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Presencias y ausencias en el “nuevo” museo de la Casa de la Moneda

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Clara Luquero, alcaldesa de Segovia, inauguró ayer el museo de la Casa de la Moneda de Segovia. Una inauguración que pretende ser el punto de inflexión definitivo en la conflictiva historia de esta joya arquitectónica, obra de Juan de Herrera,  y emblema -esperemos- del patrimonio industrial patrio.

Vamos por partes. Este fin de semana, con previsión de sol radiante, harían bien en acercarse al “reestrenado” museo (de cara a la literatura oficial, la puesta de largo del 6 de marzo se ha vendido como reestreno para cuadrar con los reiterados titulares anunciando tal cosa, en realidad, y hasta ayer, lo máximo que ha acogido la Ceca es una batería de ruedas hidráulicas y cuatro plafones, al parecer, copipegados sin permiso). La entrada, hasta finales de mes, gratis. Luego se deberá cotizar 3€. (Más información de horarios)

El continente es espectacular, el marco, incomparable; en tanto el contenido tiene sus luces y sombras.

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La cara. Arriba. Así luce ahora la galería de ingenios en la sala principal. Sendas salas de patrimonio industrial, con buenas maquetas y didácticos sistemas señaléticos.

Lo que está bien

En realidad, hay que partir de la base de los 67.000€ de exiguo presupuesto aportado por la entidad Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España (más la generosa aportación en ruedas hidráulicas de la Fundación Juanelo Turriano). Con esta exigua dote, y aún a riesgo de que Glenn Murray nos llame “lameculos” en Facebook, bastante se ha hecho, la verdad. La visita vale de por sí la pena. Dénse cuenta que 67.000€ era lo que, en los buenos tiempos, el Torreón de Lozoya se gastaba para una exposición de dos meses.

En este sentido, destacaría la sala dedicada a la tecnología hidráulica: puentes, fraguas, martinetes, que ocupa una de las tres naves del equipamiento. Las explicaciones están algo abigarradas pero las piezas son muy didácticas, una verdadera gozada, con maquetas de ingenios legendarios y abundante información de los procesos de gestión. Seguiría destacando, como no, la batería de “ingenios”; a los ya instalados, se ha añadido una prensa automática del siglo XIX adquirida en Birminghan; un Ingenio de laminar, fiel reproducción del original de la que hubo en 1586; una prensa de volante cedida por el Patronato de Alcázar que ya acuñó moneda en la Ceca en 1771; y una prensa para la acuñación a martillo, máquinas parcialmente movidas por el Eresma, que es la gracia del tema, dar una idea didáctica de cómo eran los procesos industriales hasta el siglo XIX. No faltó en la inauguración el herrero Elías, dando clases en directo de forja a martillo.

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La cruz. A falta de pan, fantasiosos cortinajes para tapar la ausencia de objetos.

Lo que está mal

Hasta ahí el museo es más que destacable. Entrando en las sombras, sorprende la pobreza, irrisión y falta de chicha de la que debería ser la tercera pata del museo: la numismática. A este apartado el museo dedica dos salas, una supuestamente destinada a historiar cómo era la vida en la ceca en sus buenos tiempos, y otra, más amplia, dedicada a las monedas en sí. A falta de pan -una buena colección, por ejemplo, o infografías que nos permitan conocer mejor las monedas del imperio, las acuñaciones, mapas, maquetas, un cofrecillo del Odissey, un monigote vestido de ensayador, etc…- la “musealización” se ha saldado con aparatosos cortinajes a modo de pancartas, plafones suspendidos del techo.  Tirando de ploter para tapar ausencias.

Según informa la nota de prensa: “entre otros materiales se han utilizado tubos de acero lacado en dorado, madera alveolar, paneles de aluminio, lonas, telas y cartón reboard”, que, supongo, es lo mejor que se puede decir. Aparte de eso, seis pobres urnas con cuatro monedas apenas visibles de pura roña, allá un troquel, acullá restos de plancha tras la acuñación. Un quiero y no puedo, y no nos columpiaremos más atendiendo al exiguo presupuesto, causante -quiero pensar- de la alarmante pobreza que, en este aspecto, inspira la ceca.

Así pues, como museo del patrimonio industrial, excelente. Ahora, si lo que alguien busca es numismática, el consejo es que se vaya a la tienda Doblón, y después, ya sí, a tomarse un pincho al Ingenio Chico.

Treinta años

En cualquier caso, hay que felicitar a Clara Luquero, que continuando con los esfuerzos de su ayer ausente antecesor -que ni siquiera nombró- ha revertido la suerte de una joya arquitectónica. Los segovianos tenemos, al fin, un motivo de orgullo allí y esperemos que con el tiempo se subsane la cuestión numismática. El museo cuenta con dos empleados de mantenimiento y otros dos técnicos de turismo para gestionar accesos y visitas. Una tienda, el más que recomendable restaurante-bar, las salas expositivas (incluida la del acueducto, metida ahí de gañote para justificar alguna subvención, supongo), un jardín romántico en fase de recuperación, y sobre todo, unas vistas fascinantes tanto a la arquitectura imperial, como a Segovia y al Eresma. Tiene que ser un éxito.

Ha costado. Glenn Murray -quien por cierto, se coló ayer en la inauguración, codeándose con sus enemigos reales o imaginarios, entre otros periodistas “lameculos” de natural que somos, o la “archimalvada” Claudia de Santos, que ha dirigido a mi juicio con sensatez y criterio esta nueva etapa en plena crisis, no lo olvidemos-  va para 30 años que dio la voz de alerta sobre el valor de un inmueble entonces en fase de putrefacción. Una rancia pobrera, almacén de harinas abandonado moribundo a orillas del Eresma. Idas y venidas, precios estratosféricos exigidos por el codicioso propietario, metidas de pata municipales, broncas, peleas y búsqueda desesperada de paganos. Tras una fantasiosa inauguración virtual en 2006, Pedro Arahuetes, inauguró esta vez en serio el edificio rehabilitado en 2011.

Se había logrado lo más difícil, el rescate del continente; faltaba dotar de contenido y viabilidad futura. Con sus luces y sombras, ausencias y presencias, pienso que el objetivo se ha conseguido.

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Clara Luquero accediendo al recinto. Sobre estas líneas, el concejal Reguera en el espacio-tienda. Vista de las obras en el jardín romántico.

 

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. Aprobadillo resumen don Luis. Una pena de proyecto. Ambicioso, pero de lo más real, en su momento. Bien encauzado y con cabeza, aunque los próceres de nuestra ciudad y su envidiosa camarilla (de renombre, siempre bien posicionada y con el pan resuelto) -nuestro sino segoviano- no pudieran consentir el no salir en la foto o no ser, ellos los herederos de ilustres abolengo, los protagonistas y, por supuesto, los que de un modo u otro terminan cobrando su supuesto ‘altruismo’. De los políticos de turno no hablamos, esos son efímeros y necesitan su momento de gloria y mantener su sueldo… como todos nosotros, los pobres mortales (se incluye a los gremio señor Besa) ¡Salud y muchos años! 😉

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  2. Posibilidades de fondo numismatico las hay. Desde la puesta en valor de la colección de la extinta Caja Segovia, pasando por las colecciones archivadas de la casa de la
    Moneda de Madrid y terminando por las colecciones privadas.
    Porque una casa de moneda sin monedas es como un museo sobre la pintura sin cuadros.
    Posibilidades hay , solo hay que analizar el coste de oportunidad y y elegir la que mejor corresponda .
    Además el famoso edificio del CAT h servido de practica y este supone mucho, mucho menos dinero que la CECA de Segovia.
    Fácil.

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  3. Colegios enteros dedicarán una mañana lectiva a visitar este nuevo museo, como ya hacen con el Esteban Vicente, para maquillar sus pobres cifras de visitantes.
    Seguro no me equivoco.
    Los niños al servicio de iluminados políticos que no asumen un error.
    Y los padres pagando con sus impuestos estas carísimas fotos de inauguraciones.

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  4. Este es el ÚNICO de todos los artículos sobre la reinauguración del “museo” de la Ceca que da el protagonismo fotográfico a las salas, en lugar de a la señora alcaldesa en su campaña electoral. También es el ÚNICO en analizar AMBAS CARAS de la moneda (positivo y negativo del “museo”). Creo que es evidente porque llamo a los ‘otros’ periodistas ‘lameculos’. Besa practica el tipo de periodismo que sobrevivirá en la nueva era digital.

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