En marzo de 2024, publique en este medio un articulo bajo el titulo “Adolf Netanyahu: el Genocidio” en el que comparaba los crímenes nazis contra los judíos en Europa, con el genocidio que esta llevando a cabo el gobierno Israelí sobre el pueblo palestino. Desgraciadamente, desde entonces, los asesinatos indiscriminados de civiles, incluidos niños, no han hecho sino multiplicarse, superando ya los 50.000, por poner una cifra, sin tener en cuenta los miles de desaparecidos bajo la montaña de escombros en que los sionistas están convirtiendo la franja de Gaza y los efectos de la hambruna inmisericorde a la que tienen sometida a su población. Los peores augurios de ese articulo se han visto confirmados y han dejado en evidencia que, en mayor o menor medida, los intereses económicos del resto de países priman sobre su compromiso de defensa de los derechos humanos de manera efectiva.
Como siempre, la anónima “carcosfera” local me dedicó en aquella ocasión sus amables improperios habituales. No sé si, a la vista de los acontecimientos, aun mantienen su argumentario.
Hace unos días, se celebro en Suiza el siempre controvertido festival de Eurovision y si algo ha tenido de positivo ha sido el remover conciencias y propiciar el debate sobre la oportunidad de que se de cabida en este acontecimiento a un país genocida, cuando ya se había prohibido la participación de Rusia por su imperialista invasión de Ucrania. Mas aun si se tiene en cuenta la utilización propagandística de su actuación criminal, con que Israel aprovecha el escenario que le brinda Europa.
Esta paradoja, parece, que ha surtido, tristemente, mas efecto para que Europa se plantee seriamente la necesidad de romper relaciones de todo tipo con Israel, que la evidente masacre del pueblo palestino.
Hasta el Partido Popular, aunque a regañadientes, en su empeño de no coincidir nunca el Gobierno, ha mostrado, tímidamente, cierta compasión por el pueblo palestino y parece dispuesto a dejarse convencer por los populares europeos. Naturalmente sin incluir al cantón madrileño, que continua en la línea de sus mas ultramontanos lideres como Aznar, Esperanza Aguirre, Martínez Almeida y como no la inefable Isabelita, que últimamente a pasado de compararnos con Venezuela a asimilarnos a Corea del Norte. Esta chica no tiene limites.
Bien es verdad que Ayuso, no pasa por su mejor momento y que seguramente siente en su cogote el aliento de la Justicia, por el caso de los protocolos de la vergüenza y por el enjuiciamiento de su novio, el beneficiario de Quirón, al que parece que se le complican un poco las cosas. Veremos lo que da de sí la nueva estrategia de su defensa dando una patada adelante y desdiciéndose de lo reconocido hasta ahora.
Mira por donde, a medida que van decayendo las acusaciones contra el Fiscal General, va poniéndose el foco en el entorno de la Presidenta madrileña. Es curioso que una imputada, (aunque protegida por una autentica maraña de manipulaciones en la designación de jueces) como Ana Millan, siga ostentando responsabilidades de primer orden en su partido con lo tiquismiquis que son en el PP cuando se trata de otros partidos.
Pero volviendo al drama gazatí, se abre una esperanza de que, al menos Europa, asuma sus responsabilidades en la defensa de los Derechos Humanos y presione de manera efectiva, como ha hecho con Rusia, al Estado de Israel, para que cese el genocidio , se liberen los rehenes retenidos por Hamás y se permita el abastecimiento de la población palestina que aun se pueda recuperar. Que se vuelva a retomar la creación de los dos Estados y que se posibilite la convivencia de árabes e israelíes.
Sin duda, nada ayuda a encontrar soluciones las ocurrencias del esperpentico presidente Trump que, como el PP madrileño, considera antisemitas a cualquiera que denuncie los crímenes de Netanyahu y compañía. Esperemos que la reacción ante la loca represión que pretende aplicar en las universidades de su propio país, mueva a la sociedad norteamericana a plantarle cara. Y no precisamente en el sentido de ese fanático asesino de la joven pareja de israelitas, que merece nuestra condena sin paliativos.














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