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Fiestas nacionales y mitos fundacionales

Todos los países europeos tienen un santo patrón (¡hasta Suiza!), costumbre que se remonta a la noche de los tiempos, del mismo modo que la glauca Atenea era la “patrona” de Atenas, la diosa que velaba por los buenos negocios de los atenienses, el 12 de octubre es el día la hispanidad, fiesta nacional y de Nuestra Señora del Pilar. Lo es porque tal día como el Pilar de 1492 Colón plantaba el estandarte de Castilla en el Nuevo Mundo, gesta comparable -para la época- a mandar a un tipo a la luna. Que como gesta, no está mal (esto hay que recalcarlo).

La fecha era una de tantas en el cargado calendario festivo español -más patrona era y es la Inmaculada Concepción- hasta que en 1892 la regente María Cristina, recogiendo el ideario romántico, racial e hipernacionalista de la época, la declara “fiesta de la Hispanidad”. Un concepto que pocos años después popularizaría Unamuno. Partiendo de la base que existe una “italianidad”, “argentinidad” o “españolidad” el tardorromántico vasco auspicia una “hispanidad” o mínimo común divisor de los países que comparten un hecho cultural, el español como lengua y, también, la controvertida historia del imperio español en América.

Filosóficamente no tiene el menor sentido (como casi todo Unamuno) pero el concepto sería rápidamente adoptado por la parte más conservadora y nacionalista de la sociedad. Hasta el punto que aún hoy parece consustancial a la fecha despacharse con un chorro de insultos contra el presidente del Gobierno cuando preside con el rey el desfile de la Castellana (siempre que el presidente sea socialista, claro).

Viene de lejos. Franco elevaría la fecha a “día de la raza”. En democracia la festividad ha sido luego objeto de tres decretos ley  (1976, 1977) y una ley, la de 1987 que literalmente dice: “La conmemoración de la Fiesta Nacional, práctica común en el mundo actual, tiene como finalidad recordar solemnemente momentos de la historia colectiva que forman parte del patrimonio histórico, cultural y social común, asumido como tal por la gran mayoría de los ciudadanos”. Todo país precisa mitos fundacionales, dicen los historiadores. Y hay que reconocer que mandar a uno en un cascarón a pisar una playa a 7.000km… ¡esa fue buena!

La plantada de bandera de Colón en la mítica Guanahani es un momentazo de los que cambian la historia del mundo. No exento de mítica, claro. Para empezar, ni aún hoy sabemos a qué isla exactamente arribó el ¿genovés?, considerándose que tocó tierra en uno de los mucho cayos de ¿las Bahamas?, siendo una de las más novedosas candidatas la Isla Huevo (hay muchas). Llega a tardar un día más y estaríamos hablando de San Cipriano como patrón de la hispanidad, lo que hubiera dado para interesantes rimas.

La cuestión es que las cosas se han complicado. ¿Debemos pedir perdón los españoles por plantar allí -aunque no sabemos exactamente dónde es allí- el pendón de Castilla hace medio millar de años? Como todo proceso de dominación, lo que vino a continuación fue una página dramática al imponer a los indios una nueva élite dominadora. Dominación, que a la par que viruela y palos, trajo adelantos tecnológicos que ¿contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de los nativos? Lo pongo así porque está en discusión. El nacionalismo español considera que por cruel que fuera el dominio castellano (que además contrapuso una civilización atrasada tecnológicamente con otra a la vanguardia) era infinitamente menos salvaje que el dominio nativo, y no faltan razones para argumentarlo. Como tampoco faltan por el lado contrario guerras,  esclavitud, explotación y racismo.

Eso nos lleva a que el Pilar sea una fiesta “internacionalmente” incómoda. Al almirante lo apean de su estatua en Ciudad de México y López Obrador vuelve a reclamar del Estado Español un “perdónenos cuates”, que Casado se niega a entonar con, creo, exceso de altives. ¿Perdón de qué?, parece decir en plan chulapo. Bueno… no faltan motivos, la verdad. Uno muy socorrido: fuimos junto con Portugal la última potencia esclavista del continente. Bien es verdad que también fuimos el primer imperio en dar ciudadanía a los conquistados, y nos jactamos de ser mejores “amos” que los ingleses si bien en ello no poco papel tuvo la iglesia, como factor atemperador de los rigores de la conquista (con sus claroscuros).

Vale, entonemos un diplomático perdón, recordando al tiempo que muchos de los males que en América se imputan al conquistador, en realidad, son de causa más reciente y persistente. Victimismo indigenistas, mucho de eso hay.

También internamente el Pilar es una fiesta nacional que suscita rechazo. Desde los nacionalismos periféricos es una jornada ominosa por cuanto contradice sus propios mitos fundacionales. Por más que en ese caso no quepa hablar de dominación, pues las élites dominadoras tanto del centro como de la periferia nunca atendieron a autonomías: eran y son la misma cosa (en los consejos de administración no se hacen distingos). A la vez, a la  izquierda progre a la que tanto le cuesta aceptar lo militar, la jefatura del Estado y la exaltación nacional, le resulta incómodo asistir a desfiles y arengas patrióticas sacralizadas (por más que son los primeros en reclamar que venga la UME cuando se le queman los bosques y en  sacralizar conceptos igualmente fofos como el empoderamiento popular).

Qué le vamos a hacer. Este, felizmente, es un país complejo en un mundo complejo. La realidad del caso es que se celebra un puente, uno muy conveniente tras la rentrée veraniega y que anima los centros turísticos y fomenta el consumo.  Quizá no haya que mirar más lejos. ¿El Pilar?… Bien, lleno hasta la bandera. Y si hay que pedir perdón como dar recuerdos y las gracias… ¡el puente no se toca!


Author: Redacción

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3 Comments

  1. Vale, perdón a los descendientes de los tatatatatarabuelos españoles con más genes que algunos de nosotros… hasta a los cabezones moái de la Isla de Pascua, si hace falta. Pero, no puedo estar más deacuerdo el puente ¡Ojito! con él; mecagüento 😉

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  2. Lo curioso es que los que defienden el indigenismo (mucho pirado izquierdista) no sé si saben que Hernán Cortés contaba para conquistar Mexico con unos pocos soldados, veinticinco caballos, 7 cañones y 80.000 indígenas no aztecas que estaban hartos de ser asesinados y esclavizados por éstos y que encantados de la vida acabaron con los aztecas.

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  3. Cortés liberó a los pueblos mexicas vasallos de los aztecas. Es el fundador de México. Enterrado en la iglesia, junto al Hospital de Jesús, el primero en toda América y construido por Cortés. España construyó la primera universidad de America, en Santo Domingo, luego muchas más. Cien años antes que Harvard. La primera globalización fue hace 500 años y la hizo España , promoviendo el comercio entre Filipinas y Europa a través de America, navegando por el Pacifico, según la ruta que descubrió Urdaneta. El mundo civilizado debe más a España que al contrario. El indigenismo es una maniobra política de la ultraizquierda, que siempre se mueve entre la violencia y la mentira.

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