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“El Padre Ángel tiene una sensibilidad especial para la gente con problemas”

Valentín Bravo, Sacerdote

Pocas veces un sacerdote ha sido tan conocido y respetado o, mejor dicho, pocas veces alguien ha sido “tan profeta en su tierra”.  Valentín Bravo, sacerdote desde hace más de 40 años: 8 años en Boceguillas, 31 como párroco en El Espinar… Puso en marcha la recogida de alimentos dirigida Benín que llegó a convertirse en Segovia en una actividad que marcaba las fechas de la Navidad, hizo que los segovianos nos acostumbráramos a oír hablar de los contenedores de alimentos y colocáramos en el Mapa a Benín como destino de aquella ayuda pero, un día nos dijo que había sido destinado a otro lugar, y se fue.

Su destino estaba escrito y, alguien como este segoviano preocupado siempre por los problemas de la gente más cercana, terminó en la Parroquia de San Antón, en Madrid, participando de manera activa en la organización Mensajeros de la Paz, junto al Padre Ángel. En su trayectoria, encontramos hechos rompedores con las costumbres: No sé si conocerán a muchos sacerdotes que tengan un hijo adoptado… yo, solo a él.

Valentín Bravo, otro segoviano que vive fuera de Segovia, al otro lado de de la Sierra de Guadarrama, cree haber pasado el coronavirus y mantiene en dique seco sus contenedores hasta que la pandemia permita reiniciar su actividad. Valentín nos habla de su vida, de su trayectoria y del Padre Ángel.

Pregunta— Casi 42 años como sacerdote ¿Siempre ha ejercido en la provincia de Segovia?

Respuesta— Sí, siempre. Estuve primero en Boceguillas, durante 8 años. Después, 31 años en El Espinar.

P.- Fueron 31 años en El Espinar en los que, aparte de el ejercicio del sacerdocio, fue destacable su labor humanitaria relacionada y en colaboración con diferente ONG ¿Cómo comenzó esta historia?

R- No diferenciaría la actividad. No es posible ser creyente en Jesucristo y vivir al margen de la situación que vive la gente, para mí eso ha sido siempre prioritario. En cuanto ha habido una necesidad he intentado implicar a la gente y yo mismo me he implicado. Si uno mismo no va con el testimonio por delante, las palabras cada vez valen menos. Desde allí la ayuda humanitaria, desde allí el trabajo con Bielorrusia o con Benín y, desde allí surgió “lo de mi hijo”… sin buscarlo.

P- ¿Cómo comenzó la ayuda activa?

R- Por casualidad. Siempre he creído que ser cristiano es mucho más que ir a misa y mucho más que un mero cumplimiento, supone una implicación en tu persona y en tu vida. Cayó en mis manos, a través de jóvenes universitarios, el tema de Chernovil. Cómo había quedado esa zona y cómo había gente que necesitaba salir de ahí, aunque solo fuera un mes en el verano por su salud y, así empezamos. El primer año fue a través de una parroquia de Madrid que lo organizaba y, a partir del segundo año, directamente desde la parroquia de El Espinar donde estuvimos diez años trabajando trayendo niños, unos cincuenta cada verano. Las familias que los acogían se comprometían a pagar los gastos de ida y vuelta a su tierra y nosotros hacíamos todos los papeles ante las Administraciones Públicas de Castilla y León.

Fue una experiencia preciosa, no solamente les visitamos en sus casas, en la zona donde hay muchos pueblos muy conocidos, hicimos una excursión con más de 50 personas a Bielorrusia y aprovechamos para conocer Moscú. Muchos de los padres de los niños que venían a vivir unos meses con nosotros también vinieron y, a raíz de conocer con más detalle la realidad de los orfanatos, nos implicamos más en la ayuda humanitaria y les enviamos 8 camiones con 22 mil Kilogramos de ayuda cada uno. Conozco todos los orfanatos de la zona a raíz de la realización de este trabajo y a raíz de que mi hijo, en uno de los veranos en los que venían los niños, vino a mi casa y como tenía problemas de salud, se quedó. Fue al colegio y regularicé su situación con la ayuda de una persona amiga en la oficina del Defensor del Menor en Madrid. Después, el trámite de adopción, que es larguísimo y complejo… pero, lo importante es que lo logramos. En el año 2000 vino él y en abril de 2002 ya tenía la adopción, después de ir allí y tener un juicio y esas cosas legales que había que hacer… allí, en su tierra, para que pudiera ser hijo adoptado mío.

P- Por tu situación, como sacerdote ¿Fue más difícil que para cualquiera adoptar?

R- Seguramente sí. Yo me sonrío ahora porque tuvimos que vencer varios obstáculos y el de la Iglesia no fue el mayor. Tuve la suerte de que en aquella época, el Obispo, D Luis Gutiérrez, que tenía su forma de ser… Conmigo se portó muy bien y fue muy respetuoso con mi decisión. Yo le dije que no quería dejar a mi hijo solo, que no lo iba a abandonar porque si lo enviaban otra vez al país iba a morir ya que no tenía familia y, él respetó mi decisión.

La parte Civil me costó más. Como todas las personas que pasan por ese proceso de adopción, tuve que pasar exámenes de Asistentes Sociales, Psicólogos… muy complejo. Además, había que hacer los trámites a través de Madrid, del Ministerio de Asuntos Sociales. Creo que algunos papeles no los mandaron a Bielorrusia y tuve que ir personalmente allí para hablar con la Directora de Adopciones. No sé hablar ruso e iba con una amiga que actuaba como traductora. En lo poco que entendía, escuché que la preguntaban si no sería homosexual y por eso quería adoptar… pero estaba claro que no era ese el motivo. Después enviaron una psicóloga para conocer cuál era la situación de mi hijo. Estuvo aquí una semana, vio la situación y dieron el visto bueno. Para terminar, la Directora dijo que como trámite definitivo había que ir a juicio, fuimos y, ya está.

P- Un largo proceso que culminó con tu hijo, junto a ti, en El Espinar. Por cierto, tu hijo tiene que ser ya todo un joven hecho y derecho…

R- Un proceso largo… mi embarazo fue de 2 años. Mi hijo tiene ya 27 años, es un hombre. Ahora está en situación de ERTE, como otros muchos. Está trabajando, esperemos que cuando la situación cambie, siga con su trabajo con normalidad.

P- ¿Qué opina tu hijo de la aventura de su adopción cuando ha conocido los detalles?

R- Ha ido conociendo todos los detalles porque vivía conmigo. Es una adopción atípica porque desde el año 2000 estaba conmigo y él lo ha vivido siempre con mucha naturalidad. Subo a Madrona con mucha frecuencia para ver a mi madre y tengo amigos allí. Me sorprendió un día cuando, al preguntarle en el pueblo quien era su padre contestó: “Mi padre es Valentín”. Yo todavía no tenía asumido el tema de la adopción pero, a partir de ese momento, me desaparecieron todos los problemas.

P- Una bonita historia…

R- He tenido muchos apoyos: La familia, Nati y Simón, mi hijo. Sin ellos me hubiera resultado más difícil y, es gratificante. Llegaba a casa y tenía a mi hijo. Cuando era pequeño me ponía a jugar con él… verdaderamente gratificante. Que voy a decir que no sepas tú como madre, tiene sus complejidades pero, merece la pena.

P- Es cierto… pero, llegó un día en el que Valentín nos dejó a todos con la boca abierta cuando anunció que dejaba la Parroquia de El Espinar después de más de 30 años ¿Porqué?

R- No fue una decisión mía. Lo que sí fue una decisión mía y personal fue venir a trabajar con el Padre Ángel, eso por descontado. La Iglesia tiene sus maneras y formas. A mí me dolió salir de El Espinar aunque ahora, miro hacia atrás, y doy gracias por todo lo que he vivido que ha sido tanto, rico, hermoso y por esta nueva etapa que me está enriqueciendo como persona y como cura, la decisión no fue mía. Al Obispo le dije: “Usted me quiere sacar de El Espinar pero, mi libertad me hace dirigirme por estos caminos…” No sé si lo entendió. Fue una decisión personal. He trabajado mucho en el aspecto social, de caridad y, me pareció que mis últimos años merecía la pena vivir al lado de una persona que toda la vida ha hecho eso.

P- ¿Fue el Obispo quien tomó la decisión de que dejaras El Espinar porque llevabas mucho tiempo en aquella Parroquia y era conveniente un cambio?

R- Sí, fue el Obispo. En este tema hay casos diferentes… conozco muchos curas que han muerto en su parroquia después de dar la vida por ella. Yo lo veía así, el Obispo lo veía de otra manera y, ya está.

P- Dónde manda patrón…

R- Tú lo has dicho pero veo la autoridad de otra manera.

P- Ya. Te veo con cierto….

R- No, de verdad que no. Creo que la Iglesia tiene que cambiar en algunas cosas. Por ejemplo la forma en la relación Obispo-Sacerdote y el tema de la obediencia. La obediencia no es decir “sí, señor” a lo que usted quiera y, la autoridad no es “porque yo mando, hago lo que creo conveniente”. Creo que la Iglesia tiene que cambiar sus formas en ese sentido pero, te repito, doy gracias a Dios por la nueva situación y por lo que he vivido antes.

P- Ha llegado el momento de que nos hables del Padre Ángel, con quien trabajas desde que dejaste la Parroquia de El Espinar ¿Cuál es su labor junto a él?

R- Empecé a conocer al Padre Ángel en el año 2006 cuando comenzamos a trabajar con Benín mandando los contenedores. Tenía con él una relación más o menos estrecha. Desde hace dos años y medio es cuando esa relación ha cambiado, es una relación totalmente estrecha, nos vemos todos los días en San Antón.

La pandemia ha cambiado un poco las cosas. San Antón era un lugar “de parada de la gente más pobre” pero, no solo eso. En San Antón existe lo que llamamos “las mesas camillas”, lo que tenían antes nuestras madres. Allí he escuchado a mucha gente sus inquietudes, sus problemas… abrirme el corazón. Me ha enriquecido muchísimo. Recuerdo a personas que estaban en la cárcel o entre drogas, a otros que tienen familia pero como su vida ha sido un desastre, están solos y tirados en la calle… he escuchado a los pobres y he aprendido de ellos porque, me meto en su piel y digo: “Si a mí me ocurre esto, me muero”. Todos los días que ahora voy a San Antón, normalmente paso las tardes allí, hay un pobre de la calle que no tiene casa ni nada pero, no pierde la sonrisa… Cuando se lo digo me contesta que tira para adelante para ver si las cosas cambian… Mi vida con el Padre Ángel, transcurre en estos parámetros. Por otro lado, como el Padre Ángel es Universal, por allí van gentes de todo tipo: medios de comunicación, personas de toda ideología… entran, están… Me ha abierto mucho la mirada sobre este mundo que es más que las cuatro paredes en las que a veces estamos encerrados.

P- Una curiosidad: En las distancias cortas ¿El Padre Ángel es como parece?

R- El Padre Ángel es mejor de lo que parece. Como todo el mundo, tiene sus limitaciones pero, tiene una sensibilidad especial para la gente con problemas. Me lo ha hecho ver en muchísimas ocasiones, es muy respetuoso y deja hacer. Siempre está a la escucha de la gente y por ello, gente de todas las ideologías van a él, no pone límites.

P- ¿Como se ve desde San Antón, desde tu puesto junto al Padre Ángel y su famosa corbata roja, Segovia?

R- La llevo en el corazón. Los cuarenta años que he dedicado a su Diócesis han sido los más potentes de mi vida. Tengo 67 años y cualquier noticia, cualquier encuentro con cualquier segoviano, como cuando me encontré contigo en la calle ¡Es una gozada! Cualquier noticia triste, también me duele… Creo que teníamos que tener amplitud de miras. Es necesario tener un corazón grande, tanto los segovianos como los madrileños, los catalanes o las gentes de otros lugares. Ese corazón grande parece que se está empequeñeciendo y eso es una pobreza y una tristeza pero, Segovia siempre será “mi Segovia”. Nací en Segovia, he vivido mi infancia en Madrona y he desarrollado una importante parte de mi vida entre Boceguillas y El Espinar…

P- ¿Piensas volver?

R- No lo sé.

Author: Pilar De Miguel

Pilar de Miguel. Periodista segoviana.

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3 Comments

  1. Magnífica entrevista y mejor persona el entrevistado. Lo dice un fiel que ha estado casi 18 años escuchándole cada domingo y festivo. Grandísima labor la que hice y la que ahora hace con el Padre Angel. Gracias Pilar de Miguel por entrevistar a grandes personas, y Valentín, lo ha sido, lo es y lo será. Gracias Valentín por el magnífico recuerdo que nos dejaste en el El Espinar.

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  2. Un hombre sencillo, humano y una de esas personas que impresiona por su honestidad e integridad. Un gran hombre. Un gran sacerdote.

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  3. Gracias por todo lo bueno que nos an enseñado y lo sigues haciendo siempre estamos contigo y como decirte lo bueno de poder escucharte en las homilias. Estarás siempre com nosotros un abrazo

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