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Navicoas, la página más oscura de Caja Segovia

En la presente serie de dos artículos se analizan los pormenores que llevaron a Caja Segovia a hipotecar los restos de los restos de su patrimonio; lo que tenía que viabilizar una parte de la acción social hasta la fecha desempeñada por la Caja resultó ser humo, con los bienes comprometidos como aval para un crédito destinado a pagar una deuda fiscal. Sin embargo, los 6,8 millones del crédito no son sino la punta de un iceberg incomprensible: una oscura operación inmobiliaria de decenas de millones sin pies ni cabeza, Navicoas. Esta es la historia.

Parte 1: pelotazo en Gijón

 

Rubiera Previsa es una cementera especializada en muros, postes y vigas ubicada junto al casco urbano de Gijón. Según explican los abogados de Rubiera Previsa, en 2007, en vísperas de la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Gijón, la familia Rubiera, propietaria en aquel entonces de la cementera (operaba con el nombre de Rubiera Prefabricados), vendió por 100 millones de euros los 83.000 metros cuadrados de los terrenos de la fábrica a una sociedad integrada por la empresa andaluza Navicoas (Naviera de Construcciones, uno de los holdings de construcción más potentes de España) en sociedad con un grupo de empresarios asturianos, entre otros los Cosmen (propietarios del grupo de transporte Alsa), la constructora Villa Jovellanos y Cascos Promociones. Nace así Navicoas Asturias, la empresa que llevará a la ruina a Caja Segovia.

Para entonces -recordemos, 2007- es obvio que bajo los 83.000 metros de la cementera descansa un tesoro: Gijón crecía y carecía de suelo urbano, cercada la ciudad por la ronda de circunvalación y el mar, los terrenos de la cementera eran (y siguen siendo) de las pocas bolsas de suelo disponibles. El Plan de Actuación CNT14 del PGOU de Gijón certificó esta situación y habilitó la construcción de 1.200 viviendas en el solar. Se acababa de pegar un pelotazo cantado. Multiplíquense las 1.200 viviendas por el valor de mercado inmobiliario de 2007, réstense los costes de desarrollo y la inversión efectuada (100 millones), y se obtienen unas plusvalías de decenas y decenas de millones de euros. Al menos sobre el papel.

Estalla la burbuja
Pues las cosas no van a salir según lo previsto ni de lejos. Según informan los abogados de Rubiera Previsa, en las cláusulas de venta de los solares (condición impuesta por el ayuntamiento gijonés y la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias para “bendecir” la operación) se especificaba que el acuerdo debía garantizar los puestos de trabajo (actualmente 47) de la cementera. A tal fin, se habían adquirido unos terrenos en un futuro polígono industrial sito en Serín. Sin embargo, el polígono quedó en el aire, la cementera siguió operando en la ciudad y el tiempo pasaba. 2009 era la fecha límite para despejar los terrenos y entregarlos a la promotora. No fue así. Y empiezan los pleitos. Navicoas dejó pendientes de pago 27 millones de los 100 que se había comprometido a pagar a los hermanos Rubiera Álvarez. Al tiempo, Navicoas inició un proceso de deshaucio contra la cementera, proceso que terminaría perdiendo en primera instancia y posteriormente en apelación.

Es en 2010 que entra en acción Caja Segovia.

Para entonces, la burbuja del ladrillo había estallado ya, de manera que resulta bastante comprensible que los sevillanos de Navicoas, propietarios del 50% de las acciones de Navicoas Asturias, abandonaran el barco. Lo sorprendente es que encontraran a quién endosar las acciones. Lo encontraron, una sociedad limitada participada al 100% por Caja Segovia. Es así como en octubre de 2010 el vicepresidente de Caja Segovia, Manuel Agudiez, pasa a ostentar la secretaría del consejo de administración de Navicoas Asturias en tanto que como presidente se nombra a Óscar Varas de la Fuente, del comité de dirección de Caja Segovia y actualmente imputado en el proceso por el caso de las jubilaciones en Caja Segovia.

¿Por qué se metió Caja Segovia en una operación millonaria en plena crisis del ladrillo y con incipientes signos de judialización? ¿Cuánto dinero invirtió? ¿Qué relación vinculaba a los segovianos con Navicoas Andalucía? Silencio absoluto. “En los pleitos que tuvimos por el tema del deshaucio, el que daba la cara por Caja Segovia era Agudiez, con quien siempre tuvimos un trato amable. Con el señor de Varas, no. Nunca contestó a nuestras llamadas”, explica el abogado de Rubiera Previsa.

Pero hay más. En aquel momento, relatan en Asturias, Navicoas Asturias soportaba una hipoteca de 80 millones de euros contraída al Banco de Sabadell, Iberbank y Caixa Galicia. Y más, a resultas de la operación inicial, Navicoas Asturias había imputado al impuesto de Sociedades lo que según Hacienda debía haber imputado al Impuesto de Transmisiones Patrimoniales. Pero eso todavía no se sabía. Habría que esperar a 2012, cuando una inspección de Hacienda desveló el pastel y reclamó otros 6,8 millones de euros a la promotora asturiana.

La cuestión es que desde el 10 de noviembre de 2011, Navicoas Asturias estaba en situación de concurso voluntario de acreedores. Literalmente, no podía soportar los pagos adeudados. (Resulta aleccionador leer el informe de Empresia sobre los movimientos societarios en el seno de la empresa asturiana)

¿Y qué hay de Caja Segovia?

Jorge Cosmen

Caja Segovia ya desde marzo de 2011 estaba integrada en Bankia. En el nuevo banco, los segovianos se encontraron con viejos conocidos, los Cosmen, socios estratégicos de Caja Madrid en FCC, Metros Ligeros de Madrid, Realia, etc… Jorge Cosmen es actualmente miembro del consejo de administración de Bankia. Técnicamente, las deudas de Navicoas Asturias pasan a ser las deudas de Bankia. Al menos en teoría.

Llegamos así a la crítica reunión de (los restos) del consejo de administración de Caja Segovia del 17 de julio de 2012. La situación de la entidad era una especie de limbo, una suerte de comisión liquidadora cuya única finalidad era dar un futuro a la Fundación Caja Segovia, que teóricamente debía nutrirse de una serie de activos, fundamentalmente inmuebles y fundamentalmente el Torreón de Lozoya, mantenidos aparte en el momento de la “fusión fría” con Bankia.

Pocos días antes, una inspección de Hacienda había puesto de manifiesto la existencia de la deuda de 6,8 millones antes aludida por el impago del incremento patrimonial consecuencia de la compra de la cementera por parte de Navicoas Asturias en 2007. La deuda es asumida por los administradores de Navicoas, Agudiez y Varas, pero Bankia, teóricamente propietaria de Navicoas, se desentiende y pasa la pelota a Caja Segovia. En aquella reunión, en la que ya no estaban nombres como Sanz Vitorio o Pedro Arahuetes, se faculta a Atilano Soto para contraer un crédito a la propia Bankia avalado con los bienes reservados para la Fundación Caja Segovia.

¿Por qué Atilano Soto aceptó el “endoso” de la deuda? ¿Realmente votaron a favor de avalar el nuevo crédito con bienes de la Fundación los miembros del consejo? El mutismo de los afectados impide conocer lo acaecido aquella tarde. Off de record, algunos consejeros afirman que Atilano les engañó, que explícitamente el presidente de Caja Segovia negó que el Torreón de Lozoya entrara en las garantías para la consecución del crédito. En cualquier caso, aquella fue la última jugada de Atilano Soto, que cesó como presidente de la entidad aquel mismo mes de julio tras 15 años al frente de la entidad. Correspondería al nuevo presidente, Rafael Encinas, comunicar a los segovianos la amarga realidad.

(Continuará…)

Author: Redacción

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