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Rajoy presume en Segovia del descenso del desempleo

Sabían en Trabajo la semana pasada que los datos del paro del mes de marzo iban a ser muy buenos, de los de sacar pecho y hace días que estaba decidido que Fátima Báñez, la ministra de trabajo tenía decidido que vendría al hall del edificio del INSS de la capital a contarlos. Otra cosa es qué hizo que el acto le resultara atractivo, primero a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que hace una semana era la que iba a acompañar a Báñez y así se llegó a comunicar, y que luego fuera el mismísimo Mariano Rajoy el que decidiera retirar a su número 2 para ser él mismo el que se desplazara hasta aquí.

Nadie acabó de aclararlo, pero el caso es que el inmueble en cuya construcción se invirtieron 16 millones de euros —a mil euros el metro cuadrado de edificio, moderno pero puramente funcional— se cerró al público y se blindó para el acto protocolario.

Al calor del presidente, se dieron cita la práctica totalidad de representantes institucionales locales y regionales —a los que Rajoy advirtió que no son ellos los que hacen empleo “que el empleo lo hace la gente”— repartidos como buenamente pudieron por el hall del inmueble, donde no todos estaban contentos con el puesto que les había asignado el protocolo. El juego de las vanidades, no satisfecho para todos, en esta ocasión por falta de sillas y de una colocación mal resuelta del personal con cargo inferior al de consejero.

Rajoy charla con Herrera durante el acto de presentación del nuevo edificio.

Allí, la ministra dio cuenta de los datos del paro de marzo: récord en los registros para este mes con 62.000 desempleados menos y luces sobre el llamado “empleo de calidad”, que hay un 18 por ciento más de contratos indefinidos y de ellos, una quinta parte lo son a tiempo completo. Según la ministra “España traduce todo el crecimiento económico en oportunidades para el empleo y esa es una magnífica noticia para los pensionistas”.

En “esta bonita ciudad de Segovia”, según halagó Báñez, las cifras acompañaban a las nacionales: 136 desempleados menos que dejan la cifra en 8.752 parados en la provincia frente a los 10.099 que había hace un año. “Es un día de celebración”, sentenció ante el nutrido auditorio, incluidas un par de decenas de empleados que se asomaron a las barandillas de los pisos superiores.

Las cifras hablaban por sí solas pero Rajoy se moderó en los alardes —aunque subrayó que en 2011 por cada pensión que se creaba se destruían tres puestos de trabajo y ahora la relación es de 1 pensión y 6 empleos— e insistió en que “hay que seguir trabajando porque estos datos no nos pueden hacer caer en el conformismo y la autocomplacencia” con la meta de los 20.000.000 en el horizonte de la legislatura y la bajada de “diez puntos más que tenemos que lograr” en el desempleo.

Y lo demás fueron gestos. Desde la misma llegada del presidente al edificio, los responsables de protocolo se tuvieron que emplear a fondo. Rajoy corrió la cortinilla que cubría la placa conmemorativa de la “inauguración” —era la tercera vez que los periodistas segovianos paseábamos con guía por las dependencias en año y medio— y la foto de familia del momento requirió dos minutos de colocación del personal en un día de esos en los que había codazos por salir junto al gallego.

El presidente y la ministra saluda a los funcionarios en sus puestos de trabajo.

El problema se atenuó en el recorrido por las instalaciones que solo hizo un grupo reducido y que llevó, dependencia a dependencia, al saludo personal de Rajoy a todos y cada uno de los funcionarios —en el flamante edificio trabajan 160— que le esperaban sentados en sus mesas y se iban irguiendo al mismo ritmo que se hacían más audibles los clicks de las máquinas fotográficas y cámaras de medios locales y nacionales que también se movían al unísono en esa suerte de estabulación de informadores que se produce en estos casos.

No hubo declaraciones al margen de los discursos oficiales —y eso que los informadores andaban locos por conocer la opinión de Rajoy tras la dimisión del presidente de la comunidad de Murcia, Pedro Sánchez— y la despedida del presidente se produjo con normalidad, eso sí, jaleado por una decena de personas que, a prudente distancia y con reducida vigilancia policial, protestaban contra su presencia y sus políticas. Era el mediodía cuando la fila de coches enfilaba la avenida de Juan de Borbón y en el bar Monty, el más cercano al edificio, trataban de tomar aire “que llevamos una mañana terrible entre gentes de seguridad y señores con traje”, según resoplaba el camarero ante una pila de cacharros esperando pasar por el lavavajillas y probablemente comprobó después en su caja un “repunte económico” que, aunque puntual, esta vez si, tenía relación directa con el presidente Rajoy.

Author: Redacción

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