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A por otro puente

El Ayuntamiento ha recitado los excelentes datos de afluencia de turistas —la alcaldesa, Clara Luquero, evitó este martes participar en la rueda de prensa junto al concejal de Turismo— y así trata de zanjar definitivamente la polémica que acompaña (y acompañará) a cada puente festivo de esos que ponen contentos a los hosteleros y guías turísticos y que justifica las inversiones en Patrimonio y las múltiples restricciones que imponen nuestros tesoros al urbanismo y a la misma vida local. Lo que pasa que no nos acordábamos.

A ver, que lo de las avalanchas de visitantes son viejas y aquí se ha probado de todo y resumo tirando de memoria: que si voluntarios (se probó hasta hasta con los socios de Horizonte Cultural, allá por los noventa y principio de siglo) por las calles y en las entradas de la ciudad orientando a los visitantes, que si patios de colegio transformados en aparcamiento provisional como el patio de Padre Claret, el del Seminario o la parcela donde, por fin, se construye el Segovia IV, que nunca se usó…

Vamos, que el asunto ha estado siempre en la cabeza del político de turno en el gobierno de la ciudad y ninguno ha encontrado la fórmula que haga que la llegada de casi 5.000 personas adicionales y, vamos a poner, un millar de coches cada día festivo sin que se note en la circulación, en el aparcamiento, o hasta en la capacidad de las papeleras.

Pero hasta aquí mi parte más comprensiva. Si, qué difícil es gobernar… pero es la obligación del gobernante. Resulta que los periodos de puentes y festivos a lo largo del año son muchos, así que no es aceptable la idea de que “hay que aguantar” cada vez que llega uno o que cualquier instalación, por ejemplo, de aparcamiento, tiene que tener la condición de “provisional” y se plantee siempre a futuro.

Mire, lo único que ahora está sobre la mesa es —cuando se arregle la situación urbanística, se licite, se ejecute la obra, se autorice el uso del centro de transportes ampliado y se establezca el nuevo convenio con los transportistas, largo me lo fías— es que en los “momentos puntuales” se saquen los camiones de su aparcamiento y se mande a los turistas a aparcar a cuatro kilómetros del centro y que luego hagan un recorrido por carretas sin acera y el bello marco de los polígonos industriales antes de internarse en la ciudad.

Puestos a echar los vehículos que hacen uso habitualmente de una explanada, la de San Marcos —esa en la que un Viernes Santo se multa a todos los que hayan entrado en la zona prohibida y al día siguiente no se acerca un solo policía, no se sabe por qué criterio concreto— podría ser una zona de solución para esos días. Oiga, que caben unos 70 coches.

Lo cierto es que el trabajo de buscar las explanadas y adecentarlas corresponde al Ayuntamiento, de cuyos corporativos cabe esperar algo más que encogerse de hombros. Por ejemplo, en lo de la planificación de los autobuses urbanos. Vale, póngase en que soy un ciudadano modelo (es una suposición, no nos pongamos estupendos) y para no echar más leña al fuego voy y dejo mi coche aparcado en casa los días de jaleo. Vale, pues entonces no me ayuda mucho que los autobuses pasen, precisamente en esas jornadas, con una frecuencia aproximada de una hora en la mayoría de las líneas y ni siquiera se ponga un vehículo de refuerzo en las horas punta. ¿Vio los autobuses atestados el jueves y viernes Santo, a la hora de ir y a la de volver de las procesiones? Algunos sólo los vieron pasar por la parada con el cartel de completo

El turista es, a veces, voy a decir “poco cuidadoso” (ando moderando el lenguaje, que los hay muy susceptibles) así que si se quiere evitar que se agreda al Acueducto y otros monumentos, la vigilancia constante parece obligatoria. Teniendo en cuenta que está constatado que decenas de personas treparon al monumento pero que el Ayuntamiento reconoce que sólo ha interpuesto dos propuestas de sanción por trepar al monumento ratifica esa necesidad y me temo que constata otra evidencia: aquellas cámaras que se instalaron con pompa, publicidad y gasto no sirven para nada, no están en uso o se utilizan para hacer otro tipo de vigilancia que nada tiene que ver con los arcos romanos. Ya si algún día llegara la famosa Ordenanza —se acuerda, era trabajo “prioritario” para la concejala, Clara Martín— que permita regular la protección, sería la repanocha.

Podría seguir con la necesidad de reforzar servicios y personal en los días en los que la ciudad vive fuera de su “calma chicha” habitual, aunque me limitaré a señalar que en breve llega el puente del 1 de Mayo por si a alguien se le ocurre alguna idea más allá de la de “abrir la ciudad” y esperar con resignación a que pase el chaparrón.

Ya. Me estoy pasando, que dos semanas es muy poco tiempo para afrontar un problema tan novedoso como inesperado. ¿No?

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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