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Estupidez y franquismo

goyagarroteA uno de mis abuelos le encararon a una tapia y le cosieron a tiros. Para consolarla, a su viuda le dijeron que no hizo falta rematarlo con un pistoletazo en la cabeza. Que su marido no sufrió. Al otro abuelo, los otros, lo enterraron en piojos en un campo de concentración durante meses y meses. “Te he dicho que no hables catalán”, y zasca, el cabo le soltaba una hostia “para que aprendas”. Mi padre y mi madre, en lugar de contentarse con tirar adelante, como era lo preceptivo, se metieron en líos años después. Varias veces estuvo padre en comisaria y, finalmente, al TOP. Le recuerdo, tendría yo siete años, cuando me despertó por la noche presto a marcharse a la estación camino de Madrid. Me dio un beso y me dijo que, a lo peor, no le veía en dos años y medio, que era lo que le pedía el fiscal. Tuvimos suerte aquella vez, ¿verdad papá?

Doy gracias a todos los dioses y uno por uno por crecer libre. Libertad es la palabra que más adoro de todo el diccionario.

Mi familia, y hay millones así, no tiene nada pero que nada que agradecer ni a Franco ni Azaña. Y no pienso que exista equidistancia entre unos y otros. No la hay. Unos perdieron, otros ganaron. Esa es la diferencia. Los segundos quedaron redimidos -que no justificados- por la derrota. Los segundos murieron en la cama, llorados, tal vez con lágrimas de cocodrilo, por miles de paisanos, convertidos en reyes del callejero tras disfrutar de prebendas y lujos.

¿Cómo enjuiciar el franquismo, cuarenta años de dictadura, cuarenta años después?

Me duele el pellejo cuando alguien suelta la tontería de que el 18 de julio fue un golpe de estado contra la legalidad. Fue eso y mucho más.
Es obvio que bajo el franquismo millones de españoles medraron, vivieron, lucharon, se enriquecieron y se empobrecieron. Muchos cometieron actos viles. Otros, los más, se dedicaron a sortear las circunstancias. Algunos, pese a ser franquistas, nos dejaron un legado digno y ejemplar.

marquesdelozoyaabPienso en el marqués de Lozoya, calles, institutos y otras instituciones llevan hoy su nombre. Al punto se me viene a la memoria algo que pasó en Lérida allá por los 50. La catedral era antes un enorme cuartel. El claustro, el único del mundo visible desde el exterior, llevaba tapiado dsde 1705. Me contó mi padre que uno de los días más bonitos de su vida fue cuando los de Patrimonio Nacional dejaron a la luz los arcos ojivales. El rescate de la catedral estuvo personalmente dirigido por un segoviano, Juan Contreras y Lope de Ayala, que en tiempos de extrema pobreza tuvo el afán de conseguir fondos de la administración (por supuesto, franquista) para salvar de la ruina decenas de monumentos. Un personaje crucial. Sobre mi cama había una estantería. Allí estaba pulcramente dispuesta la Historia de España del Marqués de Lozoya. Un pundonoroso esfuerzo de Salvat y el marqués para popularizar nuestra historia. Obra que recomiendo a algún menguado que pulula por el barrio. No le sacaremos de cazurro, pero, cuando menos, será un cazurro con conocimiento.

En sus más de mil años Segovia ha vivido apenas unas pocas décadas en democracia. Durante todo el resto de su historia, cuando no reyes, cuando no caciques, cuando no inquisidores, iluminados, atontados o sabios, dirigían las riendas del reino. Y en todas estas épocas hubo gente admirable, paisanos a los que recordar, no viniendo al caso la calidad de su amo. No es al amo a quien se celebra.

Ser admirable no quiere decir ser un santo, quiere decir destacar en una faceta de la vida, ser digno de remembranza. Yo soy un segoviano putativo. No son mis muertos a quienes se recuerda en algunas calles. Comprenderán que me es bastante igual pasar por la avenida Fernández Ladreda o Avenida Que Cada Perro se Lama su Pijo. Lo que es brutal, es que un desnortado concejalín busque en el deshonor de los padres y tíos la venganza contra el nieto o el sobrino. Me tengo que recordar que soportar en la tribuna a un cacho ignorante es un precio realmente barato para ser libre. Y luego pellizcarme.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Este “concejalin” ilustrado, librepensador y cantamañanas nos va a dar muchos titulares.
    Siempre me pregunto cuando hay una persona que insiste en hacer el ridículo es que si no habrá alguien cercano que pueda abrirle los ojos. Pero parece que no, ya lo dijo el sabio, la tonteria es infinita, y de aquí a mayo vamos a tener muchas oportunidades de comprobarlo.
    Bienvenido al callejero segoviano “la Avenida del Acueducto”.

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  2. Perfecto bienvenida al callejero. Pero después de leer este interesante artículo, me atrevo a decir que muy cabal, me gustaría, si me permite, añadir algo. Las pocas décadas de democracia que hemos vivido, no me negará que hemos tenido también caciques, inquisidores, insultadores y no le digo iluminados. Eso sí elegidos por votación. Viviendo, siendo y sintiéndome segoviano de toda la vida, aunque me jode lo de las calles, al final todos calvos. Pero no me negará tampoco que imponer la voluntad en una Corporación, poco dialogante toda ella en los últimos mandatos y antes (es lo que tienen las mayorías absolutas o compartidas), es también sangrante. Soy de los que piensan que unos sí y otros no, por el libre albedrío, no parece muy democrático. Por la regla de tres aplicada por usted, aquí sólo a una persona, al final todos “medraron, vivieron, lucharon…”, de acuerdo. Pero ¿Qué interés había en el señor Fernández Ladreda? ¿El cabeza de turco para el nuevo TOP del equipo de gobierno del ayuntamiento, auxiliado por el voto del señor Peñalosa? (‘TOP’ Tribunal de Orden Público, para los más jóvenes, y la Dirección General de Seguridad en Sol, Madrid, por el que ha pasado más de uno, ya le digo)

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  3. La verdad es que, Luis, en este caso no puedo estar más de acuerdo contigo. Nos hemos enfrascado en definir quienes fueron buenos y quienes malos y nos hemos olvidado de algo muy importante: la transición española. Yo cuento 27 primaveras y, tengo que decir, que pocas cosas me enorgullecen más, como ciudadano, que el legado que los padres de mi generación nos dejaron: un estado de derecho, constitucional y democrático. No me parece justo que se persiga un revanchismo que no viene a cuento por parte de aquellos que se consideran vilipendiados por la historia de España. Con ésto no quiero defender los crímenes del franquismo, ni tampoco la falta de libertad; tan sólo pienso que objetivamente hablando, como tú, Luis, lo has hecho en esta redacción, hay que reconocer a cada cual sus méritos y sentirnos orgullosos de haber podido disfrutar del legado que otras personas nos dejaron, y estoy convencido de que, al menos, con estas trifulcas políticas, muchos segovianos sabrán al menos quién era Fernández Ladreda.
    Por cierto: gran verdad que no podía haber un nombre más paleto que proponer: Avenida del Acueducto es un nombre pueril, propio de un escolar que viene de excursión a Segovia a los ocho años de edad.

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