No es posible comparar la situación de la Alemania hitleriana con la del Estado de Israel en la actualidad, pero, sin duda, el objetivo final de la respuesta de Netanyahu al ataque terrorista de Hamas del pasado otoño, según se desprende de sus propias manifestaciones, es el exterminio del pueblo palestino. Y lo está llevando a cabo con la misma saña que emplearon los nazis con los judíos, bajo el mandato de Hitler. No es una guerra contra el terrorismo, es un auténtico genocidio y lo estamos viendo en directo cada día. Solo la cobardía y los intereses políticos y económicos del mundo occidental permiten que esto suceda. Todos somos responsables en la medida que nos corresponde.
La reacción ante la invasión de Ucrania por Putin, hace más de dos años, fue rápida y contundente, con medidas económicas contra Rusia y con ayuda militar al gobierno ucraniano. 170.000 ucranianos están acogidos en España. En Palestina, la ONU, gracias al veto de Estados Unidos, no consigue ni siquiera un alto el fuego humanitario que permita paliar el sufrimiento del pueblo palestino sitiado en la franja de Gaza y zarandeado cruelmente de norte a sur y de sur a norte mientras son asesinados indiscriminadamente.
Los españoles tendríamos que eliminar, como mínimo, cualquier colaboración con el estado de Israel para evitar que se utilice para hacer propaganda sionista (como ocurre todos los años en Segovia), hasta que no se consiga un alto el fuego permanente y se detenga la sangría de gazatìes que ya alcanza los 30.000 asesinados, en su mayoría mujeres y menores, reconocidos oficialmente y que finalmente será muy superior.
Sin duda, Netanyahu es el responsable más evidente de esta respuesta, desproporcionada y sangrienta, al atentado de Hamas y, para mí, un auténtico criminal de guerra que bien merece el nombre con que titulo este artículo. Pero es el Estado de Israel quien viene incumpliendo sistemáticamente los acuerdos de la ONU respecto a la ocupación de los territorios palestinos y vejando y agrediendo a su población, lo que sin duda engendra terrorismo ante la impotencia y la falta de entidad del Estado palestino.
El actual es, probablemente, el Gobierno más ultramontano que haya tenido Israel, pero es el Estado hebreo quien siempre ha mostrado una prepotencia expansionista amparada fundamentalmente por Estados Unidos. Y la desaparición de Netanyahu no garantizaría la posibilidad de una solución. Ojalá prosperase la denuncia por genocidio interpuesta por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia contra el Estado Hebreo, pero no me hago ninguna ilusión al respecto.
Hay que replantearse la propia estructura y funcionamiento de la ONU, vista su inoperatividad ante los conflictos reales de nuestro tiempo, y también su incapacidad para hacer cumplir sus propios acuerdos, referidos al conflicto Palestino-Israelí. Reconforta la postura valiente de Borrell como representante de la Unión Europea y del propio Secretario General de las Naciones Unidas, Guterres, e incluso del Gobierno español, pero, lamentablemente, no pasan de ser testimoniales.
Aprovecho para recordar otro caso de incumplimiento reiterado , que nos atañe directamente a España, que es el de la celebración de un referéndum para la autodeterminación del Sahara Occidental, ocupado de hecho por Marruecos. Visto lo visto, no es para tener esperanza de que algún día se llegue a una solución que no sea la que le convenga a los Estados Unidos de acuerdo con sus intereses geoestratégicos y económicos, dejando de lado los del pueblo saharaui, población autóctona de ese territorio. Dudo que algún día veamos a los saharauis autogobernándose, pero en el caso de Palestina se me antoja imposible alcanzar un marco de convivencia, cuando, decidan poner fin al exterminio continuado de su población con la crueldad sin límites con que se está ejecutando. Ya es tarde, pero es imprescindible.













Últimos comentarios