Según pasan los años me voy desentendiendo de lo que damos en llamar “la actualidad política”. Básicamente, me nutro de unos pocos minutos por la mañana que sintonizo la SER, emisora que tengo que alternar con la COPE, porque hay qué ver como se las gastan estos medios que se gustan en llamar adalides contra las fake news. Se les llena la boca de “prestigio” y, este servidor, lo que oye, son duros y puros relatos de intoxicación/manipulación de la opinión pública a golpe de noticias sobre/infra dimensionadas, que si quieres enterarte de algo tienes que contrastar con algún otro medio que cargue por el lado opuesto. De vergüenza.
Los grandes medios hace ya lustros que abandonaron toda objetividad y anteponen lo ideológico a lo informativo. En algunos casos porque así lo demanda una parroquia que solo busca en las noticias un sesgo de confirmación (rollo Marca y Mundo Deportivo respecto al Barça y Madrid, pero en términos derecha/izquierda). En otros, y esto es lo peor, porque el informante cree que realmente la situación le obliga a practicar un periodismo de trinchera para detener ya sea “la deriva del sanchismo”, la islamización de Europa, o la no menos melonada del ascenso del fascismo”.
Particularmente irritante me resulta la candidez de la izquierda cuando se presentan a si mismos como los grandes campeones de la objetividad, frente al mundo de las fake news del planeta Derechas. Es la ridícula superioridad moral de la izquierda. Vean al simpar Wyoming recogiendo su más que merecido Ondas y presentándose como gran valedor de la independencia informativa. Pero, hombre, amigo Monzón, realmente hay que ser cándido para creer honradamente que los tuyos son los objetivos y los otros los mentirosos. Como poco diría ¡sois lo mismo!. Anteponéis lo ideológico a lo informativo, y a eso le llamáis “profesionalidad”. Vean lo que ha pasado con el Fiscal General. En unos medios la declaración de la Fiscal Superior de Madrid queda relegada en favor del testimonio de unos periodistas que aseguran que no que no, que no hubo filtración (ja, ja, ja). En otros es al revés y se silencia el problema de fondo de ese gran patriota, novio de Isabel Ayuso, cobrando un porrón de euros del erario público y, encima, defraudando al fisco. Ambos mienten.
Los medios serios se caracterizan por actuar desmontando el relato antagónico y reforzando el propio, rara vez informando. Lo hacen manipulando los datos que no casan con el relato, bien ninguneándolos, bien replicándolos (cosa que evitan con los que les vienen a medida), o directamente cometiendo la peor de las mentiras, silenciando lo que no cuadra. Y este es, por lo visto, el periodismo “de nivel”, que les diferencia de estos otros medios propagadores de burradas al calor de hot-link. “Estrella del porno se injerta un tercer pecho”, “Los 10 españoles que más fornican (el tercero te sorprenderá)”. (Noticias estas que, por cierto, no faltan en las informaciones de relleno de muchos de los autoproclamados “serios”)
La batalla del relato también llega a las municipales. El PSOE de Segovia ha encargado una encuesta para ver la chance de Clara Martín de cara a la alcaldía. Digo yo que es del PSOE porque llegado un punto te piden la opinión sobre la corrupción en España. “Hombre, pues no me gusta”. Vale, y ¿qué piensas de la corrupción del alcalde de Segovia en casos como el del Mercado de Navidad o el del partido de la selección española de baloncesto?… Tal cual.
La idea es que a continuación te preguntan si votarás al corrupto ese… el de los bomberos y el mercado navideño, o a la bondadosa, honesta y trabajadora Clara Martín. Es lo que tienen las encuestas de parte, trajes a medida a satisfacción del cliente (por cierto, que encima con errores como llamar a un fulano que ni siquiera está empadronado en la capital). Cómo si fueran lo mismo dos secretarios de organización (¡dos! y uno detrás de otro) metidos hasta el cuello en tramas de fulaneo y robo de fondos vía comisión, que las chapucillas administrativas perpetrada por las prisas. ¿Quién es aquí el de las fake news?
Pues por lo visto la culpa es de este inframundo digital, al que hay que poner coto. Gracias a Vox y al PSOE en Castilla y León los pequeños medios digitales locales nos hemos quedado sin publicidad institucional de la Junta, cosa que sería hasta defendible, si no fuera porque los grandes medios han quedado exentos de la limitación. En otras palabras, fuera publicidad en Acueducto2 pero sí para el grupo PRISA o Promecal. Es completamente cierto que los medios locales vivimos de las fiestas de este pueblo y del otro, de la jornada del arado en Bollullos de Arriba, y de los anuncios de las administraciones. Se trata de un mercado publicitario que disputamos con los medios grandes que, además, tienen de su lado los grandes consorcios empresariales del país (y si no, miren los consejos de administración), que simplemente quieren un oligopolio informativo que puedan controlar, y por tanto, nos apartan de sus programaciones publicitarias. Si cabía hablar de inferioridad total de condiciones, ahora, aupando al grande y penalizando al chico, es directamente, mordaza.
Enfin, amigo Wyoming. Como cantaba Peret, cuando yo tenía dinero, me llamaban Don Tomás, ahora que no lo tengo, me llaman Tomás nomás. Es el karma de la sufrida infantería, como para, ¡encima!, aguantar rollos de profesionalidad y prestigio. Aquí, en Acueducto2, alguna vez la cagamos (no tantas, cero denuncias en 10 años), alguna vez se nos ve en el plumero al opinar (¿y?), y sí, caso de meterse con un anunciante vamos a mala gana (pero vamos). No nos callamos por una campaña o diez. No ocultamos datos a sabiendas porque puedan perjudicar a un ayuntamiento generoso. Damos voz a los que nos lo piden, ya sean del PSOE o Vox (por cierto, ninguno del PP, porque no quieren/no saben). No somos de ninguna secta, y acaso aquí está el problema: nos gusta ser independientes.

















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