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Postales de Segovia: De toros y reyes (corrida en Ferias, 1908)

Postales de Segovia: De toros y reyes (corrida en Ferias, 1908).

Escribe, acertadamente, el catedrático y poeta Luis García Montero en referencia a la postal, que su objetivo es:

“encontrar la perspectiva justa que dé sentido a lo que la cámara tuvo delante, ya que cuando se pasea por una fotografía antigua, la imaginación debe tantear con prudencia los puntos cardinales. La memoria del viajero, dice el poeta, recuerda postales, siendo los recuerdos como un río embovedado que fluye bajo los pies del presente”

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Tarjeta postal con bordado superpuesto, ca. 1960

Tarjeta postal con bordado superpuesto, ca. 1960

El vetusto coso taurino segoviano vuelve a recuperar, en las Ferias y Fiestas de 2015, toros “de verdad”.

Para festejarlo reproducimos una serie de imágenes, incluidas en tarjetas postales ilustradas, relacionadas con la plaza de toros segoviana y una historia ‘muy real’.

Nos trasladamos a 1908, concretamente al 21 de junio: tarde de toros, asientos de sol, graderíos de madera y palcos rebosantes.

El antepecho central y regio ocupado por sus majestades Alfonso XIII, Victoria Eugenia y séquito real. Dos espadas, que conozcamos, junto a otros artistas torean, o lo intentan: ‘Venterito de Jaén y ‘Llavero.

A la reina Victoria Eugenia no la gustan los toros, y menos la suerte de varas (todos sabemos cómo era el tercio en aquellas años, sin petos en las caballerías). Suponemos que nobleza, protocolo y tradición obliga y, junto al Rey Alfonfo XIII, se presentan, como lo han hecho otras veces, en el palco real de la plaza de toros de Segovia. Eso sí, se suprimen los picadores.

Cuenta algún cronista que lo más grandioso de la tarde fue el parte médico entregado a la presidencia:

Tengo el honor de participar a usted que en esta enfermería hay seis toreros heridos y tres por herir. Esos tres, excelentísimo señor, no tienen otra lesión que ‘miedo insuperable’.

Ni el insuperable miedo ni el colapso en la enfermería de la plaza nos extraña. Entre el agobio de los principiantes torerillos por la presencia de los Reyes y no digamos por la dureza de las reses que no sufrían el castigo de los puyazos, suponemos el percal a lidiar.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el Palco Regio del coso taurino de Segovia -1-

Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el Palco Regio del coso taurino de Segovia -1-, tarjeta postal ca- 1906.

Vista genegal de Segovia con la plaza de toros en primer término, tarjeta postal ca.1900.

Como queremos acompañar las imágenes con relatos de la época en que fueron tomadas, revivimos el espectáculo con dos crónicas taurinas del evento de 1908.

Una local y otra nacional. La primera firmada por ‘Pepe’ (José Rodao, en su estilo impecable e irónico, titula: ‘La novi… nada’. Como la de ayer ¡Hule y más hule!).

La nacional remitida telefónicamente, por el enviado especial del diario ABC, Alfonso R. Santa María, encabeza ‘ABC en La Granja’. Ambas se imprimieron el lunes 22 de junio.

Alfonso Santa María comienza su crónica reseñando el quehacer mañanero de sus Majestades:

La reina y el príncipe de Asturias pasearon por los jardines de palacio, no dice nada de su avanzado estado de gestación. Recordemos que su segundo hijo, el infante Jaime -posteriormente duque de Anjou y Segovia-, nació en palacio dos días después.

El Rey lo hizo por la Pradera del Hospital, con el caballerizo Seoane y el profesor de inglés, Mr. Marsán. Posteriormente despachó con el ministro de Marina y, ya por la tarde, acudieron a la anunciada corrida en la plaza de toros de Segovia.

La corrida había sido suspendida el día del Corpus por causa del mal tiempo y se traslado a esta fecha. El cartel, al frente del cual figuraban los diestros Venterito de Jaén y Llavero, no era de gran atractivo más que para los aficionados al hule; pero aún así, y sin ser de éstos, fuimos hasta Segovia al saber que allí irían los Reyes.

Al entrar los Reyes en el palco, que estaba adornado con banderas y follaje, fueron aclamados por el público. Imperaban los alumnos de la Academia de Artillería y en las localidades de sol había un verdadero enjambre de chiquillos, porque la empresa acordó a última hora admitirlos mediante el pago de una perra gorda. Más barato, de balde.

Pepe, por su parte, comenta:

[…] con los Reyes llegaron la escasa colonia veraniega de La Granja, la oficialidad del Batallón de Barbastro y los corresponsales de periódicos madrileños.

Según sus palabras, se veía en la plaza más gente de San Ildefonso que de Segovia. En cambio los toreros fueron los únicos que estuvieron a punto de ‘quedarse en el Sitio’.

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Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el Palco Regio del coso taurino de Segovia -2-, tarjeta postan ca. 1906.

Prosigue el corresponsal madrileño:

La corrida ha sido de la que dejan memoria en una población. Yo, por mi parte, no recuerdo haber visto jamás una serie igual de revolcones, aparatosas cogidas y tremendos trastazos. A los diez minutos de comenzar la lidia apenas quedaba un torero sin lisiar, y los que no lo estaban se refugiaban entre barreras en prudente expectativa hasta que pasara el chaparrón de revolcones que repartía el toro. En verdad que el ganado sabía latín y geografía, y además pasaba al segundo y tercer tercio sin el castigo de las puyas.

Como nota curiosa merece mencionarse el parte que recibió el gobernador al terminar la lidia del primer toro. Decía así:

‘Toreros heridos, dos; por herir, cinco’ [el presidente de la corrida era el concejal Adrián Ramírez]. Y no resultó una chuscada, porque el segundo bicho despejó de tal modo el terreno que a la hora de matar sólo quedó un peón que pudiera para auxiliar al espada.

Entonces saltó al ruedo un mozalbete apodado el ‘Peludo’ [Ignacio Donoso], sin duda por el fenomenal apéndice capilar y que de seguro daría envidia a un súbdito del emperador del Celeste Imperio. Gracias a él pudo la corrida continuar.

El cronista segoviano escribe:

La tarde estaba tristona y gris; volaban las nubes en alas del viento presagiando lluvia y volaban los toreros por las nubes presagiando desastre.

Principe de Asturias e infante don Jaime en los jardines del palacio de La Granja, ca. 1920.

Principe de Asturias e infante don Jaime en los jardines del palacio de La Granja, ca. 1920.

La crónica de ABC prosigue indicando que la Reina, visiblemente disgustada por lo accidentado del espectáculo se levantó y emprendió el regreso a La Granja, acompañada de la marquesa de Salamanca, cuando terminó la lidia del primer toro.

Antes, según Pepe, la reina tomó el té en el palco acostumbrado y, efectivamente, desapareció con la cogida de Carlos Lopiz en el primer morlaco.

Dicen fuentes oficiosas que de tal sobresalto el parto de su segundo hijo se adelantó. Como hemos indicado, dio a luz dos días más tarde. Si continúa en el festejo puede que no hubiera llegado a palacio.

Apenas salió el tercero ocurrió la cogida más aparatosa. El matador Venterito de Jaén, al lancear de capa, fue alcanzado, produciendo la cogida verdadera sensación, porque estuvo dos o tres minutos de un cuerno a otro.

Fue arrojado luego al suelo, vuelto a coger por la faja, levantado y paseado de un extremo a otro de la plaza y lanzado luego por lo alto a tal distancia que, como dice el personaje de ‘Las estrellas’ ‘debía bajar vendado’.

Alfonso Santa María no puede resistir la curiosidad y baja a la enfermería a verle curar.

Hallábase tumbado en la cama de operaciones, asistido por los médicos de guardia, que tenían que curar al mismo tiempo a dos o tres toreros también heridos. Observé que el diestro, por lo extenuado de su cuerpo, antes de las cornadas de hoy, debía haber recibido muchas de aquellas otras que, en frase popular, ya mencionó Espartero. Entre lamentaciones y bravatas, trataba el pobre diestro de explicar cómo le había cogido el toro, y me enseñaba una cicatriz en el pecho, no lejos de una de las heridas recibidas. Esta -me decía- es del año pasado en Torrevieja, y de seguir así me van a poner el pecho como un acerico. ¡Todo sea por Dios!

El Rey se marchó, con su acompañante, al ser retirado del corral el tercer toro. Iba acompañado del ministro de Marina. Rodao nos deja estos versos:

“Este estuvo en su lugar
según la gente decía.
¡Como que ya presumía
que aquello iba a ser la mar!”

Plaza de toros de Segovia, tarjeta postal ca.1960.

Plaza de toros de Segovia, tarjeta postal ca.1960.

La lidia del cuarto, según ABC, fue la única que tuvo carácter regular:

El espada Llavero, auxiliado por el aficionado Peludo, se hizo con el toro, que era un verdadero marrajo, y, como diría alguien que yo me sé, le dio, aprovechando, una estocada, llevándose la mano al chaleco. Uno de los toros, después de recibir media estocada, pasó a manos del puntillero, el cuál le dio 10 ó 12 golpes, y como no acertaba a rematarle pasó la puntilla a un compañero, quien le dio otros 10 ó 12, declarándose a su vez incapaz para acabar con el pobre bicho, y ya iba a darle el arma a un tercer torero, cuando un aficionado saltó al redondel y acabó con el animalito dándole el golpe de gracia.

El aficionado, de nombre Isidro, se llevó una monumental ovación y mereció unos versos de José Rodao:

“¡Qué golpe Isidro!
el trabajar no le agobia
y en cualquier corridilla
no va a haber más puntilla
que la de Isidro en Segovia.”

Palacio de la Granja, Segovia.

Palacio de la Granja, Segovia.

Despide Alfonso su crónica:

[…] y en este estado dejamos la plaza con la situación de ánimo que es de figurar. Al salir non enteramos de que el herido más grave es el Venterito de Jaén, que sufre una incompleta rotura de una costilla y magullamiento general; los demás heridos tienen lesiones de menor importancia. Más vale así.  Cuando entramos en La Granja, los Reyes han llegado ya ha largo rato, sin novedad, y en el propio sitio impera la más completa y absoluta tranquilidad.

Recapitulando con ‘Pepe’. Pisaron el suelo cuatro bichos, majarros unos, heridos otros y todos recelosos, descompuestos y buscando tablas. Y pisaron también la húmeda alfombra, siete pobres que sin capotear suficiente a sus enemigos -que llegaron enteros a la suerte suprema- y sin el aplomo necesario para preparárseles a bien morir, desplegaban el capote y se tiraban a matar como el que se tira al foso del Alcázar.

Hasta aquí el relato, no sé si ayuda a hacer afición, pero es lo que había. No creo que ninguno de los intervinientes saliera por la puerta grande del coso segoviano.

Nota: Precios de las entradas en 1901. Palcos con diez entradas, 100 pesetas; barrera de sombra, 6; coronación de sombra, 4; asientos de grada, 4; tendido de sombra, 3,50; tendido de sol, 2. En estos precios iba incluido el timbre móvil

 

Artículo de Juan Pedro Velasco Sayago (c) Todos los derechos reservados.

 

Author: Juan Pedro Velasco Sayago

Blog de montañismo y excursionismo sobre el Guadarrama, a cargo de Juan Pedro Velasco Sayago. (Coordina el Blog 'Retrosegovia', publicando temas relacionados con la tarjeta postal ilustrada de Segovia).

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