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Como caracoles tras la lluvia

Segovia ha recuperado, de repente, este 2 de mayo su carácter de ciudad habitada con la aplicación de la “fase 0” de la desescalada que ha sacado a centenares de segovianos de sus casas. Si, estaba pautado que la salida se hiciera por franjas de edad en distintos horarios aunque no ha sido difícil encontrar al mismo tiempo a niños, adultos, ancianos, dependientes y deportistas en la misma acera o senda y a la misma hora. Como si se hubiera entendido, erróneamente, que se podía salir en cualquier momento entre las 6.00 y las 22.00 horas.

Andar por la calle producía sensaciones raras. Las vías estaban llenas de gente, aunque curiosamente no se oían apenas ruidos. La ausencia casi total de coches y el hecho de que muchos de los peatones transitaran solos o en calladas parejas y además evitando cruzarse a menos de dos metros con los que venían en dirección contraria imprimía un silencio casi total al aire a pesar del trasiego de gentes.

Un rápido “hasta luego” de vez en cuando o una conversación fugaz en voz demasiado alta y a distancia para repasar, con cierta prisa, el parte de situación de las respectivas familias de conocidos que se encontraban en mitad del paseo metían algo de ruido en el cuadro general de rostros embozados deambulando. O es falta de costumbre a la nueva realidad o el virus está logrando de verdad que cambie nuestra forma de ser.

Como quiera que el de este sábado ha sido un día primaveral, casi veraniego en momentos de la jornada, se han convertido en lugares favoritos los espacios verdes en torno a la ciudad: el prado Bonal y el camino de Baterías; la carretera de la Granja; las Lastras y las alamedas de los ríos o las sendas peatonales, entre otros, han registrado verdaderas aglomeraciones en momentos,  esencialmente durante el medio día y en las últimas horas de la tarde. También las vías urbanas principales han cumplido su cometido de ser ejes destinados al paseo.

Los responsables y… los otros

La mayoría de los segovianos que han pisado las calles por primera vez en casi cincuenta días han tratado de cumplir a rajatabla las normas básicas de seguridad. Eran muchos los usuarios de mascarilla, los que evitaron las conversaciones demasiado cercanas y el contacto físico. También los que han salido dentro de los horarios correspondientes a sus tramos de edad, con los acompañantes permitidos y respetando las limitaciones. El común de los segovianos se ha mostrado consciente de que la epidemia continúa en activo y que una excesiva relajación puede provocar el temido rebrote de casos y emergencias. El “terror” confeso de la consejera de Sanidad, Verónica Casado y es de suponer que de todo el mundo.

Pero esto no es óbice para que también estuvieran allí, bien visibles —nunca se esconden, la práctica tiene algo de exhibicionismo— en la práctica totalidad de los rincones de Segovia, “los otros”. Con ellos se repitieron las escenas no deseadas de grupos numerosos en animada reunión sin protección alguna de distancia o máscara o directamente, las de citas de amigos y familiares en puntos predeterminados, pese a que eso figura entre las prohibiciones con las que se busca evitar un repunte de los contagios.

Toda acción tiene una reacción: tampoco ha sido difícil ver a agentes policiales cursando propuestas de sanción durante todo el día, aunque para comprobar el incremento de “recetas” habrá que esperar a los datos oficiales.

Author: Redacción

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