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Miles de niños boquiabiertos disfrutan de la cabalgata de Reyes

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El frío justo, la noche despejada y una comitiva de 450 personas arropando a los Reyes Magos. Son los condimentos de la cabalgata que ayer, 5 de enero, recorrió las calles de la ciudad entre los vítores de miles de niños repletos de ilusión a los que esa tarde habría resultado imposible decepcionar.

Ni siquiera cuando grupos de septuagenarios o más se afincaban en las primeras filas del recorrido sin la mínima condescendencia hacia los pequeños, obligados a la contorsión para lograr asomarse entre sus abrigos. Tampoco cuando se veían obligados a pelear un caramelo con adultos del mismo corte, empeñados en llenar sus bolsillos. Será que la ilusión de la noche mágica inunda a todos por igual.

Numeroso público se decidió a esperar Melchor, Gaspar y Baltasar ante el Alcázar, donde la pirotecnia y el mapping, un año más, envolvieron el espectáculo de la llegada de los Magos, previsible por repetido prácticamente en todas sus escenas, pero siempre eficaz.

Sin embargo, la mayor parte de los espectadores prefirió ver la cabalgata desde la plaza Mayor —es en este punto donde realmente se “arma” el cortejo, hasta entonces un tanto caótico e incompleto— en adelante.

Desde una acera cualquiera la espera concluía cuando, a lo lejos, se veía emerger la figura de Dundu, un ser luminoso y de cuatro metros de altura cuyos movimientos —cinco personas se empeñaban en esa tarea con el gigantesco títere— rozaban la perfección, logrando los primeros rostros boquiabiertos, mantenidos después al paso de las aves iluminadas de Efímer.

La más alta de ellas parecía transportar a Eliatar, el paje real –en cualquier caso, un hombre flanqueado por dos mujeres– y todo era perfecto hasta que el paso de la figura dejó ver su trastienda: la mitad trasera de la majestuosa ave era una carretilla elevadora industrial sin disimulo alguno y de estridente color naranja-obra, tan chirriante entre los cuidados vestuarios de figuras y personajes que provocaba la risa burlona del personal a su paso. Un descuido, que la máquina puede disimularse.

Una grúa industrial servía de soporte a la primera de las grandes aves que abría el cortejo.

Una grúa industrial servía de soporte a la primera de las grandes aves que abría el cortejo.

Quien haya visto cualquiera de las últimas ediciones de la cabalgata de Reyes en Segovia no necesita más crónica desde este punto: lo más granado de los músicos locales, cargando percusión, formaba las comitivas de cada Mago junto a otros numerosos acompañantes sin demasiadas directrices de funcionamiento, encargados de distribuir caramelos que, una vez más —esto también se repite cada año— se convirtieron en algunos momentos en peligrosos proyectiles: en Cronista Lecea, al menos, se sabe que cayeron un par de cristales de gafas y elementos de vajilla depositada en las ventanas de los bares, además de varios coscorrones, aunque no se conocen a esta hora daños mayores.

Una mujer muestra una copa rota por un caramelo lanzado con demasiada fuerza por miembros d ellos cortejos.

Una mujer muestra una copa rota por un caramelo lanzado con demasiada fuerza por miembros de los cortejos.

Los magos, en su papel, aunque sometidos a largos parones en el lento caminar de la marcha que les dejaba en situaciones muy incómodas: agitar más de tres minutos la mano ante el rostro del mismo niño cansa: al rey y al niño, que además así tenía tiempo de reconocer, quizá, rasgos conocidos en los Magos de Oriente, segovianos del día a día a los que apenas se había maquillado o transformado el rostro o siquiera la barba. Mención especial en este apartado para Melchor.

Globos a centenares y kilos de confeti recibieron a los protagonistas de la noche en el Azoguejo, donde permanecieron aún varias horas llenado hasta el tope el tarro de la fantasía de varios centenares de niños que quisieron pasar por sus rodillas antes de irse, nerviosos, a soñar con la llegada del día.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Lo del disimulo de la grúa fue muy comentado. Un poco de cartón bien tratado habría realizado un bonito y extraño pajarraco ¿serán los presupuestos? Lo de la copa del chato vino, muy habitual ultimamente, en la ‘San Silvestre’ también había mucha gente con su copa de ALCOHOL en la vía pública. Todo muy instructivo para deportistas y pequeños. Todo sea por la hostelería y la creación de empleo… ¿o ha subido el paro en Segovia? Como dice el señor presidente de los hosteleros, parece mentira que los vecinos aguante tan poco a los que, copa en mano y de cháchara callejera en la puerta de cualquier establecimiento nos dejan las pelas. Al fin y al cabo, como dijo, son dos días y medio a la semana… y las fiestas de guardar y los puentes y…

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