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Fallece el académico honorario de San Quirce, Mariano Gómez de Caso

Gómez de Caso en el museo Rodera Robles.

Ha fallecido a los 94 años de edad Mariano Gómez de Caso, historiador, erudito, académico honorario de San Quirce, el segoviano que más sabía de los Zuloaga, Ignacio y Daniel, y de tantas y tantas cosas. Grandísimo conocedor de la Segovia y los segovianos del primer tercio del siglo XX, hablaba de ellos como quien les tiene por vecinos. Por poner un ejemplo, al filo de los 90 nos descubrió a esa compositora segoviana de triste historia, María de Pablos.

Nos quedan sus muchos libros, entre otros, una Antología de prosas de José Rodao, la monografía dedicada a Amalio Cuenca, el guitarrista; también fue un erudito de Agapito Marazuela, descubriéndonos su hasta que llegó Mariano olvidada, obra de guitarra. Más libros: “Falla, Larreta y Zuloaga ante la gloria de don Ramiro“,  “Antonio Machado y Pilar Valderrama” , “Historia de las comunicaciones en Segovia“. Sin olvidar esa enciclopedia sobre los Zuloaga que es “Correspondencia de Ignacio Zuloaga con su tío Daniel“.

Gracias a esta última obra nos conocimos. Fue hace unos 20 años.  Al servicio de publicaciones de la Diputación de Segovia llegó un original complejísimo con la instrucción de Atilano Soto de “edítese”.  Era la transcripción de la correspondencia entre el pintor y el ceramista hecha por un jubilado, responsable del archivo de Ignacio Zuloaga. Maquetarlo era un reto, había que especificar en cada pieza un montón de información, desde el color del timbre del sellado, tipología de la postal, ilustración de la misma. Aquello encarecía mucho la edición y yo, en mi soberbia juvenil, dije que había que prescindir de tanto detalle e ir a lo gordo, el texto de las cartas, y aún gracias. Que en sí mismo era oro en paño, por la cantidad de detalles sobre la vida de los Zuloaga, sobre Segovia, sobre la España de esa época, y que con aquello ya valía, que yo mismo se lo iba a dejar bien clarito al señor jubilado este… Le llamé, sí, y le dije que por supuesto que se editaba pero sin esto, sin aquello, aquello otro…

Al día siguiente estaba Mariano en mi despacho. Testarudo como él solo. Tuvimos unas palabritas (educadas, tensas tal vez), el caso es que me rendí incondicionalmente. El libro saldría como quería don Mariano, vaya que sí. No solo eso, sino que para abaratar, y dado que yo había hecho mis pinitos en maquetación, asumí personalmente el reto de darle forma. Me llevó un año largo. El caso es que cada 15 días poco más o menos tenía yo a don Mariano en el despacho. “Por dónde vamos”, preguntaba. Para entonces yo, como todos los segovianos que le trataron, ya le tenía devoción personal a don Mariano y un enorme respeto a su trabajo, que era canela en rama, y que me descubrió la Segovia de entreguerras, pues recorrerla de la mano de don Mariano era como directamente zambullirse en ella, qué de detalles, datos, correlaciones… Zambrano, Machado, Tórtola Valencia, Rodao, Agapito, la vida cultural del casino de la Unión, la no tan cultural de los bajos fondos… De la edición de ese libro destacaré tres cosas: lo mucho que aprendí, que  profesionalmente es de los trabajos que más orgulloso me siento, pero sobre todo, que me gané la amistad de don Mariano. Pues hay cosas que hay que merecerlas.

Además, póngase en situación, el tipo controlaba de Excel, su hijo, el nunca suficientemente y prematuramente fallecido, Mariano Gómez de Caso Estrada (qué triste su muerte, qué golpe para Mariano padre, tan vinculados ambos), le había montado una interminable hoja de cálculo con todas las referencias cruzadas, una barbaridad. Uno no podía sino simpatizar de todo corazón con tamaño huracán de entusiasmo. Se te ganaba el corazón a las primeras de cambio.

Educado, sabio, modesto… incansable. Autodidacta. Venía de abajo, de vida modesta y trabajadora. Se desempeñó profesionalmente en Correos (creo que empezó de cartero, alguno de sus amigos me podrá validar el dato) y, en gran medida, ese conocimiento de las cartas, los timbres, los destinos, le fue de enorme ayuda un día en que se ofreció a la familia Zuloaga a ordenar el enorme  archivo de correspondencia. Ejemplo: tu le enseñabas una carta de fecha ilegible y ya por el timbrado, el sello o la postal, te la clavaba.

Viudo cuando le conocí, y ya con los dos hijos mayores, uno médico, la hija monja, llenó el vacío dedicándose en cuerpo y alma al estudio de la época, pues de Zuloaga pasó a Agapito y Emilio Cuenca, a Machado y Pilar Valderrama, a Rodao, entre medias dedicó estudios a la pintura mudéjar del Torreón de Hércules, donde profesaba la hija, a los medios de comunicación segovianos… Mariano tocaba todos los palos y siempre lo hacía con rigor y desde un prisma especial que no encuentras en la literatura académica, y por lo mismo, cargado de personalidad e interés hasta el punto que pienso que no hay trabajo historiográfico de la época que no tenga referencias a alguna de sus obras.  Era también un rostro definitorio de toda una generación de segovianos. Un habitual de los saraos culturales de nivel, y encima, asiduo a una tertulia de “figuras” en el café de San Millán, con segovianos la mar de sabios y castizos. De 2017 es la foto que cierra, con los amigos en el café.

Le fastidiaba un montón que yo le llamara don Mariano -¡”qué no me llames don Mariano, leches”!-, y ahora que lo pienso no le va a gustar este obituario. Pero es que no puedo por menos que llamarlo así, “don” Mariano. No es ya el respeto personal e intelectual que le tengo, es que le cuadraba ese “don” de qué manera. Hay gente que se gana el respeto hasta el punto que es imposible disociarlos de ese “don”. Lo siento amigo, pero no sabría apearte el tratamiento. Descanse en paz.

Mariano (tercero por la izquierda) y amigos en el Café de San Millán en 2017.


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. Una triste pérdida. A su amor y dedicación por la cultura, que siempre desarrolló de manera altruista, Mariano sumaba un carácter que desbordaba honestidad, cariño y bondad. Una calle de Segovia debería llevar su nombre como reconocimiento a su persona y a su callado y permanente trabajo por la cultura segoviana.
    Que descanse en paz. Quienes le conocimos, nunca le olvidaremos.

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  2. Una triste perdida persona educada, trabajadora buen compañero y amigo, en su articulo hay un error su hijo no era el que dice usted el medico pudiera ser familia, pero su hijo era funcionario de Correos y Telecomunicación como el y también murió a una edad muy temprana gran jugador de ajedrez creo que se juega un torneo en recuerdo con su nombre.
    Descansa en Paz Mariano tus compañeros de Correos Y Telégrafos te tenemos en nuestra mente.

    Recibe nuestro ultimo abrazo.

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  3. Excelente persona. Una gran pérdida para la cultura de Segovia. Descanse en paz Don Mariano.

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  4. El epidemiólogo era José Ángel, sobrino carnal de Mariano. El hijo tb se llamaba Mariano. Ambos fallecidos jóvenes

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