“Esto no es el islam. Ellos no son musulmanes. Dice el Corán, el que mata a un hombre mata a la humanidad”. Como un segoviano más, Mohamed El-Mizeb, presidente de la Federación de Comunidades Musulmanas de Castilla y León, hacía patente su rechazo a la barbaridad de Cataluña. Desde la federación se controlan las dos mezquitas de la ciudad, ellos son los que gestionan las dádivas para su sostén, mantienen una red invisible pero efectiva de ayuda a la comunidad islámica local y organizan las grandes celebraciones del calendario coránico.
Su mensaje es rotundo, desmarcar del yihadismo a los casi 5.000 musulmanes de la provincia. “No tienen ni idea del Corán, el islam no tiene nada que ver con ellos”, repite Mohamed. “Los musulmanes de aquí queremos la paz”. En Segovia constan tres detenciones por sospechas de yihadismo. Un antiguo yihadista alemán que pasaba por El Espinar, otro espinariego que era cliente suyo, y un tercero, un loco ex-terrorista, español converso, cuya suerte sigue en secreto de sumario. De estos, solo el informático espinariego era un residente fijo en Segovia, con familia y negocio desde muchos años. Inocente. La Audiencia Nacional lo puso en libertad a las pocas horas.
“Nos sentimos culpabilizados. Solo se acuerdan de nosotros cuando ocurren estas cosas. Los medios solo nos llamáis para esto, no conocéis la verdad del islam”, cuenta otro segoviano de origen somalí. Lo cierto es que son la primera línea de defensa. De ellos depende detectar comportamientos radicalizados. “Necesitaríamos más medios”, se quejan, pero también culpan de la radicalización al alcohol, las drogas y la cárcel. “Todos son gente de cárcel”, coinciden los tres musulmanes que, en nombre de su comunidad, pasaron por la manifestación.
No está tan claro. La radicalización yihadista en Europa es un cóctel donde la marginación juega un papel crucial, pero también el resentimiento social, la falta de arraigo de jóvenes a caballo entre dos mundos, culturalmente alejados de los valores fiesteros de los chavales de su quinta, pero también privados de referencias identitarias. En gente muy joven, la visión heroica que se desprende de los vídeos de Daesh, genera fantasías; emocioanantes aventuras y una causa romántica por la que vivir. Los imanes, los portavoces de la comunidad local, prefieren darle la culpa a las drogas, al contacto corruptor con el descreído “European way of life”.
En cualquier caso es una evidencia que es la comunidad musulmana local la más capacitada para detectar yihadistas en ciernes. Un elemento clave cuya importancia en esta batalla global cada vez tendrá más importancia. Así que habrá que dialogar. Entenderse. Superar recelos.
















Últimos comentarios