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Duque, en el ¡Un, Dos, Tres! (1993)

Y para empezar un clásico.  Desde sus inicios y en cada temporada del ¡Un, Dos, Tres! (de 1972 hasta 1993), Segovia se asomaba de la mano de Dionisio Duque a las pantallas de todas las familias de España. Al llegar a la parte de la subasta, de repente sonaba una dulzaina y Duque y familia irrumpían en el plató arrastrando una especie de carroza de viandas. Y destacando sobre todas, el cochinillo. Buenos amigos del creador del programa, Chicho Ibáñez Serrador, los Duque y su cochinillo quedaron grabados en la memoria colectiva de millones de españoles, convirtiendo al cochinillo, y Segovia por extensión, en sinónimo de ícono gastronómico, comida jugosa, abundante… opípara.

“Era muy divertido. Salíamos a Prado del Rey de buena mañana en un microbús, y cargábamos los productos. Algunos años iba mi madre, vestida de alcaldesa, acompañada de la mujer del jefe de cocina, Pedro Carabias. Era toda una expedición, seríamos quince personas, con los ayudantes, los dulzaineros… Una vez allí nos daban las mesas para montar el aparador y pasábamos dos horas montándolo. El acueducto era de miga de bacalao, lo montábamos ladrillito a ladrillito”, cuenta Julián Duque.

Hoy en día, una promoción así costaría cantidades de seis cifras, y con audiencias casi insignificantes comparadas a las que cosechaba una tele sin competencia. Chicho Ibáñez Serrador lo hacía por amistad, por amistad y por compromiso con lo que amaba, y resulta que Chicho amaba, pero de verdad, el cochinillo segoviano. “Y es que era muy leal con los suyos, un verdadero tirano en el trabajo, enormemente exigente, pero superleal con lo que él amaba y le respondía”. Así, el rodaje de cada programa podía durar una eternidad. “Nosotros entrábamos a las 9, ya fuera en Prado del Rey, los Estudios Buñuel, en Vía Roma, pues el programa se ha grabado en diferentes estudios a lo largo de su historia, a veces acabábamos a las 9, otras a las 11”. Lo que desde luego se terminaba era la comida. “Habitualmente nos quedábamos aún un rato, viendo el show. Los trabajadores, desde los foquistas a las secretarias, todos pasaban por el “carro” de Duque. Nos volvíamos de vacío, te lo puedo asegurar, no quedaba ni las morcillas, ni los cangrejos de río, ni los judiones… ni siquiera el acueducto de bacalao”.

Más anécdotas. “Recuerdo que un día vino Chicho a comer, así, sin avisar, acompañado de Kim, que entonces era la secretaria estrella. Habían estado ensayando sin parar durante días un paso de baile. Para motivarla, Chicho le prometió que le daría lo que ella más quisiera. Ella dijo, lo que yo más quiero es la comida. Y a casa Duque que se plantaron”.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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