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Rodrigo González, reinventando al Defensor

El Ayuntamiento de Segovia presentó al nuevo Defensor de la Ciudadanía, el profesor y filósofo Rodrigo González Martín, que se puso como “deberes” darle al cargo honorífico una mayor proactividad. “La defensa de la ciudadanía debe, por supuesto, recoger las quejas de los ciudadanos, pero también asumir y dar valor a nuevas demandas sociales”, dijo y apuntó cuatro ámbitos de acción. Como principal, la lucha contra la desigualdad (de género, económica y de grupos en exclusión social). Igualmente la defensa del patrimonio, a estos dos capítulos dedicó González Martín el grueso de su intervención. También aludió a acortar los plazos de los procedimientos y dar al ciudadano respuestas inteligibles, y como cuarto eje, dar más visibilidad a la figura del Defensor de la Ciudadanía, “participando, por ejemplo, en temas de educación, trabajando con convenio con la universidad y las escuelas”, señaló.

RodrigoGonzalezMartin

Los defensores del pueblo, surgidos en los años 80, han pasado de ser algo así como el Lourdes de la administración (la última esperanza de los ciudadanos desahuciados en sus pulsos con el poder) a meras figuras decorativas, paños de lágrimas de quejas sobre ruidos, tráfico o urbanismo, conflictos tan enquistados que carecen de soluciones fuera de los tribunales (y aún dentro). Hasta el punto que UPyD abogaba recientemente y no sin sensatez por eliminar esta figura, que aunque no apareja retribución si cuesta unos 5.000€ anuales al erario público.

Realmente, habría que convocar un premio para encontrar a algún “defensor del pueblo” que en los últimos años haya culminado con éxito incuestionable alguna queja, por tonta que sea. Da la impresión de que el nuevo Defensor de la Ciudadanía segoviana es bien consciente de eso y que no se resigna al papel decorativo con que Arahuetes impulsó esta figura (en la persona de la hoy concejal, Claudia de Santos). ¿Qué se propone?

RodrigoGonzalezDefensorSus palabras resultaron meridianas. Rodrigo González se propone reinventar el cargo. Como hombre educado y respetuoso con sus antecesores, no lo dijo así pero sonó así. En lugar de esperar las quejas de particulares, lanzarse de lleno a la arena social. De ahí el retintín que usó para separar lo que es ciudadano  del concepto que él prefiere, ciudadanía. De lo individual a lo social, del desdichado que cada sábado intenta disolver un botellón ante su portal, a la lucha por los derechos sociales.

Normalmente, y en otras circunstancias, duraría tres días en el cargo o terminaría rebajando el listón. Pero pienso que no va a ser así, y que, de sopetón y un tanto por la puerta de atrás, la ciudad se ha dotado de una nueva voz pública. ¿Por qué?

Conozco y admiro a Rodrigo González. Un gran profesor, maestro en el sentido enorme de la palabra tanto en su cátedra de filosofía del Andrés Laguna como en la facultad de Publicidad y Relaciones Públicas. Sé que sus “centros de interés”, en lo ideológico al menos, no difieren sino que casan con los de Clara Luquero. Esa es la cosa.

Lucha por la igualdad (Rodrigo ha sido un discreto pero hiperactivo agente en la lucha por los derechos de las mujeres), defensor a ultranza de lo público, ferviente creyente en la necesidad del trabajo educativo y formativo para mejorar la sociedad, un experto en la compatibilización de patrimonio y discapacidad, pionero de la responsabilidad social de las empresas… En suma, y aunque no sea ya afiliado a nada, según habla, escucho el discurso filosófico que a Clara Luquero le gustaría tener y complementario al de la ideóloga del Luquerismo, Mari Fe Santiago. No es exactamente “uno de los nuestros” -Rodrigo siempre ha sabido mantener una alta dosis de independencia, cosa nada fácil en Segovia-, es mejor.

No quiero decir solo con eso que Rodrigo González vaya a ser una voz cómoda. Quiero decir que lo que él denuncie a Luquero le sonará no tanto a grano en el culo, si no a Pepito Grillo, atinado y sabio consejo. Por así decir, es como si Rajoy pusiera en el cargo al mismísimo Marhuenda. Me da esa sensación: afinidades electivas.

Apunte biográfico

Filósofo y profesor de filosofía -le apasiona la ética-, Rodrigo González, extremeño de origen, ha desarrollado hasta su jubilación en 2014 toda su carrera docente en Segovia, en el Andrés Laguna así como en la facultad de publicidad, que junto con su hermano contribuyó decisivamente a fundar. Fue militante del PCE en el tardo franquismo y la transición, de hecho, figuró en la lista del PCE en las primeras elecciones democráticas al ayuntamiento de Segovia. Desde entonces, sin embargo, se ha mantenido alejado de los partidos aunque no de la política, entendiendo por tal la acción social desde las ideas. Separado y con dos hijos (Rodrigo González junior es el editor de la Uña Rota), el cuarto Defensor de la Ciudanía de Segovia cumplía precisamente ayer 66 años. Le gusta citar a Machado (ayer lo hizo), y probablemente sea el único en Segovia que puede explicar cabalmente el entresijo subyaciente a la filosofía de Zambrano. A mí, sin embargo, más me recuerda a Marco Aurelio, un estoico dotado de la sabiduría de discernir lo que no se puede cambiar de lo que sí se puede y se debe mejorar.

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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