Cuando un encargo va bien, es seguro, decimos que está encarrilado. Cuando un objetivo tiene incertidumbre, decimos que hay que aterrizarlo. De un tiempo a esta parte, el tren llega tarde, pero era seguro. “Avísame cuando entres al AVE o avísame cuando salgas del avión” dicen las madres. Por eso este accidente es tan doloroso como inesperado y tan inesperado como ver volar un tren. Descansen en paz las víctimas.
Afortunadamente, somos una sociedad puntual con la solidaridad, pero lamentablemente también con la culpa antes de que acabe el duelo, metiéndonos en trincheras antes de que salga el informe. El muerto al hoyo y el político a su rollo.
Anthony Perkins rodó Psicosis en 1960. Su personaje desarrolló un trastorno de identidad disociativo asumiendo la personalidad de su madre para evitar la culpa. La de haberla matado y la de seguir haciéndolo en su nombre. Este desorden es una afección mental caracterizada por dos personalidades distintas que toman el control del comportamiento de forma alterna. Anthony Perkins hizo de psicópata en todo el foco con todo el fondo desenfocado. Tan perfecta fue su doble actuación que le fue imposible volver a salir de ese personaje. Solo le ofrecían papeles de asesino. Se fue a Europa para hacer de galán, de diplomático, de escritor, pero llegaba tarde, siempre le recordaban a Norman Bates, como si detrás de la máscara estuviera su verdadera identidad. Volvió a Estados Unidos y tuvo que aceptar tres secuelas de Psicosis para poder seguir trabajando.
El ministro Puente, actor de teatro clásico con miles de funciones en sus anchas espaldas, tiene dos personalidades políticas, la del activista tuitero y la del ministro institucional. Como insultador, lo clava. Ha llamado “cocainómano” a Milei, “saco de mierda” a Quiles, “mediocre y tontita” a Ayuso, “testaferro con derecho a roce” a su novio, “acabado” a Madina, “pseudomedios” a la prensa de derechas, y “amigo del narco” a Feijóo.
Toda esta “balasera” era tan celebrada por la militancia que se le premió con el super Ministerio. Este es un error habitual de este gobierno. Premiar al que más gesticula con la mayor gestión. Y así, se pasa de Ferraz al uranio o a Correos con una “radiante” carta de recomendación. En el primer mes de la facultad de Ciencias Políticas, justo después de enseñarte a liar cigarrillos, te enseñan que un gobierno es distinto de un partido. Que se gobierna también para los que no te votan, que hay que ceder la gestión a los técnicos y apoyarse en los funcionarios, que el partido está al servicio del gobierno y no al revés. Que un ministro no puede insultar a la oposición, aunque le insulten. Que la calle se queda fuera del despacho. Pero esto nunca ha convencido a Sánchez, que ha obligado a los militantes de su cuerda a multiplicarse hasta sentirse otros, hasta desbordarse, hasta extraviarse, como la vicepresidenta Montero avanzando hasta el tiro de cámara del Rey. ¿O era la candidata a Andalucía la que se colocaba a tiro?
Óscar Puente, más “sanchista” que Sánchez, es tan imprudente que siguió disparando, incluso contra otros gestores de crisis, diciendo que Mañueco estaba de farra durante los incendios, como si las crisis no llegaran a todos, puntuales e imparables, como trenes del pasado.
Lo asombroso de Puente es que también lo clava como actor institucional. Desconozco su gestión técnica, pero hay que reconocer que en la gestión de crisis de esta tragedia ha estado a la altura como portavoz. Inmediatez, presencia ante todos los medios, transparencia, coordinación institucional con la Junta de Andalucía… hasta tal punto que pensé en aquello que decía otro Óscar del teatro, apellidado Wilde: “un hombre es menos él mismo cuando habla por cuenta propia. Dale una máscara y te dirá la verdad”. Y dudé si Puente born to be Wilde en lugar de wild, pero ya llega tarde. Primero porque, este era el ministerio de Ábalos, el de las mantenidas en lugar del mantenimiento, el de las traviesas mal colocadas, el de Jésicca, Claudia y Miss Asturias Rural. Segundo, porque hay una evidente mala gestión, desconozco si heredada, en el mantenimiento y actualización, que es especialmente grave en un país donde exportamos AVES e importamos turistas, donde el AVE es nuestro “concorde”, donde cada pueblo presume de estar a dos horas de poder ver El Rey León… pero lo peor es que a Puente se le esperaba como a un tren con retraso, ya estaba señalado por sus muchos insultados y entraron en los delirios y alucinaciones de decir que ese tramo se lo gastó Koldo, o que no hay mantenimiento porque no hay presupuestos o que solo funcionan los trenes catalanes. Y es entonces cuando el Ministro siente la tentación de Perkins de volver al personaje que le dio la fama y ceder la gestión de la crisis al macarra debajo de la máscara, la tentación de ponerse a señalar a las empresas o al fabricante o al cambio climático como responsable, en lugar de dejarse de culpas y garantizar soluciones. Ojalá siga estando a la altura.
No creo que Puente tenga que dimitir por la gestión de esta tragedia, pero creo que estaba inhabilitado como ministro porque era visto más de redes sociales que ferroviarias, como experto en mandar a viajes con destino a tomar por culo, con antecedentes en ridiculizar las críticas. Puente cometió un fallo de seguridad en sí mismo que le va a impedir ser él mismo. Un gobernante de izquierdas no puede insultar, aunque este sea el gobierno más insultado de la democracia. Un agitador no puede ser buen gestor, como un romántico no puede ser un buen matrimonialista, un humorista un buen enterrador o Sara Santaollla la imagen de Chanel. Hay que elegir máscara en la mascarada.
Somos una tierra rara. Más que Groenlandia.














25 enero, 2026
Tranquilo tío.
Ya verás como ponen otro (la cuerda larga no solo está en nuestra sierra)
Y a seguir mientras haya muchos echando la siesta…..