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Coronavirus: ¿Qué va a ser de nosotros?

España es ahora mismo el país europeo con peor curva de propagación del covid19. Por aquello del consuelo de tontos (muy tontos), cabe decir que a nivel mundial la principal preocupación está en América e India, con datos estremecedores que dejan en bagatela los españoles. Pero el hecho cierto es que otra vez somos los que vamos peor del entorno. La curva de contagios es relativamente significativa, a más PCR más contagios. Pero la que no engaña, la preocupante, es la de muertos; a golpe de ojo se ve que tras un “plácido” julio, mes en el que tal vez algunos tuvimos la sensación dejar atrás la crisis, vemos que en agosto vamos a peor. Ciertamente, y si comparamos con marzo, es una curva “contenida”, una curva que no acaba de explotar (crucemos los dedos), pero ese insidioso goteo mortal nos dice: estamos bien lejos de olvidarnos de la mascarilla. Pero que bien lejos. Y a la vuelta de la esquina tenemos la vuelta al cole, al tajo, al metro a los desplazamientos en Avanza…

¿Qué estamos haciendo mal? En líneas generales la población se porta. Por más que en Antena 3 nos desmoralice a diario con alguna nueva fiesta salvaje, un pasacalles, una enésima cabestrada, predomina el civismo. El problema va más allá. Como explican los sociólogos, somos el país con más interacción social de Europa. Y hay cosas que no se arreglan con mascarilla. Nuestras ciudades presentan las mayores densidades demográficas del mundo. La rutina de un ciudadano medio es ir a trabajar, tomarse un café en el bar a media mañana, volver a casa (o al bar) a comer, vuelta al tajo, luego se sale, se compra, se queda con amigos…  Más items. Un gran paro juvenil que convierte a nuestros hijos en los más fiesteros y con más tiempo libre del mundo. Economía precaria y sumergida que hace que mucho personal no tenga otra que trabajar (infectado o no). Un importante peso de campañas agrarias. Un sistema sanitario compartimentado en 17 unidades autónomas (que tendrá cosas buenas, pero para las epidemias es lo peor). Sociedades montadas alrededor de la familia. Y probablemente me dejó otras treinta variables…

Y ahora viene la guinda. Como somos el país más interactivo socialmente hemos montado una súper economía sobre esa interacción. Bares, restaurantes, espectáculos, deporte, ocio… Compárense con el país que quieran que les damos vuelta y media. Y no solo para los paisanos, tamaña “economía de la interacción”, vía turismo internacional se ha convertido en parte esencial de nuestro modelo económico. Somos el Google del ocio, de manera que ciudades enteras de este país dependen de un monocultivo.

Así que cortar la interacción social tiene aquí  una salvaje repercusión económica.  Y dejando de lado que la miseria también mata (probablemente más que cualquier virus), el hecho es que el país debe seguir funcionando. Les recuerdo que la interacción social no solo son bares o discotecas. También encuentros familiares, desplazamientos a segundas residencias (comercio de segunda residencia), deporte, compras, cultura, eventos, estudios…

Por tanto, el coronavirus nos castiga más porque dependemos vital y económicamente de una mayor interacción social. Así pues, llegado el momento, el Gobierno se decantó por una política de “contención de daños“. Dimos por perdida la batalla de la extinción del virus fijándonos el objetivo de “salvar el sistema sanitario”.

En realidad no hubo opción. Aplicarnos a una política de turismo cero, de confinamiento interminable, en España es impagable. Y a trazo grueso eso es lo que pasa (a mi entender) y lo que ningún político tiene el valor de decirnos: por cuestiones socieconómicas no podemos aspirar a ser una sociedad sana frente al covid, nos tenemos que limitar a una política de contención de daños. Evidentemente la discusión siempre estará ahí. ¿Qué es más caro? ¿Tirarnos un año o dos “conteniendo” o aplicar una purga de caballo? Atendiendo al enorme peso económico del ocio creo que lo segundo nunca ha sido realmente una opción y espero que no lo sea. Todo lo más podemos confiar en una mejora de la atención al enfermo que redunde en una política de control de daños sobre el sistema hospitalario y la muy baqueteada atención primaria. Y cruzar los dedos y tocar madera y vivir unos meses más con la desazonante sensación de no saber qué sera de nosotros…

Colas ante la Junta.

A lo que se añaden las disfunciones. Por ejemplo, me pone el glups en la garganta que con los brotes de agosto el Remdesivir se agotara. Muy mala señal. Que sectores clave como la SS no esté al 200%, que  las consejerías de educación se tiraran agosto rascándose la tripa con la idea de en septiembre ya veremos. Si todo eso, y más, es verdad. España es un país promiscuo socialmente, pero no es el único…

Todo cierto. Nuestros políticos no son ninguna lumbrera (¿los de Italia sí?, lo dudo). Pero antes de rendirnos al despelleje sean justos y piensen que en un mes nadie puede centralizar competencias que llevan 30 años transferidas. No puedes por decreto cambiar el chip de miles de empresas para establecer jornada intensiva y de esta manera reducir desplazamientos. No puedes pretender cambiar ni en un año ni en dos problemas como el de la vivienda, el de la economía sumergida, el de la precariedad o el de la inmigración… Ni las inercias de ocio para, de un mes para otro, sustituir las quedadas y los bares por, a la manera escandinava, ponernos todos a restaurar muebles por las tardes o a cultivar hortensias.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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6 Comments

  1. Acertado artículo. Tenemos una economía de mierda (con perdón) y sin visos de cambiar mucho señor Besa. Seguimos en más de lo mismo y a las pruebas me remito viendo los nuevos negocios.
    Es lo que hay, no sé si lo que somos pero tiene mal arreglo la cosa (y las previsiones de globalizacion de nuevas pandemia acecha), salvo una vacuna e intentar, con los años, racionalizar nuestras actividades, en consenso social, poco podrán hacer las autoridades para frenar cualquier ‘bicho’ que nos aceche.
    Lo dicho interesante reflexión.

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    • Lo que no se puede es despellejarnos cainitamente. Si se puede cambiar inercias y racionalizar las administraciones descentralizando y suprimiendo las innecesarias -diputaciones y comunidades-. Al igual que se pueden poner jornadas intensivas y teletrabajo;la vivienda tiene solución en la medida en que se aplique el teletrabajo y se empiece a llenar los millones de viviendas de la España vaciada…etc. Falta voluntad política. Y lo que nosotros debatíamos en estos foros sirve lo mismo que ” lo que hablan los pobres en los pajares”

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      • Estoy de acuerdo. Más que hablar en los pajares, mi propósito es trasladar puntos de vista, evitar los excesos de la culpabilización y ayudar a entender que es lo que pasa, que tenemos que coexistir con un el virus (y los consecuentes enfermos o muertos) por razones muy complejas. Veas usted, Rafa, que las soluciones que propone, totalmente razonables, no son sin embargo implementables en el corto plazo. Y una epidemia pide, en un primer momento, reacción a corto plazo.

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  2. No hay que preocuparse, porque en España no habrá mas que uno o dos contagios, las mascarillas no son necesarias, tenemos un comité de expertos, y los hijos no son de ninguna manera de los padres.
    Y tenemos el presidente mas morenito de Europa.
    Todo controlado.

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    • Morenito… y guapo, ya que mete usté bazamocha sin venir a cuento, como siempre) Pero lo que no es de recibo, hasta el empresariado está en ello, es la partida de inútiles políticos (y sus pagados calibocas) ejerciendo de no perder su sillón en vez de mirar por España, socios del gobierno incluidos.

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      • jajajajaja……. pero si a esos inútiles les has votado tu, ¿que cojones nos cuentas ahora?….. jajajaja. Alucinante.

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