El éxito de un dirigente político, de un partido, se mide casi exclusivamente por la capacidad de acceder al poder (ganar elecciones) y mantenerlo. Lo contrario debería llevar a la dimisión automática del dirigente, candidato o lo que sea, de todos sus cargos, cuando menos los orgánicos por incumplimiento de objetivos. Digo “debería” porque en los últimos años hay ejemplos de dirigentes que pierden una, dos y hasta tres veces en las urnas, y ahí siguen. Acuérdese de Mariano Rajoy o, mas reciente, de Luis Tudanca. En lo cercano, uno de los nombres mas calientes es el de José Luis Aceves que, como secretario provincial, ha asumido como propias las elecciones municipales —ya lo hizo en las autonómicas, con iguales resultados de pérdida de votos— capitalizando la campaña del PSOE y de todos sus candidatos a alcalde, lo que equivaldría a responsabilizarse de la debacle: pérdida del Ayuntamiento capitalino y de varios de trascendencia definitiva con la caída de dos diputados provinciales, hasta ocho, concediendo al PP en la Diputación, una mayoría de 15 escaños que el último que la disfrutó así de amplia fue Atilano Soto en la última década del siglo pasado.
Sería suficiente para que el secretario socialista, no este, cualquiera, reuniera a su ejecutiva para poner su cargo a disposición del partido, pero la primera reacción de Aceves, culpando de la debacle a “la desinformación, el ruido” y otros maestros armeros dejaba claro que, ya entonces, no tenía ninguna intención de dar ese paso. Hay que reconocer al secretario que se ha puesto sin parapetos al frente de las candidaturas municipales, como ya lo hizo en las autonómicas, aunque lo cierto es que los resultados han sido catastróficos para su partido en ambos casos. Pues lo que le decía en las primeras líneas.
También podría hacerlo Miguel Merino, el responsable de Organización del PSOE capitalino, cerebro, director y ejecutor de una campaña personalizada exclusivamente en Clara Martín, reduciendo al papel de meros figurantes para la foto al resto de los miembros de su lista, amén de ser el protagonista de la mayor parte de los asuntos municipales que han desgastado todo lo que era posible y un poquito más al Gobierno municipal durante el breve mandato de Martín. Por cierto, el tercero más corto de la historia democrática, un año casi exacto, por encima del efímero mes de alcalde de Julio Navajo y los nueve meses de Emilio Zamarriego, ambos en los agitados 80.
No lo espere. Pedro Sánchez decidió la misma noche del domingo, en compañía de su jefe de Gabinete, Óscar López —de supervivientes va la cosa— que no era el momento de andar cuestionando derrotas, incluida la suya propia, y ha echado el órdago que pone en marcha las demenciales elecciones en pleno verano. Así que todo el mundo quieto y a trabajar por la nueva batalla para salvar a los españoles de su propia inconsciencia. Lo que cabe suponer es que en los próximos comités socialistas en Segovia, aunque probablemente habrá reproches, no habrá un solo cambio en los organigramas porque hay tareas que hacer. Por ejemplo, confirmar el compromiso de Clara Martín de seguir al frente del Grupo municipal como portavoz y líder de la oposición que proclamó la noche electoral con un “no os quepa duda”. El papel no es plato de gusto para quien ya ha sido alcalde y, emulando a Justo Verdugo —recupérate, amigo— me apostaría ahora mismo el euro que guardo para el pan a que tratará de eludir quedarse en “el lugar que han encomendado los ciudadanos”. La duda es saber hsta que número de la lista se llegará para conformar el grupo que finalmente tome posesión del acta.
Además de organizar el próximo equipo municipal socialista, el de la travesía del desierto, de repente corre también mucha prisa —el plazo es casi el mismo— configurar las candidaturas al Congreso y al Senado, donde los socialistas segovianos tienen un representante en cada hemiciclo. Respecto a la Cámara Baja y echando un vistazo a la historia se colige que cuando los partidos necesitan colocar piezas en puestos seguros no dudan en hacerlo colocando un foráneo de peso encabezando las listas de provincias como la de Segovia. Un paracaidista de toda la vida. En ese caso, Aceves perdería el puesto cabecero de la lista y vería en riesgo su próxima presencia en el Congreso.
También se prevé batalla por el Senado, donde no se ordenan los candidatos formalmente, pero si de facto. Cabe suponer que la actual representante socialista, Ana Agudíez que, siendo alcaldesa ha renunciado a encabezar la lista municipal de Cabezuela también se retirará de una nueva carrera para el Senado, dejando una jugosa vacante libre aunque si quiere mi opinión (supongo que sí, si ha llegado hasta esta línea) no me suena que la vaya a ocupar ninguno de los nombres escritos en todo este texto.














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