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España ante 2026: gobernar o prolongar la agonía

Los últimos resultados electorales en Extremadura no son un episodio aislado ni una simple modificación del mapa electoral autonómico de una comunidad. Constituyen, más bien, un síntoma de una crisis política más profunda, o cambio de ciclo, al menos en el PSOE. Para los socialistas, estas elecciones se han planteado de facto como un plebiscito en torno a un cúmulo de escándalos —el caso del hermano del presidente del Gobierno, un candidato procesado y un clima general de descrédito—, con un resultado que les ha representado una auténtica hecatombe electoral; mientras que el PP, aún siendo la fuerza más votada, solo puede aspirar a gobernar con el apoyo de Vox. Una escena que amenaza con repetirse el 8 de febrero en Aragón, previsiblemente en marzo en Castilla y León, y que tampoco puede descartarse en Andalucía si se consolida la tendencia.

España se adentra así en 2026 con un cúmulo de retos políticos de enorme calado, que difícilmente podrán afrontarse sin un cambio de rumbo —o sin una llamada a las urnas— si el Gobierno es incapaz de aprobar los Presupuestos Generales del Estado en la próxima primavera. En ese escenario, la convocatoria de elecciones generales no sería solo razonable, sino necesaria; incluso podría tener sentido hacerlas coincidir con las andaluzas para evitar una larga travesía de interinidad y parálisis. Lo contrario supondría prolongar una agonía que, a tenor de las encuestas y de los resultados territoriales, podría conducir al PSOE a un escenario impensable hace apenas unos años: competir por el segundo puesto con Vox, siguiendo una senda no muy distinta de la observada recientemente en Alemania, sin descartar lo ocurrido en su día en Francia, Grecia o Italia.

El primer gran desafío de 2026 es, precisamente, la gobernabilidad presupuestaria en la que se traduce un proyecto político. Sin presupuestos no hay política económica capaz de ordenar prioridades, ni planificación social, ni credibilidad exterior. Nuestro país encadena prórrogas presupuestarias que transmiten improvisación y debilidad, tanto a los ciudadanos como a los mercados y a sus socios europeos. La incapacidad para articular mayorías estables en el Parlamento refleja la debilidad política del Gobierno y su dependencia de fuerzas cuya agenda poco tiene que ver con el interés general y mucho con la debilitación del Estado.

El segundo reto estructural es la vivienda, convertida ya en la principal fuente de frustración social, especialmente entre jóvenes y clases medias. España sufre una crisis de oferta agravada por la inseguridad jurídica, la demonización del propietario —hay tres millones de caseros que alquilan, según Hacienda—, la falta de suelo finalista y una maraña regulatoria que ahuyenta la inversión. Sin una política de vivienda basada en construir más, agilizar procedimientos y generar confianza, el problema seguirá alimentando desigualdad, desafección política y ruptura generacional. La respuesta al problema de la vivienda requiere una acción coordinada entre todas las administraciones y agentes implicados; es multifactorial y precisa tiempo, aun acertando con el algoritmo.

A ello se suma un contexto geopolítico extraordinariamente complejo: guerra en Ucrania, inestabilidad en Oriente Próximo, tensiones comerciales globales y una Unión Europea en pleno proceso de redefinición estratégica. España necesita un Gobierno con autoridad moral y solvencia política para defender sus intereses, atraer inversión y participar con peso en las decisiones clave. El descrédito interno —alimentado por escándalos sexuales y casos de corrupción adyacentes al partido del Gobierno— reduce drásticamente esa capacidad.

Pero ningún reto resulta hoy tan transversal y determinante como la pérdida de confianza ciudadana. La polarización extrema, utilizada como herramienta de movilización y blindaje político, ha vaciado de contenido el debate público y ha demostrado que gobernar contra media España puede ser rentable a corto plazo, pero muy malo a medio y largo plazo. Lo que se ha quebrado no es solo el equilibrio territorial o parlamentario, sino algo más profundo: la confianza en la política, en el presidente del Gobierno, en su Ejecutivo y en el proyecto político que encarna el PSOE en su conjunto, erosionada además por episodios que alimentan la sensación de intriga y desgaste permanente, como los protagonizados por su último expresidente del Gobierno. Cuando la política deriva en una suma de defensas tácticas, relatos cambiantes y resistencias numantinas, la legitimidad se deteriora y la democracia se convierte en una batalla de trincheras. Frente a ello, una mayoría social seguimos apostando por la concordia, el respeto institucional, reglas claras y una mínima lealtad constitucional.

Todo ello conduce al último y quizá más decisivo desafío: el cambio de cultura política. España necesita abandonar la política del relato, de la épica permanente y de la propaganda defensiva, de los vídeos y fotos superficiales repletos de frivolidad, para volver a una cultura de gestión, resultados y rendición de cuentas. Gobernar no es resistir; es resolver problemas concretos. No es dividir, sino ordenar prioridades. No es colonizar instituciones, sino fortalecerlas.

La gobernanza del futuro exige seguridad jurídica, previsibilidad normativa y confianza mutua entre Estado, empresas y ciudadanos. Y sin ellas, no hay proyecto de país posible. 2026 será, por tanto, un año decisivo: o se corrige el rumbo con legitimidad renovada y capacidad real de gestión, o España corre el riesgo de quedar atrapada en un bucle de polarización, bloqueo y deterioro institucional del que costará salir.


 

Author: Juan Luis Gordo

Juan Luis Gordo. Segoviano de izquierdas, autónomo y polifacético

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10 Comments

  1. Quizás, por primera vez, el Psoe está muy cerca, siguiendo al populista Sánchez, de desaparecer y desintegrarse. Ya no es un partido centrado, es de Extrema Izquierda, bolivariano, soviético, que sigue al líder de la secta hasta su final. Como ha pasado en Europa, que no quedan ya partidos socialistas. Pero eso es lo que han decidido sus simpatizantes y votantes. Seguir al tirano hasta el final. Esperemos que pronto acabe esta pesadilla.

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    • Me gusta tu articulo (y lo comparto), pero lamentablemente no veo a la clase política centrada en el ciudadano. No la veo haciendo políticas de estado, sino más bien jugando su “partido”, intentando arañar escaños, sabiendo que finalmente caerán en manos de “esa minoría” que les permita conseguir “esa mayoría”. Creo, que al igual que tú, seguimos manteniendo la ilusión en este país.

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    • No soy presidente porque no quiero

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    • Ojalá el P**E fuese la mitad de izquierdas de lo que creen los regres

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  2. Los partidos políticos como herramientas al servicio de la democracia hace tiempo que no siven son estructuras cerradas, clientelares y obsoletas se necesitan listas abiertas para poder avanzar politicamente en este pais.

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  3. Tiene toda la razón, señor Gordo, pero va a ser difícil porque no es que se quiera seguir gobernando, sino seguir en el poder para así defenderse mejor de toda la investigación de la corrupción. Porque, al fin y al cabo, por mucho que nos pretendan engañar, no es más que atrincherarse y resistir para no ir a la cárcel. Lo peor, como bien dice, es camuflarlo con el señalamiento al “enemigo”, con una división de la sociedad que no conduce a nada bueno. También la clave está, en general en la izquierda, en destacar unos supuestos problemas, que no lo son, o no tanto, y ocultar, o, peor, negar, los problemas reales de la sociedad. De ahí que la gente que tiene esos problemas que “no existen”, vote a formaciones que los señalan y destacan. No es fácil solucionar los problemas, pero es imposible hacerlo si se niegan. El PSOE tiene una historia nada ejemplar, lo que tendrían que hacer es refundar un partido con otras siglas y, sobre todo, con gente decente que crea en la democracia, no en servirse de ella para perpetuarse en el poder. No será así, me temo, pero el daño ya está hecho y será difícil de revertir.

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  4. Las instituciones se fortalecen cuando en ellas hay gente competente, con capacidad de gestión, ahora y siempre.

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  5. Es difícil negar el clima de acoso político e institucional que atraviesa el actual Gobierno de España. Los casos de corrupción que han afectado a algunos miembros de los gobiernos de Pedro Sánchez son, a mi juicio, motivo suficiente para que el presidente plantee su dimisión. La exigencia de responsabilidades políticas es irrenunciable en una democracia.

    Ahora bien, reducir la actual inestabilidad únicamente a estos casos sería una explicación incompleta. El acoso y derribo al Gobierno tiene raíces más profundas, vinculadas a una derecha que nunca ha aceptado plenamente los resultados electorales y que ha utilizado la cuestión catalana como instrumento permanente de deslegitimación.

    El resultado es una confrontación política extrema en la que tanto la izquierda como la derecha priorizan el beneficio partidista frente a la solución real de los problemas de los ciudadanos. Este deterioro no es solo español: forma parte de un fenómeno global marcado por el avance del populismo y de la extrema derecha, y por la erosión de valores básicos como el humanismo, el respeto al adversario y la igualdad.

    España, con sus propias particularidades, se encuentra atrapada en esta dinámica. A la corrupción de algunos dirigentes socialistas se suma un acoso de tintes antidemocráticos desde sectores del sistema judicial. Una combinación peligrosa que debilita las instituciones y mina la confianza ciudadana.

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  6. Ciertamente “España necesita un Gobierno con auridad moral y solvencia política..” Con la situación tan encanallada en el parlamento es dificil llevar a cabo propuestas con rigor. Los partidos de la derecha están en su papel de hacer oposición pero podría ser mas constructiva, no se ven propuestas claras y concretas. El gobiero y los socios están en su papel de intentar aprobar las suyas. Seamos optimistas y esperemos que el resultado de las próximas elecciones rompan las previsiones de gobiernos débiles y sean capaces de legislar para favorecer a las mayorias

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  7. Excelente análisis Sr. Gordo.
    Gracias y siga así, excelente persona, excelente comunicador y excelente corredor como demostró ayer

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