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El vuelo de la codorniz

codornizYa estamos terminando la media, y mire usted, de todo como en botica. Donde cazo yo, se matan tantas codornices como rinocerontes, es decir ninguna. Ahora bien en acotados donde años atrás las muestras de los perros eran algo habitual también cero. Es más, escopetas que mataron hace tres años 317 en los diferentes días de la veda, este año han bajado 1.

Pero esto es parte de la verdad. Parece ser que en otros términos ha habido codornices en un número aceptable. Vamos para dar y fallar. Conozco uno de Aldea Real que el primer día falló 14. Tengo que decir que yo no he tenido 14 codornices a tiro en toda mi vida cinegética. Por eso digo, que zonas como Aguilafuente, Turegano, Aldea Real, los cazadores se han entretenido. No es lo de antes, pero se han entretenido.

Y es lo que tiene este bendito animal. Que va donde quiere. Y premia unos términos u otros según su antojo. Y a otros los castiga.

Y es que los vuelos de la codorniz en Marzo o Abril, cuando tiene lugar su entrada en nuestros campos, se parece mucho a la bola del gordo cayendo por la rampa del bombo de Navidad. Influyen tantas cosas en que haya o no haya una buena entrada (viento, nubes, luna llena, lluvia), junto con una cría regular, con una climatología aceptable y acorde a lo que marcan los tiempos de la agricultura moderna, que disfrutar de una tarde en la que se puedan ver 15 o 16 muestras de perro y bajar una docena de codornices roza mucho el acertar los 6 números de la primitiva y el complementario.

Además no se puede hacer nada salvo rezar a San Humberto y llevar flores a Diana cazadora. Y punto. Ni bebederos ni gestión. A rezar.

Es cierto que hay términos que siempre triunfan. Será la humedad, el tipo de cultivo, la conciencia de los agricultores a la hora de la recolección. Lo que sea, pero siempre triunfan. Otros están condenados de antemano. Pero octubre está a la vuelta de la esquina y San Frutos nos trae a las de las patas coloradas y alguna que otra rabona. Y es cuando empieza la verdad de todo esto. Cuando vuelan las perdices.

Author: J. García Herrero

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