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Cartelera Segovia: Ghost in the Shell

Ghost in the Shell tiene como principal mérito su fidelidad a la trama visual del manga ideado en 1995 por Masamune Shirow. En un futuro no muy lejano la integración hombre-máquina, aunada a una conectividad general al ciberverso (que era como se llamaba antes de internet a la construcción de un meta-universo digital), llega al punto de generar “guerreras” como la Mayor, interpretada por Scarlett Johanson), cyborgs trasplantados con cerebros reales más o menos manipulados para su optimización como herramienta. En Tokyo la división K9 es la encargada de poner coto a los ciberdelincuentes que pululan entre el mundo real y el virtual.

En realidad, la primera Ghost in the Shell -editada en 1990 y pasada al animé en 1995-tuvo un fenomenal impacto en el mundillo CF (sector duro) por ser una de las mejores ambientaciones del entonces muy en boga cyberpunk, corriente de la literatura fantástica que tiene en la fastuosa Neuromance (Neuromante, en la traducción española), de Gibson (1982) su piedra de bóveda. En sí misma, Ghost in the Shell, en cuanto a trama, no distaba mucho de Robocop, con dos alicientes. La obnubilante recreación de las grande macro-urbes asiáticas (y en esto bebía directamente de Blade Runner), y mucho sexo, crucial en la obra de Shirow, pues a golpe de polvo la Mayor va redescubriendo los pliegues de su mutilada consciencia e internándose en un dilema metafísico ¿soy máquina, soy hombre? y sobre todo ¿qué es lo real?. Hubo que esperar a 2004 cuando otro grande de la animación nipona, Mamoru Oshii, filmó la segunda parte de Ghost in the Shell, Innocence, que es un santa pasada de toda pasabilidad, probablemente, el mejor animé que se conoce. Un barroquismo conceptual y visual que no sé si se ha vuelto a repetir.

Yendo a lo que nos ocupa. La versión 2017 de Rupert Sanders me ha resultado decepcionante. Tiene ritmo, es palomitera, se deja ver, y ya… Entre los grandes aciertos, y solo por eso vale la pena verla, hay la trasposición literal de tres o cuatro momentazos de la original. En especial el salto al vacío de la Mayor y el tiroteo posterior en un banquete. En el manga, la Mayor efectuaba dicho salto en pelota picada. La piel de la cyborg tenía propiedades miméticas lo que hacía a la Mayor cuasi invisible. En la película, Scarlett se enfunda una apretada (y a lo que se dice, carísima) membrana color carne. Pero ¿ven? Ya no es lo mismo. Por descontado, las abundantes escenas de sexo explicitísimo de la original quedan aquí en unos besitos que se da Scarlett con una meretriz. En definitiva: infantilización de un clásico o cómo convertir un joyón del cyberpunk en un Robocop femenino con una cara bonita pero inverosimil. Muy mal Johansson, que está de prestado total en un papel A/de obligada orientalización y B/solo creíble con una actriz carismática, tal que Sigourney Weaver en Alien, Carrie-Anne Moss en Matrix, o (si me apuran y ya que ponemos robotoides macizorras) la Daryl Hanna de Blade Runner. Y pongo foto-montaje de estas tres para mejor ilustrar mi argumento.

Si por ahí nada que hacer con la nueva versión de Ghost in the Shell, sí que es de admirar la reconstrucción de esa Asia brutal del momento presente recreada con After Efects. Filmada en esos megabloques de Honk Kong y Shangai -bloques tan enormes que allí Clara Luquero sería presidenta de escalera-, te deja impresionado. Esos rascacielos de barato, construidos en planchas de hormigón ligero, y adornados con hologramas gigantes. He ahí el verdadero espectáculo de Ghost in the Shell. Eso, y que acaso sirva de prólogo a la acojonante segunda parte, que ya les digo, palabras mayores.

 

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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