su lugar privilegiado en el cielo.

Pero lo más fascinante de la festividad de los Santos Inocentes es su transformación, en muchas culturas de tradición católica, de una conmemoración solemne a una celebración caracterizada por bromas, engaños y burlas. Este fenómeno, particularmente pronunciado en España y la América hispana, convierte la fiesta en equivalente del April Fools’ Day anglosajón. Los orígenes de esta costumbre son complejos. Una teoría sugiere que deriva de las antiguas fiestas romanas de las Saturnales; otra explicación apunta a la medieval Fiesta de los Locos (Festum Fatuorum), una celebración carnavalesca que se celebraba en diferentes fechas cercanas a la Navidad y que incluía parodias litúrgicas y comportamientos transgresores dentro del contexto eclesiástico.

Lo cierto es que ya en el siglo XV existen referencias en España a la costumbre de las ‘inocentadas’ en esta fecha. Nuestras inocentadas tradicionales suelen ser bromas ligeras, que van desde pegar monigotes de papel en la espalda de personas desprevenidas, hasta elaborados engaños. Los medios de comunicación frecuentemente publican noticias falsas ese día, una tradición que ha generado tanto entretenimiento como controversia. Casos famosos incluyen anuncios de cambios imposibles en monumentos históricos, supuestos descubrimientos arqueológicos extraordinarios, o regulaciones gubernamentales absurdas.

En nuestros días, la festividad de los Santos Inocentes tiene varios significados. Desde una perspectiva religiosa, continúa siendo un recordatorio de la vulnerabilidad de la infancia y de las consecuencias trágicas del abuso de poder político -por eso la Iglesia utiliza esta fecha para llamar la atención sobre la situación de niños en situaciones de violencia, pobreza o explotación en el mundo actual-. Pero también es una manifestación contemporánea como jornada de bromas y engaños benignos, y una buena ocasión para la risa compartida.

Concluyo: esta celebración ha recorrido un camino que refleja transformaciones amplias en las sociedades cristianas, y muestra la extraordinaria capacidad de las tradiciones culturales para evolucionar, adaptarse y adquirir significados diversos a través de los tiempos: los Santos Inocentes nos recuerdan que las tradiciones religiosas y culturales son fenómenos vivos, capaces de mantener su relevancia precisamente porque pueden acomodar y reunir interpretaciones diversas y a veces contradictorias, respondiendo así a las necesidades cambiantes de las sociedades que las sostienen. El contraste entre el horror del relato original y la ligereza de las celebraciones modernas no es tanto una contradicción, como un testimonio de la complejidad de la vida humana y de nuestra necesidad, tanto de recordar el sufrimiento, como de encontrar espacios para la alegría.

Así que, al acercarnos a esta fiesta tan señera, a todos os deseo un feliz día de los Santos Inocentes, mis pequeños patronos celestiales.


Author: Alfonso Ceballos-Escalera y Gila

Doctor en Derecho e Historia. Concejal de Vox en el Ayuntamiento de Segovia.

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2 Comments

  1. Interesan artículo. Muchas gracias.

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  2. Un interesante artículo.
    Enhorabuena D.Alfonso

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