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Garzón y los pecados carnales de lo “macro”

Antes, los ministros eran de otra pasta. Que se detectaba una intoxicación en una batea, le faltaba tiempo al ministro para volar a la Ria de Arosa y engullir de una sentada tres kilos de bivalvos ni que vinieran verdes y con gusanos. Que alguna malévola prensa -habitualmente británica- osaba poner en duda la insondable calidad de las paellas de Salou, el ministro (y sus periodistas) se tiraba diez días de chiringuito en chiringuito desafiando los trastornos digestivos. Hombres de “pelo en pecho”, o de lorza al viento, como ese Fraga braceando en calzones en la mar un 17 de enero en Palomares para demostrar al mundo que la radiación está sobrevalorada. Todo por la patria.

Alberto Garzón es de otra quinta.  En realidad ha dicho dos cosas: que hay que comer menos carne y que las macrogranjas producen carne de mala calidad y que contaminan. “They polute the soil, they pollute the water and then they exports this poor quality meat from these ill-treated animals“, se explayaba el 26 de diciembre en The Guardian. Declaraciones que, junto con Djovovik le han valido el título de villano de la semana y, con Castilla de elecciones, se han saldado con una estampida de reacciones que incluso amenazan con abrir una cierta disensión en el Gobierno Sánchez, con el presidente lamentando las declaraciones e instando a hablar de cosas “de verdad importantes” para los abnegados castellanos y leoneses.

Pero ahí se equivoca Sánchez, pues el debate sobre la ganadería intensiva  supone para Segovia el ser o no ser de su principal fuente de recursos: el sector ganadero y la industria cárnica. Claro que Sánchez, de eso, ni idea.

¿Qué son mejores, las granjas grandes o las granjas pequeñas?, se pregunta el segoviano Miguel Antona, “macroempresario” porcino devenido el imposible paladín de las llamadas macrogranjas. Porque, aunque tiene más razón que un santo y a todas luces es mejor una granja grande y moderna que tres chicas y de tocho, la batalla está perdida.

Está perdida porque para empezar, ya ni los ministros del ramo se molestan en saber de lo que hablan. No deben tener ni la más remota idea de lo qué es una granja, de la inmensa burocracia que entraña su gestión, del cúmulo de regulaciones que -para bien de todos- soportan. No tienen ni  pajolera idea.  No saben cuántos pueblos viven del sector, cuanto del PIB generan, cuánto come un cerdo, cuánto una vaca, cuánta agua beben y cuánta mean. Y sin ni idea del particular te venden la majarera causa de que todo ese percal se puede (y se debe) sustituir por ganado extensivo. Y que ese es el futuro. Es de locos. De verdad, de hacérselo mirar. Y de terror cuando uno piensa que esta fauna -me refiero al ministro- es la que nos tiene que negociar mejoras en la factura de la luz.

Esto es así. Hace ya un par de añitos, Garzón vio unas fotos gore de cerdos enfermos en un reportaje que ponía: “macrogranjas”. Y ya está. Atraviesa los campos y cuando huelen a nitrato arruga el ceño y dice:, “oh purines de las macrogranjas” (como si el estiércol de un diminuto huerto oliera a rosas). El ganado se tira pedos y es culpable del calentamiento global. Ya solo falta etiquetar este esquema mental bajo un sonoro sujeto llamado a triunfar mediáticamente: “macrogranjas”. Amigo Antona, no hay nada que hacer, la banalidad es cien veces más efectiva que la estupidez. Y cuándos se logra encapsular en un viral  “macromeme”  no hay fuerza humana que la pare. Somos así.

La ganadería, intensiva, extensiva o silvestre, es un problema complejo que, para empezar, debe ser planteado en términos de cuántas cabezas debe soportar el territorio (independiente de lo macro o lo micro). Pero es un problema ínfimo comparado a un ecologismo cutre que la prejuzga. Se embebe de juicios de valor anticipados y va por el mundo etiquetando lo correcto y lo incorrecto, generalizando a todo generalizar y, encima, con la fe del tonto que lo que dice no admite ni matiz. Es así. Palabra de Greenpeace, lo ha visto en el Facebook. Han encontrado el mantra sagrado: “macrogranjas”.

Técnicamente se llama falacia naturalista. Son esos mismos “ecologistas” que en los 70 migraban al campo porque la ciudad, la “macropolis” es un atentado ecológico frente a la aldea, la “micropolis”. Hasta que los argumentos científicos pesaron tanto que sus pastoriles mentes no tuvieron otra que admitir el error. No. La concentración, lo macro, facilita los mecanismos correctores de nuestra presión sobre el medio. Y con los cerdos y las vacas ocurre exactamente igual que con los humanos. Más es menos.

Pero amigo Antona, ya digo que nada qué hacer. Son como la comisión Belarmino, inquisidores que se niegan a mirar por el telescopio que les tiende Galileo porque eso obligaría a rectificar el paradigma: no, la tierra no se mueve, lo pone en las Santas Escrituras. Amén.

Dicho lo cual, advierto al personal que pocas cosas oirán en esta campaña que sean más vitales para Segovia y su futuro que el debate suscitado de rebote por Garzón. Y ya que estoy, no puedo por menos que recomendar a su partido que se pase por Basardilla, el único municipio segovianos regido por IU, y que le explique a Garzón el camarada alcalde qué grandes cosas hizo IU en bien de los ganaderos extensivos locales. Básicamente, rechazó renovarles los derechos de pasto y los adjudicó al mejor postor y a la empresa más gorda. Y se quedó tan pancho. La pela es la pela.


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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8 Comments

  1. Ha dado en el clavo. La nueva religión yihadista del siglo XXI de carácter totalitario. Salvajes, incultos, irracionales e intolerantes. Torquemadas disfrazados de bellas y básicas ideas ecologistas, el que no sigue sus consignas es malo, muy malo. Y tratan de eliminarlo. Una secta destructiva en toda regla peor que el cambio climático que pretende acabar con la presencia humana en cualquier sitio.

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  2. Cuando convirtamos toda la provincia en una peste (paseen por la zona de Turégano, por ejemplo y no hay mucha macrogranja) y el turismo rural tenga que entregar mascarillas y bunkerizar sus casas para no percibir olores todo se solucionará. Amén señor Besa.

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    • Para cuando la moción de reprobación al ministro de consumo , Garzón. Donde anda la oposición. ¿Otra vez encogida ? Si cree Mañueco que le van a regalar las elecciones, no conoce el terreno que pisa. Ni con el apoyo de Ayuso sacará suficientes votos para gobernar en solitario. Castilla y León necesita más coraje e inteligencia para conseguir el triunfo electoral del 13-F. El espíritu sanchpancista de Rajoy ha hecho mucho daño en las mentes encogidas de muchos y muchas.

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  3. En relación a lo de Basardilla:

    ¿Quién es el propietario de los pastos arrendados? Si es el Ayuntamiento pues hará lo que estime más beneficioso para el pueblo en su conjunto y las arcas municipales y no sólo para los ganaderos locales.

    Si no son pastos del Ayuntamiento lo normal es que los propios ganaderos del pueblo tengan constituída una Junta Local de Pastos y sean ellos mismos quienes regulen el aprovechamiento de dichos pastos.

    Y sí, el ministro Garzón quizás debiera preocuparse también por los precios de la luz en los últimos tiempos… No se le oye decir nada, manteniendo un silencio que le hace “cómplice” del “atraco” que estamos sufriendo por parte de las eléctricas.

    Por otro lado algún día nos daremos cuenta de la barbaridades que estamos haciendo con los animales. Podríamos vivir perfectamente sin necesidad de matar ningún animal.

    Algunos aún somos capaces de discurrir sin seguir las consignas de los partidos políticos de turno.

    Un saludo señor Besa.

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    • Hola José Fuente Infante. Hasta donde sé del tema de Basardilla es que era aprovechamientos de pastos municipales. Durante décadas, y como pasa en la mayoría de los pueblos, son los ganaderos locales (extensivos) los que se adjudicaban los derechos de pasto. Efectivamente, con la idea de sacar más pasta (y probablemente más cosas, las relaciones del alcalde con algunos ganaderos del pueblo no parecen ser muy buenas) las subastó al mejor postor. El problema aquí es… ¿qué beneficia más al pueblo? ¿que los ganaderos locales mantengan el derecho a pasto sobre unos terrenos que, además, son suyos, o que los asignen por unos pocos cientos más a una empresa de fuera? ¿A quién debe apoyar el alcalde? ¿A los de su pueblo o a los de Jaén? Admito que desconozco si la puja de los locales quedó muy por detrás, pero es una absoluta anomalía. Incluso en muchos municipios (La Granja, por ej) tienen derecho preferente, a veces excluisvo, lo ganaderos del pueblo.

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      • Buenas noches Luis.

        En mi humilde opinión, primero hay que ver si el Ayuntamiento es el propietario de los terrenos de pastos o no.

        Si los terrenos no son propiedad del Ayuntamiento los ganaderos supongo que podrán organizar una Junta Local de Pastos y gestionarlos en coordinación con la Junta de CyL.

        En el caso de que los terrenos de los pastos pertenezcan al Ayuntamiento pues depende de a qué dedique el Ayuntamiento los fondos obtenidos del aprovechamiento de pastos, si redunda en beneficios comunes para la mayoría de los vecinos, y la diferencia entre las ofertas es considerable, yo entiendo que debe primar eso sobre los intereses de los ganaderos.

        Pero si la diferencia en las ofertas eran realmente pequeñas pues parece lógico conceder los pastos a los ganaderos locales y no crear malestar entre el vecindario por unos pocos euros de diferencia. En la historia de nuestro país tenemos numerosos y tristes ejemplos de cómo pueden acabar las rencillas en los pueblos pequeños.

        De todas formas (no sé si en todos los municipios o sólo en algunos) los propietarios de tierras sin vallar que entren en la zona de pastos otorgada tienen derecho a percibir una cantidad económica como propietarios de las parcelas y de los pastos que en ella crecen, y pocos cobran ese dinero de los ganaderos (o de las Juntas de Pastos). Las cantidades a cobrar suelen ser ínfimas.

        Las relaciones entre los ganaderos de Basardilla y su Ayuntamiento desconozco por qué cauces discurren, pero por la cuenta que trae a todos mejor que sean cauces tranquilos.

        El tema de los pastos en La Granja es bastante más complejo que en el resto de municipios segovianos. Según las zonas, si no recuerdo mal, los pastos pertenecen a Parques Nacionales o a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Hasta hace poco era el Ayuntamiento de La Granja el que gestionaba al menos una parte de esos pastos, desde que se montó el lío hace unos años con parte de los caballos que había en El Parque y en El Bosque no sé quién lo gestiona. Los líos fueron gordos. Más de un ganadero tuvo que salir con el ganado (o parte del mismo) a cuestas a otros términos municipales. Y sí, en La Granja-Valsaín el ganado es de gente del pueblo (excepto algún rebaño de ovejas que de vez en cuando pasa por la zona de Navalrey, Cordel de Santillana y cercanías.

        Perdón por la extensión y perdón si me he equivocado en algún dato de los que he dado (aunque creo que no).

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  4. Viva el panga del Eresma!!!
    Y viva el lobby marranero al que le debemos tanto (purín)

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  5. Igual debería revisar sus fuentes de información. Los ganaderos están usando las dehesas. Es más, estuvieron haciendo uso de ellas sin pagar nada y el Ayuntamiento tuvo que poner la denuncia correspondiente y cuando iba a comenzar el juicio decidieron pagar. Por lo que sé, se les ofreció a ellos primero pero no quisieron aceptar salvo que se aceptaran sus condiciones de manera innegociable. Algún ganadero de ese municipio cobra más de 130.000 euros en subvenciones. Si se les da los pastos a muy bajo precio igual los vecinos deberían recibir filetes al precio correspondiente…

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