La presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha recorrido este 4 de febrero los 450 metros de la avenida del Acueducto y ha tardado más de 90 minutos en hacerlo, tiempo en el que ha demostrado el “tirón” que tiene entre la ciudadanía, ansiosa de saludar, mostrar admiración sin reparos, dar ánimos e incluso brindar sus propias recomendaciones sobre la acción política sabiendo que “tu lo sabes hacer”.
Se trataba del comodín del público de esta campaña para los candidatos a la Junta del Partido Popular, pegados como lapas a la presidenta para ofrecer también sonrisas y recoger su cuota de popularidad por radiación. ¡Hay que ganarles bien! Le decía un ciudadano a Francisco Vázquez mientras le zarandeaba el hombro. En el otro flanco alguien llamaba “alcalde” a Pablo Pérez, que el portavoz municipal también supo que la ocasión la pintan calva y cogió sitio en el encuadre de las cámaras.
Díaz Ayuso maneja perfectamente estas situaciones, tanto que su director de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez se mantuvo siempre a un mínimo de 20 metros de su jefa. La popular mantiene en estos actos una sonrisa perpetua que “se ve” bajo la mascarilla y que logra que no parezca forzada, admite sin reparos achuchones y fotos sabiendo que cada selfie se repetirá montones de veces en redes sociales y en el intercambio de mensajes entre amigos y familiares del dueño del teléfono. ¿Quien no quiere una foto con la presidenta madrileña? Porque esa es otra. Uno está acostumbrado a ver estos paseos de políticos más o menos exitosos y también a escuchar, en ocasiones, comentarios más o menos despectivos y más o menos pronunciados por parte de ciudadanos ajenos a la cuerda del paseante.
Con la presidenta madrileña —con ascendencia castellano y leonesa, como se encargo de recordar— no pasa. He visto a militantes y simpatizantes declarados de partidos muy distintos al PP mirar el enjambre en el que reinaba Ayuso como el que mira a un actor famoso de esos que vienen a veces. Algunos, ni siquiera han resistido la tentación de hacerse la foto de marras.
No todo eran ciudadanos de a pie, no crea. Escalonados en la avenida se posicionaban alcaldes e incluso corporaciones completas de decenas de pueblos gobernados por el PP pendientes de lograr su turno para posar con la visitante. En el cortejo no faltaron, además, diputados, senadores y procuradores.
Mascarillas: “El Gobierno nos está mareando”
En la parte de las declaraciones oficiales, Díaz Ayuso subrayó su apoyo incondicional a la candidatura de Alfonso Fernández Mañueco —está embarcada en una “gira” por toda la región en esta campaña electoral— alentando a los votantes precisamente con sus políticas ya que cree que desde que el PP gobierna con mayoría absoluta en Madrid “la política funciona muchísimo mejor”. Usó de ejemplos el Plan de Natalidad, los planes para la bajada de impuestos, o el de protección de los autónomos. “Políticas sensatas que se necesitan en comunidades como estas”.
Pasó deprisa, no obstante, a la política nacional, criticando la propia reforma laboral y también la situación generada en las votaciones por el error de un diputado del PP. “Me gustaría saber si ese diputado hubiera sido, por ejemplo, de Bildu, si la presidenta del Congreso, al menos, no hubiera acudido a la Mesa para ver, como dice el reglamento, qué hacer en caso de que un voto ha sido de dudosa parcialidad. Este diputado no ha sido escuchado y eso me parece gravísimo”, apuntó advirtiendo que “se han establecido nuevas normas de juego”.
Sobre la próxima eliminación de la obligación de vestir mascarillas en espacios abiertos que se aprobará el martes y entrará en vigor el jueves, Ayuso se quejó porque “nos están mareando, porque no paran de cambiar de criterio”. Concluyó que “la mascarilla al aire libre es innecesaria y fue la última ocurrencia de Sánchez para justificar una conferencia que se habían marcado antes de Navidades”.















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