Datxu Peris, concejala de extrema izquierda del Ayuntamiento de Catarroja (Valencia) y activista animalista, ha sido condenada por un delito de intromisión ilegítima en el derecho al honor, según la sentencia dictada el 6 de noviembre por el juzgado de primera instancia de Sepúlveda. Peris deberá abonar 7.000€ a la viuda y familiares del torero Víctor Barrio, cuya muerte en julio de 2016, motivó comentarios ofensivos para con la memoria del torero, algunos de los cuales han llegado a los tribunales a denuncias de la propia familia y de la Fundación Toro de Lidia para la defensa de la tauromaquia.
De hecho, el auto de Sepúlveda es la primera denuncia que se sustancia en sentencia por los comentarios contra Barrio y la lidia, y es además un fallo histórico; hay que remontarse a 2015 cuando un juez de Pau (Francia) condenó a un animalista galo por llamar a los espectadores de las corridas “sádicos, psicópatas y asesinos”. El auto de Sepúlveda admite recurso y, con seguridad, deberá ser ahora la instancia superior la que debe ratificar el castigo. Además, obliga también a Peris a retirar de su muro en Facebook los comentarios ofensivos contra la memoria del torero y disculparse.
En conformidad con la fiscalía y la acusación particular, la jueza ha considerado que los comentarios en Facebook de Peris, en los que animaba ver “algo positivo” en la muerte del torero sepulvedano como que “ya no iba a matar más” y a quien tildaba de “asesino” no pueden ampararse en la libertad de expresión, como pretendía la defensa, que consideraba que desde un punto de vista animalista llamar asesino a un torero no es insultante sino una consecuencia lógica de la citada ideología.
En la sentencia, la jueza descarta la línea de la defensa que se centró en los supuestos derechos de los animales, y recuerda que lo que se discute es si los mensajes publicados por Peris suponen una vulneración al derecho al honor de Barrio. En este sentido la jueza considera que sí, que Peris usó el término “asesino” de manera peyorativa y errónea al aplicarlo sobre una actividad lícita y añade que no se puede equiparar la vida de un ser humano a la de un animal, porque así lo estima el derecho. No es lo mismo un hombre que un animal. No son los mismos los derechos de unos y de otros, al tiempo que “no se alcanza a comprender que existe de positivo en el fallecimiento de un ser humano”, reza el auto.
No es lo mismo matar a un hombre que a un animal. Es duro tener que explicarlo, pero ahí va. Matar a un animal forma parte de una dinámica vital depredación/presa sobre la que se articula la vida. A diario, por acción directa o indirecta todos matamos a decenas, cientos de formas de vida, a veces por nuestra propia superviviencia, en la mayoría de las ocasiones por gozar de un determinado confort, por darnos un determinado placer o capricho. Un ejemplo, para encender el televisor y ver un intrascendente programa hay que mantener una colosal infraestructura energética que, a diario, acaba con una ingente cantidad de seres vivos. También porque competimos en nichos ecológicos y esa competición entre nichos forma parte de este proceso que llamamos vida. A veces somos plenamente conscientes de eso, las más de las veces, en cambio preferimos mirar para otro lado. Estimado animalista, tu mera existencia presupone la muerte y sacrificio de muchas especies y formas de vida, todas ellas admirables y todas ellas ontológicamente equiparables. No es menos digna de gozar de la vida una rata que tu mascota o la mía. No es menos compleja y bella la vida de una manzana que la de un toro de lidia. Así pues, la pregunta sobre porqué no es lo mismo matar a un hombre que a un animal debe y puede replantearse ¿Por qué está mal matar a otros seres humanos? Y eso no se aprende leyendo. Luis Besa.

















7 noviembre, 2017
Ahí las dao ‘Pernales’. Juan.