Por esas cosas de la indignación, los escraches persiguen a Felipe González. Para cierta izquierda y a lo que se ve “enmascarada”, paradigma de socialismo “vendido” a los poderes multinacionales. Para la gran mayoría, en cambio es simplemente Felipe; historia viva. “El presidente más votado de la historia de España, el hombre que modernizó España”, glosaba la alcaldesa Clara Luquero en la visita oficial que el ex presidente del Gobierno (1982-1996) giró a Segovia el 17 de
mayo para abrir con una conferencia sobre la Europa que queremos el VI ciclo de conferencias Valores y Sociedad, organizado por la Fundación Valsaín.
El caso es que de un tiempo a esta parte los actos de González vienen acompañados de manifestaciones en su contra —algunas legítimas expresiones de la libertad de opinión, otras impresentables boicots—, de donde la visita del socialista vino rodeada de un importante despliegue policial del que no se salvaba ni la prensa.
Así que Felipe González vino con media hora de adelanto al acto previsto en el Ayuntamiento de Segovia. Un vehículo le trajo directamente de Madrid para dejarlo frente al consistorio, donde fue recibido por Clara Luquero. A continuación el ex presidente estuvo 30 minutos tomando café en la sala blanca con la alcaldesa, concejales, el presidente de la fundación Valsaín, Alvaro Gil Robles, y con la prensa. No estaban previstas declaraciones pero la cercanía casi lo obligaba, de modo que González avanzó las líneas argumentales de su conferencia y salvó como pudo las obligadas preguntas sobre el proceso de primarias del PSOE. Si bien su apoyo a Susana Díaz parece claro, González no quiso ejercer de “jarrón chino” y paso de puntillas por la batalla interna por el liderazgo del PSOE. “El debate ha sido un éxito en sí mismo”, valoró. Habló de qué es un momento difícil para el partido “y habrá otros más difíciles”, a partir de aquí, González se dedicó a vender su europeísmo, que propugna “un espacio público compartido de ciudadanía”.
Nacionalismo y xenofobia, los enemigos
Idea que desgranó posteriormente en San Quirce, ante más de 200 fieles que abarrotaban la universidad popular. “Europeo y europeísta”, como se definió -no en balde es presidente del Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa-, nacionalismos y xenofobias son para González los enemigos del avance del europeismo. Recordó al fundador de la UE, el banquero Jean Monnet, “padre de Europa”, cuando rememoró la frase del francés sobre qué haría si tuviera que volver a fundar la UE, “empezaría por la cultura”, dijo. “Pero si empezaramos ahora sería imposible, el nacionalismo y la xenofobia lo harían imposible. De hecho, hoy sería inimaginable ni siquiera las Naciones Unidas, ¿se imaginan a Trump fundando las Naciones Unidas”, arrancó González.
Ahora bien, no fue un simple lamento por lo bien que estaban las cosas mientras él mandaba y lo mal que están ahora. Apeló a Obama y citó una reflexión del presidente americano “el progreso tiene baches y desajustes, no es lineal”, para reconocer que hay actualmente una regresión en el camino de una Europa “más necesaria que nunca”.
A sus 75 años González mantiene esa retórica hipnótica, esa que parece que dice grandes pensamientos y, en realidad, son cuestiones de sota, caballo y rey, para reivindicar la “ciudadanía europea” como proyecto político impulsor del espacio cívico con más libertades, bienestar y progreso del mundo. Crítico con la democracia directa, el expresidente reconoció sin ambages la crisis actual de la democracia representativa, sin embargo, “la única posible”, poniendo como ejemplo que los ensayos de democracia directa “producen resultados tan raros como el Bréxit”.
Escrache bajo la lluvia
Entre tanto, fuera. una quincena de anónimos enmascarados desafiaba la lluvia. Algunos conatos de gritos -“Felipe asesino”, “Fuera fascistas”- que lograron colarse en San Quirce. “Ya están ahí los de siempre”, comentó como resignado González. La policía, una decena de agentes entre locales, policías nacionales de uniforme y de paisano, conminaron a los manifestantes a identificarse y templaban gaitas cuando el griterío subía de tono; podían estar en la puerta pero sin escándalos. Los del escrache formaron entonces una fila y allí se quedaron, desafiantes. Aguantando el chaparrón con sus consignas que si este es fascista, el otro más. En fin… Cosas que pasan en Europa.















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