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Fase 1 en Sepúlveda y Navafría: ¿Hay algún bar por ahí?

42 pueblos de la zona de Sepúlveda y Navafría estrenaban ayer en Segovia la fase 1, que frente a la 0.5 vigente en el resto provincial, permite reuniones de hasta diez, ir a misa, y lo que todos estamos esperando desde hace 65 días, echar una caña en un bar. Para bien o para mal, me cumple informar que en la antaño “costa del cordero” pocos bares encontrarán. Haberlos haylos, eso sí… Pero si imaginan un terrazón de estos playeros, con expendedor de turno y colas dando la vuelta a la manzana, piensen una cosa: estamos en la España vacía. O al menos en una semivacía, que solo se llena los fines de semana… y de madrileños hoy por hoy confinados a cal y canto.

Hasta el lunes, el bar más próximo a Segovia estaba en Miñueco, provincia de Ávila y 97 kilómetros de curvas. Desplazamiento del todo ilegal no siendo periodista (y aún dudoso, ¿qué pinta un periodista de Segovia en medio de Ávila?). El lunes la cosa pintaba mejor, así que se imponía el periodismo de investigación, directos a Sotasalbos.

Primitivo Calle montando la terraza, La Matita no abrirá hasta finales de mes.

La villa del Arcipreste cerrada a cal y canto, ni un alma al mediodía. Giro de 180 grados y para La Matita de Collado. El restaurante, templo de la cocina de caza, cerrado también. Pero hay un esperanzador ruido dentro. En la amplísima terraza del establecimiento, casi en medio del bosque, están montando la terraza. No hay que hacerse ilusiones. “La idea es abrir a final de mes”, explica Primitivo Calle, mientras junto con un empleado procede a desinfectar mesas. “Para abrir habría que estar uno en la cocina, otro en terraza y otro en barra, al menos tres, y sería solo para la gente del pueblo. No da para tanto. Nosotros vivimos del cliente de Madrid y Segovia, mientras no se pueda circular…” Primitivo explica de paso algunas de las incertidumbres que maneja el sector, como por ejemplo interpretar el aforo del 50%, las dudas sobre si la clientela de un sitio de caché aceptará manteles de papel y cubertería de madera. La operativa de andar desinfectando cada mesa tras cada servicio. Todos son dudas e incertidumbres salvo una cosa: el daño es manifiesto. “Hemos perdido Semana Santa, San Isidro, las comuniones canceladas… Empezar de nuevo no es fácil, hay que comprar producto, invertir para estar a la altura… Nosotros estamos poniendo interruptores de presencia, mirando si nos hacemos con cubertería de madera, con geles, con equipos de protección… Está complicado y hay que invertir. Y luego tienes lo de la terraza, puede funcionar para comidas, pero ¿te pones tu al raso para cenar en Segovia en mayo?”. Nos despedios deseándonos suerte. Hay otro bar en Collado, la taberna de abajo, donde se comen unas fantásticas paellas. Pero no hay terraza. Cerrado a cal y canto.

No tiene buena pinta el reportaje y peor Pedraza. A la entrada hay una cierta ebullición de vehículos, pero es ilusorio, son profesionales, montadores, albañiles, instaladores… Algunos establecimientos aprovechan la cuarentena para poner al día instalaciones. Pintar, dotarse de esto y aquello. En la vieja Taberna, recientemente adquirida por Samantha Vallejo Nájera, obras de arriba a abajo para recuperar el viejo bar de Mariano cerrado en 2015 y montar un hotel en el noble edificio que lo alberga. ¿Algún bar abierto por aquí?, pregunto a un vecino. Encogimiento de hombros y una vaga sugerencia, “a lo mejor en La Rades”…

La Taberna de Mariano, ahora de Samantha, en obras en Pedraza de la Sierra.

Muy lejos me pilla. Así que sigo el plan previsto pero antes de llegar a Navafría paro a una caminante en Aldealengua. ¿Algún bar por aquí? Mirada socarrona de la interpelada, que muerde una manzana e informa: “Está cerrado, pero ya de antes… Hace años que no hay bar en Aldealengua”.

A estas alturas pienso que lo mismo estoy dando la lamentable impresión de ser un periodista alcoholizado buscando un bar con desespero. En Navafría lo haré mejor, me prometo. Y más me vale. En el pueblo acaba de aparcar el autobús de Bankia; los impositores me lanzan miradas recelosas, ¿qué vendrá a hacer este fulano?  Mejor me calzo la mascarilla y dándole una vis institucional a la pesquisa pregunto en la alcaldía (no sin mirar de reojo el Lobiche, de legendarios cochifritos, cerrado también). Tengo suerte y sorprendo a la alcaldesa, Jennifer Berzal, despachando asuntos en el despacho de la secretaria con Carme Lobo, precisamente la jefa del Lobiche y concejala a su vez. Las reconozco a pesar de las mascarillas.

Me cuentan que el covid ha pegado poco. “Se murió un señor, pero era de Madrid, vino malo de allí”, recalcan. Coinciden en el desastre que para el sector turístico ha sido la epidemia, las muchas dudas aún por resolver, y la vaga esperanza de que cuando las cosas mejoren el turismo de proximidad atenúe algo la debacle. La alcaldesa cuenta también que hay proyecto parados, la restauración de la rueda hidráulica del Martinete, reformas en la oficina de turismo, obras de mantenimiento… Todo pendiente de cómo queden los presupuestos.

La alcaldesa de Navafrría, Jennifer Berzal, en el consistorio.

Casi me olvido de efectuar la pregunta de rigor, la del bar, y Carmen Lobo me cuenta que sí, que han abierto la pequeña terraza de la cafetería-panadería. “Hasta hoy solo dábamos cafés y refrescos para llevar, pero hoy hemos puesto la terraza”, dice. Siento una punzada en el pecho, casi 80 kilómetros llevo… Y sí, bar hay. En la terraza hay cuatro mesas, pero nadie a quién fotografíar. Pido una barra de pan y un café. “Te lo puedes tomar en la terraza. Si quieres una cerveza o algo, están ahí”, me informa amablemente la encargada señalando la nevera de las bebidas. Insisto en lo del café. Cojo un sobre de sacarina y la dependienta se ríe. “No eso es el gel”, y me acerca uno de edulcorante. “Este mejor”. Con la mascarilla se me empañan las gafas, ir sin ellas es lo que tiene, a punto he estado de inventar una nueva modalidad de trifásico.  Me las pongo y descubro que todo el local está lleno de desinfectantes y geles… No era este el alcohol que andaba yo buscando.

Finalmente, tras 65 días confinado siento los reales en un bar. Completamente solo, hasta el punto que le tengo que pedir a la encargada que me saque una foto. Me tomo el café mientras mordisqueo mi barra de pan.

El que firma, en un bar de Navafría tras 65 días de privación.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Buenísimo, don Luis. Es usted un maestro.

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  2. Apelado a la responsabilidad de cada uno, podemos estar al borde de algo muy complicado,bares,pequeño comercio local,supermercados, restaurantes,aforos, terrazas, piscinas públicas y comunitarias,cuidado con la presión en los negocios, ya de por si bastante tienen con los dos meses cerrados,ahora el dilema, no habrá problema con los del pueblo, pero no hay negocio y con los de fuera, todos nos conocemos y sabemos como funciona esto, mucho ánimo a todos. Hay que seguir adelante siendo respetuosos con los demás y con una dosis de sentido común,seguro que lo sabeis hacer bien, yo tambien estoy deseando pasar por”ca Lobiche” cañita fresca despues de la marcha, unos torreznos para desengrasar las articulaciones, y unos estiramientos, cojo el pan en Matabuena y bueno majo que jornada más redonda. Un cordial saludo y salud mucha salud para todos.

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    • Aquende Sierra:

      si no me equivoco las panaderías de Matabuena llevan tiempo cerradas, por desgracia.

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